Habían pasado varios días desde aquella pelea en el pasillo.
Desde ese momento, algo había cambiado.
No en la forma en que Kaczi trataba a Yuta —seguía, lanzando comentarios sarcásticos y mirándolo con esa expresión irritante— pero sí en la forma en que Yuta lo veía a él.
Porque ahora sabía algo.
Kaczi no era simplemente cruel.
Había intervenido.
Y aunque lo llamó inútil… fue el único lo que se ayudó
Esa idea no dejaba de rondar en su cabeza.
Una tarde, después de clases, Yuta tomó una decisión que le costó más de lo que imaginaba:
Le agradecería.
No importaba lo incómodo que fuera.
No importaba si Kaczi se burlaba.
Lo buscaría.
Recorrió los pasillos, el patio trasero, el gimnasio y hasta los vestidores. Pero no lo encontró.
Cansado y algo frustrado, decidió subir a la azotea para despejar la mente.
No notó que alguien lo observaba desde el final del pasillo.
Uno de los chicos que lo habían molestado días atrás.
La azotea estaba silenciosa. El viento movía suavemente su cabello mientras Yuta respiraba profundo.
Por un momento, se sintió en paz.
Hasta que escuchó un sonido seco.
CLACK.
La puerta.
Se había cerrado Yuta giró rápidamente intentó abrirla no cedía.
—No puede ser…
Golpeó la puerta varias veces.
Nada.
Fue entonces cuando escuchó un leve sonido detrás de él.
Un suspiro.
Se giró lentamente.
En el extremo opuesto de la azotea, apoyado contra la pared, estaba Kaczi… dormido.
Yuta se quedó inmóvil.
¿Desde cuándo estaba ahí?
Decidió no hacer ruido. Se sentó en el suelo, recargado en la pared opuesta, manteniendo distancia.
El silencio entre ellos era extraño pesado.
Yuta intentó no pensar en nada.
Pero pensó en todo.
Minutos después, Kaczi abrió los ojos lentamente y bostezó.
Se estiró… y entonces lo vio.
—… ¿Tú?
Yuta se tensó.
—Yo no sabía que estabas aquí.
Kaczi se levantó con pereza y caminó hacia la puerta.
Intentó abrirla.
No funcionó.
Su expresión cambió.
—Genial —murmuró con sarcasmo—. Ahora estamos atrapados aquí por tu culpa.
Yuta frunció el ceño.
—¿Por mi culpa? ¡Yo también estoy encerrado!
Kaczi lo miró con fastidio.
—Siempre estás en el lugar equivocado.
Yuta sintió algo arder en su pecho.
Pero no era rabia.
Era cansancio.
—No pedí que me ayudaras ese día —dijo en voz baja.
Kaczi se quedó en silencio.
El viento sopló con más fuerza.
—No lo hice por ti —respondió finalmente.
Pero su tono no era tan firme como quería aparentar.
El tiempo pasó lento.
El sol comenzó a bajar, pintando el cielo de naranja.
Yuta se quedó sentado, mirando el horizonte.
Kaczi, de pie, con los brazos cruzados.
—¿Por qué no peleas? —preguntó de pronto.
Yuta no respondió de inmediato.
—Porque ya lo hice antes.
Kaczi giró la cabeza.
—¿Y?
—Y nunca terminó bien.
Por primera vez, Kaczi no tenía una respuesta sarcástica.
Algo en la voz de Yuta… no sonaba débil.
Sonaba herido.
Raiko regresó ese día a la academia después de haber estado enfermo.
No encontró a Yuta en el salón.
Ni en el comedor.
Ni en el patio.
La inquietud empezó a crecer.
Fue entonces cuando escuchó a unos estudiantes murmurar:
—¿Escuchaste? Los chicos de tercero encerraron al nuevo en la azotea.
Raiko sintió que el corazón se le detenía.
Corrió.
Subió las escaleras casi sin respirar.
Y cuando abrió la puerta…
La escena lo sorprendió.
Yuta y Kaczi estaban discutiendo.
—No necesito que actúes como si fueras mejor que todos —decía Yuta.
—Y tú deja de actuar como si el mundo te debiera algo —respondió Kaczi.
Raiko sonrió aliviado.
—Yuta… veo que ya se conocen.
Ambos giraron.
—¿Ray? —dijo Kaczi.
—Raiko, ¿lo conoces? —preguntó Yuta.
Raiko caminó entre ellos con naturalidad.
—Claro. Yuta, te presento a Kaczi… mi hermano mayor.
El aire se congeló.
Yuta abrió los ojos.
—¿Qué…?
Kaczi lo miró fijamente.
—¿Tu mejor amigo es este?
Raiko sonrió.
—Sí. Es mi mejor amigo.
Silencio.
Kaczi desvió la mirada.
Y por primera vez…
No supo qué decir.
Mientras bajaban las escaleras, Yuta no podía dejar de pensar en una cosa:
Kaczi no solo lo había defendido.
Era el hermano mayor de Raiko.
Eso lo complicaba todo.
Y sin darse cuenta…
En el fondo del pecho de Kaczi, algo empezó a moverse.
Algo incómodo.
Algo que no entendía.
Y que definitivamente no quería sentir.
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Editado: 20.04.2026