La rutina del grupo se volvió algo natural.
Almorzaban juntos.
Estudiaban juntos.
Se esperaban después de clases.
Yuta comenzaba a sentir algo que no había sentido en mucho tiempo:
Pertenencia.
Pero no todos vivían esa calma de la misma forma.
Haru ya no podía negar lo evidente.
Cada vez que Yuta sonreía, algo en su pecho se apretaba.
Cada vez que Yuta decía su nombre, su mente se quedaba en blanco por unos segundos.
Y cuando Yuta se apoyaba distraídamente en su hombro mientras estudiaban…
Haru tenía que fingir que todo era normal.
Pero no lo era.
Una tarde, mientras estaban en la biblioteca, Yuta se
inclinó sobre la mesa para ver mejor los apuntes.
—Haru, ¿me explicas esta parte otra vez?
Haru tragó saliva.
—S-sí…
Se acercó un poco más para señalar el libro.
Demasiado cerca.
El roce de sus brazos fue leve.
Pero suficiente.
Desde el otro extremo de la biblioteca, alguien observaba.
Kaczi.
Había ido a buscar a Raiko… pero lo que encontró fue otra cosa.
Su mirada se oscureció.
No sabía por qué.
No sabía cómo llamarlo.
Solo sabía que no le gustaba verlos así.
Más tarde, en el patio, Kenzo habló en voz baja mientras miraba a Yuta y Haru reír.
—Si siguen así, pronto van a parecer pareja.
Haru se quedó helado.
Yuta solo parpadeó confundido.
—¿Qué?
—Nada, nada —Kenzo levantó las manos con una sonrisa traviesa—. Solo digo que hacen buena combinación.
Antes de que Haru pudiera responder, una voz fría interrumpió.
—Qué asco.
Todos giraron.
Kaczi estaba ahí.
—¿Qué dijiste? —preguntó Kenzo.
—Dije que dan pena —respondió Kaczi mirando directamente a Yuta—. No sabía que te gustaban los niñitos pegajosos.
El silencio cayó como un golpe.
Haru sintió el rostro arder.
Yuta apretó los puños.
—No tienes derecho a hablar así.
Kaczi sonrió con sarcasmo.
—¿Ah, ¿no? ¿O es que ya te defendieron lo suficiente hoy?
Eso fue suficiente.
Yuta dio un paso al frente.
—¿Qué te pasa últimamente?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Kaczi no respondió de inmediato.
Porque no sabía.
No sabía por qué le molestaba ver a Haru cerca.
No sabía por qué le irritaba escuchar a Yuta reír con otros.
No sabía por qué, cuando Yuta lo miraba serio… sentía que el corazón le latía diferente.
En lugar de responder, hizo lo que siempre hacía.
—Nada. Solo me divierte verte hacer el ridículo.
Y se fue.
Haru bajó la mirada.
—Lo siento…
—¿Por qué tú? —preguntó Yuta confundido.
—Porque… creo que es mi culpa que te moleste.
Yuta frunció el ceño.
—Kaczi me molesta desde antes.
Pero algo no encajaba.
Ahora era diferente.
Había algo más personal.
Algo más intenso.
Esa noche, Kaczi estaba en su habitación, mirando el techo.
No podía dejar de pensar. La biblioteca.
El roce de manos.
La risa de Yuta.
Se sentó bruscamente.
—Es solo irritación —murmuró.
Pero la imagen no desaparecía.
Recordó el momento en la azotea.
Recordó cuando Yuta dijo que ya había peleado antes y no había terminado bien.
Recordó su mirada.
Apretó los dientes.
—No me importa.
Pero si no le importaba…
¿Por qué dolía?
Al día siguiente, algo empezó a circular por los pasillos.
—¿Escuchaste? El transferido y ese tal Haru…
—Dicen que son algo más que amigos.
Las miradas comenzaron.
Los susurros crecieron.
Y esta vez…
No eran solo bromas.
Cuando Yuta entró al salón, sintió las miradas clavadas.
Haru también.
Y desde el fondo del aula…
Kaczi escuchó.
Su expresión se volvió fría.
Muy fría.
En el descanso, uno de los chicos que antes molestaban a Yuta habló en voz alta.
—Oye, transferido… ¿es cierto que ya conseguiste novio?
Risas.
Haru sintió que el estómago se le encogía.
Yuta no respondió.
—¿Qué? ¿Te avergüenza?
El chico empujó ligeramente a Haru.
Eso fue suficiente.
Kaczi apareció sin que nadie lo notara.
Tomó al chico del cuello de la camisa.
—Repite eso.
El patio quedó en silencio.
—¿Y a ti qué te importa? —respondió el chico temblando.
La mirada de Kaczi era diferente.
No era burla.
No era sarcasmo.
Era furia.
—Dije que lo repitas.
Raiko llegó corriendo.
—¡Kaczi, suéltalo!
Kaczi lo soltó con brusquedad.
Miró a Yuta por un segundo.
Demasiado largo.
Luego se dio la vuelta y se fue.
Ese incidente no pasó desapercibido.
Un profesor lo vio.
La dirección fue informada.
Y una llamada fue hecha.
Esa misma tarde, los padres de Yuta recibieron noticias.
No solo sobre los rumores.
Sino sobre las peleas.
Y el miedo que creían haber dejado atrás…
Volvió.
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Editado: 20.04.2026