XXXII
La mañana era tranquila. El sol apenas comenzaba a iluminar las calles cuando Haru caminaba hacia el estudio de música. Había pasado la noche pensando en Yuta, en cómo habían empezado a salir y en lo mucho que le había costado volver a confiar. Raiko le había dicho algo la noche anterior: —Si quieres arreglar las cosas con Yuta... habla con él. Y eso era exactamente lo que Haru iba a hacer.
Respiró profundo antes de tocar la puerta del estudio, pero vio que estaba entreabierta. Haru empujó la puerta con cuidado; el lugar estaba en silencio. Entró lentamente: —¿Yuta? No hubo respuesta, entonces avanzó unos pasos más.
Y fue ahí cuando los vio: en el sofá del estudio, Yuta y Kaczi estaban dormidos juntos. Yuta tenía la cabeza apoyada cerca del hombro de Kaczi, y las manos de ambos estaban entrelazadas, como si durante la noche ninguno hubiera querido soltarse. El corazón de Haru se detuvo por un instante. No necesitaba explicaciones ni escuchar nada; la escena lo decía todo. Durante unos segundos no se movió, solo miró, sintiendo cómo algo dentro de él se rompía lentamente. No era rabia, era tristeza profunda, porque en el fondo siempre había sabido que Yuta y Kaczi tenían algo que nunca terminó de desaparecer.
Haru bajó la mirada, dio un paso atrás y, antes de que alguno despertara, salió del estudio cerrando la puerta suavemente, como si no quisiera interrumpirlos. Caminó sin rumbo por la calle con las manos temblando un poco; no lloró, solo apretó los puños: —Supongo... que esto era inevitable —murmuró para sí mismo.
Horas después, Yuta despertó y lo primero que hizo fue revisar su teléfono. Había un mensaje de Haru que solo decía: "No te preocpeus por mí. Creo que ahora entiendo todo. Cuida bien de lo que elegiste.". El corazón de Yuta se encogió porque sabía que Haru ya lo sabía todo. Mientras Yuta miraba el mensaje en silencio, Kaczi lo observaba desde el sofá.
—¿Qué pasó?
Yuta levantó la mirada lentamente: —Haru... ya lo sabe.
El silencio llenó el estudio y la realidad comenzó a alcanzarlos.
—Aún te duele dejarlo ir... sabemos bien que Haru está lastimado y yo... —Kaczi se detuvo un momento—, sé que también estoy lastimándolos, quizás deba dejarte ser feliz con Haru.
Yuta le colocó una mano en el hombro: —Tú no tienes la culpa.
El silencio apenas se había asentado cuando Kaczi se movió rápido e impulsivo, tomando a Elian del cuello de la camisa con fuerza para acercarlo bruscamente.
—No vuelvas a hacer eso —murmuró entre dientes, pero no sonaba solo a enojo, sino a algo contenido por demasiado tiempo. Antes de que Elian respondiera, Kaczi lo besó; no fue como el anterior, no fue curioso ni calmado, fue intenso, desordenado y lleno de frustración, como si intentara demostrar o borrar algo.
Elian se tensó por un segundo, sorprendido, pero no lo apartó de inmediato. Kaczi se separó de golpe, respirando más rápido, mirándolo con una mezcla de enojo y confusión.
—¿Eso querías sentir? —dijo con frialdad.
Elian lo observó en silencio, sin alterarse, pero ahora más atento.
—No —respondió finalmente—. Eso no es lo que yo sentí.
Kaczi frunció el ceño: —¿Entonces?
Elian dio un paso al frente: —Eso es lo que tú sientes.
Silencio pesado y directo. Kaczi apretó los puños: —No sabes nada.
—Sé lo suficiente —respondió Elian—, no estabas probando nada. Estabas reaccionando.
Eso lo golpeó porque era verdad; no había sido un beso pensado, sino impulso, celos y confusión, todo junto. Elian acomodó su camisa con calma: —No confundas enojo con lo que realmente te está pasando. Kaczi no respondió porque no podía; por dentro todo estaba demasiado claro que solo quería a Yuta, y eso era lo que más le molestaba. Elian comenzó a irse, pero antes de desaparecer dijo: —Si vas a buscar a Yuta... hazlo cuando sepas qué sientes, no antes. Kaczi se quedó solo, respirando hondo, porque ahora ya no podía esconderlo detrás de peleas, sarcasmo ni de nada.
Habían pasado algunos días y Kaczi no había visto a nadie: ni a Yuta, ni al grupo, ni siquiera a su hermano. Solo silencio y pensamientos que no lo dejaban en paz. El sonido de la puerta lo sacó de su mente; no esperaba a nadie, pero alguien tenía llave. La puerta se abrió: —Elian... —Kaczi frunció el ceño—. ¿Qué haces aquí?
Elian no respondió; entró, cerró la puerta y caminó directo hacia él. Antes de que Kaczi pudiera reaccionar, Elian lo empujó contra la cama; no fue violento, pero sí inesperado.
—¿Qué demonios—?
Elian lo interrumpió y lo besó. Kaczi se quedó inmóvil un segundo, sorprendido y confundido, pero esta vez sí reaccionó girando el rostro.
—Detente —su voz fue firme, real.
Elian se detuvo, mirándolo muy cerca: —¿Por qué?
La pregunta era provocadora. Kaczi lo apartó con fuerza y se levantó: —Porque no quiero.
Silencio pesado. Elian ignoró su resistencia y volvió a besarlo con fuerza; la tensión era evidente mientras volvía a tirarlo en la cama.
—Detente por favor —la voz de Kaczi temblaba mientras se resistía, mientras las manos de Elian bajaban por su cintura y pasaban por debajo de su camisa.
Editado: 02.06.2026