Te odio o... eso intento 2

capitulo 27

XXVII

Los días comenzaron a sentirse diferentes para Haru; no más fáciles, pero sí más claros. El dolor seguía ahí, como una herida reciente... pero ya no sangraba cada segundo. Y parte de eso tenía nombre: Raiko, quien empezó a buscarlo después de clases.

—¿Vas a ir directo a casa? —preguntaba con su sonrisa tranquila.

—Creo que sí.

—Entonces no. Vamos por algo de comer.

Haru al principio dudaba, pero aceptaba. Caminaban por la ciudad, hablaban de cosas simples: series, trabajo, música. Raiko tenía algo especial: no presionaba, nunca preguntaba cosas que Haru no quería responder, solo estaba ahí. Y eso, curiosamente, ayudaba más que cualquier consejo.

Una tarde terminaron en un pequeño puesto de ramen. Era tarde y las luces de la calle iluminaban débilmente la mesa; Haru estaba más relajado que en semanas.

—Gracias —dijo de repente.

Raiko levantó la mirada.

—¿Por qué?

—Por no tratar de arreglarme.

Raiko sonrió.

—Las personas no son cosas que se arreglan.

Haru soltó una pequeña risa.

—Entonces, ¿qué somos?

Raiko pensó unos segundos.

—Personas que aprenden a seguir caminando.

Mientras hablaban, Haru empezó a notar algo: Raiko lo escuchaba de verdad. No solo esperaba su turno para hablar, no lo interrumpía, no intentaba demostrar que tenía razón; solo lo entendía. Eso hizo que Haru se sintiera seguro, y hacía mucho que no sentía eso.

—¿Sabes algo? —dijo Haru.

—¿Qué?

—Contigo no siento que tenga que fingir estar bien.

Raiko se quedó en silencio unos segundos, luego respondió con calma:

—No tienes que hacerlo.

El viento movió suavemente el cabello de Haru; por primera vez en mucho tiempo, sonrió de verdad. Cuando terminaron de comer, caminaron un poco más y Haru miró el cielo.

—Pensé que iba a tardar mucho más en dejar de sentirme mal.

Raiko lo miró.

—No estás mal.

—Un poco sí.

Raiko negó con la cabeza.

—Solo estás aprendiendo a soltar algo que fue importante.

Silencio. Haru respiró profundo.

—Me alegra no haber tenido que hacerlo solo.

Raiko bajó la mirada un momento y su voz salió más suave:

—Nunca iba a dejar que lo hicieras solo.

Cuando se despidieron esa noche, Haru se quedó pensando. No sentía lo mismo que con Yuta; era diferente, más tranquilo, más seguro, como una luz suave en lugar de un incendio. Mientras caminaba a casa, su teléfono vibró con un mensaje de Raiko: "¿Llegaste bien?".

Haru respondió: "Sí."

Luego escribió algo más: "Gracias por hoy."

Raiko respondió casi de inmediato: "Siempre."

Haru sonrió. Tal vez su historia con Yuta había terminado, pero eso no significaba que su corazón se quedaría vacío. A veces, cuando algo se rompe, otra persona aparece simplemente para sostener los pedazos hasta que vuelvas a ser fuerte. Y Raiko estaba empezando a convertirse en ese lugar seguro.




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