Te odio o... eso intento 2

capitulo 28

XXVIII

La tarde estaba tranquila, el sol comenzaba a bajar lentamente sobre la ciudad y el aire era fresco. Haru y Raiko caminaban por el parque cercano a la antigua academia, sin un plan específico, simplemente caminaban.

—No sabía que te gustaban los perros —dijo Haru al ver cómo Raiko acariciaba a uno que pasaba con su dueño.

Raiko sonrió.

—Me gustan los animales en general.

—Eso explica por qué eres tan paciente.

Raiko rio un poco.

—¿Eso fue un cumplido?

—Tal vez.

Haru sonrió con una sonrisa tranquila, muy distinta a las que tenía cuando estaba con Yuta; era más relajada, más ligera. Mientras caminaban, Raiko notó algo: Haru ya no hablaba de Yuta. Antes, incluso sin querer, su nombre aparecía en las conversaciones; pero ahora no, y no por evitarlo, sino simplemente porque ya no era lo primero en su mente. Eso hizo que Raiko sintiera algo cálido y familiar, algo que no había querido pensar demasiado.

Cuando doblaron por el camino principal del parque, alguien venía caminando hacia ellos: Yuta. Se detuvo de golpe al verlos y Haru también lo vio; el tiempo pareció congelarse. Raiko miró entre ambos sintiendo la tensión, mientras Yuta observaba la escena: Haru riendo, caminando tranquilo, bien sin él. Y eso le dolió más de lo que esperaba, porque una parte de él pensó que Haru todavía estaría esperando, pero no era así.

Haru dio un pequeño paso adelante.

—Hola, Yuta. —La voz fue educada, calma, sin resentimiento, lo que lo hizo aún más difícil.

—Hola —respondió Yuta. Sus ojos se movieron hacia Raiko, quien levantó una mano en saludo—: Qué tal.

Silencio incómodo. Yuta sintió celos, no violentos, sino una sensación amarga en el pecho al ver a Haru sonreír con alguien más. Entendió demasiado tarde que Haru ya no estaba esperando que él regresara.

—Íbamos por algo de café —dijo Haru con naturalidad.

—Ah... ya veo —respondió Yuta.

Raiko miró a Haru.

—¿Seguimos?

Haru asintió: —Sí. Antes de irse, miró a Yuta una última vez—: Cuídate, Yuta. No fue frío, pero tampoco cercano; fue final. Continuaron caminando, hablando de cualquier cosa como si el momento no hubiera cambiado su tarde.

Yuta se quedó parado en el camino, mirando cómo se alejaban. Una sensación pesada llenó su pecho; no era culpa esta vez, era pérdida, porque entendió algo demasiado claro: Haru estaba aprendiendo a ser feliz sin él, y esa realidad era mucho más difícil de aceptar que cualquier pelea. Mientras desaparecían entre los árboles, Raiko miró de reojo a Haru.

—¿Estás bien?

Haru pensó un momento y respondió con honestidad:

—Sí.

Y por primera vez desde que todo pasó, esa respuesta era completamente real.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.