Te odio o... eso intento

capitulo 3

Después del incidente en la azotea, la atmósfera en la academia cambió.

O al menos… para Yuta.

Ahora sabía que Kaczi era el hermano mayor de Raiko.
Y eso hacía que todo fuera más complicado.

No podía odiarlo.
No podía ignorarlo.
Y tampoco podía entenderlo.

Raiko, en cambio, parecía feliz.

—¡Ahora somos como una familia extendida! —decía sonriente mientras caminaban hacia el comedor.

Yuta suspiró.

—Tu hermano no parece pensar lo mismo.

—Ah, Kaczi es así con todos —respondió Raiko restándole importancia—. Pero no es tan malo como aparenta.

Yuta no estaba tan seguro.

Ese día, en el comedor, Raiko decidió presentar oficialmente a Yuta con sus otros amigos.

—¡Chicos! —gritó levantando la mano—. Vengan, quiero que conozcan a alguien.

Tres estudiantes se acercaron.

El primero era alto, postura recta, mirada analítica.
Transmitía tranquilidad y control.

—Soy Elian —dijo con voz firme—. He escuchado cosas interesantes sobre ti.

Yuta levantó una ceja.

—Espero que no sean malas.

—Aún no lo sé —respondió Elian con una leve sonrisa.

El segundo tenía el cabello verde ligeramente desordenado y una sonrisa traviesa.

—¡Kenzo! Encantado. Así que tú eres el famoso transferido… esperaba a alguien más intimidante.

Yuta lo miró serio.

Kenzo soltó una carcajada.

—Relájate, era broma.

El tercero… fue diferente.

Cabello plateado, mirada suave, expresión tranquila.

—Haru —dijo con voz baja—. Mucho gusto.

Cuando sus miradas se cruzaron, Haru sintió algo extraño.

No sabía qué era.

Pero no apartó la mirada de inmediato.

Yuta tampoco.

Fue un segundo.

Pero fue suficiente.

Con el paso de los días, Yuta comenzó a pasar más tiempo con el grupo.

Raiko seguía siendo el centro alegre.
Kenzo hacía bromas constantes.
Elian analizaba todo como si fuera una partida de ajedrez.
Y Haru…

Haru observaba.

Siempre atento a Yuta.

Si Yuta se quedaba atrás, Haru reducía el paso.

Si Yuta olvidaba algo, Haru lo recordaba.
Si Yuta parecía distraído, Haru lo notaba antes que nadie.

Una tarde, mientras estudiaban juntos, Kenzo apoyó el mentón en su mano y sonrió de lado.

—Oigan… ¿soy yo o Haru está demasiado pendiente de Yuta?

Silencio.

Haru se tensó.

—No digas tonterías.

—Yo solo digo lo que veo —respondió Kenzo divertido.

Yuta miró a Haru confundido.

Haru apartó la vista rápidamente.

—Es porque eres nuevo. Eso es todo.

Pero su corazón latía más rápido de lo normal.

Ese mismo día, Kaczi los vio desde el segundo piso.

Vio cómo Kenzo se reía.
Cómo Raiko hablaba animado.
Cómo Elian discutía algo con seriedad.

Y vio a Haru.

Demasiado cerca de Yuta.

Demasiado cómodo.

Kaczi frunció el ceño.

Sintió algo incómodo en el pecho.

Algo parecido a irritación.

—Ridículos —murmuró.

Pero no dejó de mirar.

Cuando Haru inclinó la cabeza hacia Yuta para explicarle algo y sus hombros casi se tocaron…

Kaczi apretó los puños.

No sabía por qué.

Solo sabía que no le gustaba.

Esa tarde, mientras caminaban de regreso a casa, comenzó a llover.

Todos corrieron a refugiarse.

Yuta tropezó ligeramente.

Haru lo sostuvo del brazo.

—¿Estás bien?

Sus rostros quedaron demasiado cerca.

Demasiado.

Yuta parpadeó sorprendido.

—Sí… gracias.

Haru soltó su brazo despacio, como si no quisiera hacerlo.

Desde el otro lado de la calle, alguien observaba.

Kaczi.

No dijo nada.

Pero esa noche no pudo dormir con facilidad.

La imagen de Yuta bajo la lluvia… sonriendo levemente.

Y la mano de Haru sobre él.

Le molestaba.

Más de lo que debería.

Días después, Elian habló con Haru a solas.

—Te gusta.

Haru se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Yuta.

Silencio.

Elian no era alguien que hablara sin pensar.

—No digas cosas sin sentido.

—No lo hago —respondió con calma—. Solo te advierto algo.

—¿Qué cosa?

—No eres el único que lo está mirando diferente.

Haru sintió un frío recorrerle la espalda.

—¿De qué hablas?

Elian miró hacia el patio, donde Kaczi observaba desde lejos.

—De él.

Haru siguió su mirada.

Y por primera vez…

Sintió miedo.

Yuta aún no entendía nada.

Solo sabía que:

Haru lo miraba distinto.
Kenzo parecía saber más de lo que decía.
Elian observaba demasiado.
Raiko actuaba como si todo fuera normal.

Y Kaczi…

Kaczi lo molestaba más que antes.

Pero ahora sus palabras parecían esconder algo.

—No te confíes demasiado —le dijo un día mientras pasaban cerca uno del otro.

—¿Por qué te importa? —respondió Yuta.

Kaczi se detuvo.

Lo miró fijamente.

Y por un segundo… su expresión no fue arrogante.

Fue vulnerable.

Pero desapareció al instante.

—No me importa.

Y se marchó.

Yuta se quedó inmóvil.

Porque por primera vez…

No le creyó.




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