Te odio o... eso intento 2

capitulo 29

XXIX

La noche estaba fresca y las luces de la ciudad iluminaban las calles mientras Kenzo esperaba frente al cine, revisando su teléfono por quinta vez. No estaba nervioso... bueno, sí, un poco, quizá mucho. Entonces la vio llegar: Miru caminaba hacia él con una chaqueta ligera y el cabello moviéndose suavemente con el viento. Cuando lo vio, sonrió.

—Llegué tarde, ¿verdad?

Kenzo negó de inmediato.

—No, yo llegué antes.

Miru levantó una ceja.

—Como veinte minutos antes seguro.

Kenzo rio, un poco avergonzado.

—Tal vez.

La película fue lo de menos; a mitad de la función, ambos ya estaban más concentrados en sus comentarios susurrados que en la pantalla.

—Ese personaje claramente va a traicionar a todos —susurró Miru.

—No lo creo.

—Te apuesto algo.

—¿Qué?

Miru pensó un segundo: —Si tengo razón... tú invitas la cena.

—¿Y si yo tengo razón?

—Entonces invito yo.

Kenzo aceptó, aunque en realidad no le importaba quién pagara; solo quería seguir ahí, con ella. Después de la película caminaron por las calles iluminadas, Miru ganó la apuesta y Kenzo terminó invitando la cena.

—Te dejaste perder —dijo ella entre risas.

—No lo hice.

—Sí lo hiciste.

—Bueno... tal vez un poco.

Miru lo miró con una expresión suave: —Eres demasiado bueno conmigo.

Kenzo se encogió de hombros: —Me gusta serlo.

Después de cenar caminaron hacia un pequeño mirador casi vacío, apoyándose en la barandilla. Miru miraba el horizonte.

—¿Sabes algo? —dijo de repente—. Antes pensaba que tú nunca ibas a decir lo que sentías.

Kenzo bajó la mirada un momento.

—Yo también lo pensaba.

—¿Y ahora?

Kenzo respiró profundo, esta vez sin querer esconderse, y se giró hacia ella.

—Ahora creo que si no lo digo... me voy a arrepentir.

Miru lo miró directo a los ojos y el silencio entre ellos se volvió más intenso, más cercano.

—Miru... —dijo Kenzo con la voz un poco más baja—, Te amo más que a nada, cariño.

No fue dramático ni exagerado. Levantó la mano lentamente y tocó su mejilla con cuidado, como si todavía no creyera que podía hacerlo. Miru no se movió, al contrario, se acercó un poco más. El beso fue distinto al primero: más seguro, más profundo. No había duda ni miedo, solo dos personas en el mismo lugar. Cuando se separaron, Miru apoyó su frente contra la de Kenzo: —Yo también te amo, Kenzo.

Mientras caminaban de regreso, entrelazaron sus manos. La ciudad seguía igual, pero para ellos algo importante había cambiado, porque aunque solo fue un beso, fue íntimo para ellos...




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