El teléfono sonó a las 6:47 de la tarde.
Yuta estaba en su habitación, mirando el techo sin realmente verlo.
Aún podía sentir el eco de los murmullos en los pasillos.
Aún podía ver la expresión de Kaczi cuando sujetó a aquel chico.
No entendía por qué esa mirada lo había afectado tanto.
Desde la sala, escuchó la voz de su madre.
—¿Bueno?... Sí, habla la madre de Yuta Jakiro.
Silencio.
Yuta no prestó atención al principio.
Hasta que escuchó su nombre otra vez.
—¿Otra vez?...
Su corazón dio un vuelco.
Se incorporó lentamente.
Escuchó la voz grave de su padre unirse a la conversación.
—Entiendo… sí, iremos mañana mismo.
La llamada terminó.
El silencio que quedó en la casa fue más pesado que cualquier grito.
—Yuta.
La voz de su padre no era dura.
Era peor.
Era decepcionada.
Yuta salió de su habitación.
Su madre lo miraba con los ojos preocupados.
—Nos llamaron de la academia —dijo ella suavemente.
Él ya sabía.
—Hubo una pelea otra vez.
—Yo no peleé —respondió de inmediato.
—Pero estabas involucrado —dijo su padre.
Eso dolió más de lo que esperaba.
—No hice nada.
—Eso es lo que dijiste la vez pasada —respondió su padre sin levantar la voz.
Yuta sintió el peso del pasado aplastarlo.
La otra academia.
Las expulsiones temporales.
Las promesas de que cambiaría.
—Esta vez es diferente —murmuró.
—¿En qué? —preguntó su madre.
Yuta abrió la boca… pero no pudo responder.
¿Cómo explicarles que ahora tenía amigos?
¿Cómo decirles que por primera vez alguien lo esperaba en el comedor?
¿Cómo decirles que alguien lo miraba con ternura… y alguien más lo miraba con algo que no entendía?
—Nosotros solo queremos protegerte —dijo su madre acercándose—. No vamos a permitir que vuelvas a pasar por lo mismo.
Su padre suspiró.
—Ya hablamos de opciones. Podríamos transferirte otra vez.
El mundo pareció detenerse.
Otra vez.
Otra despedida.
Otro inicio desde cero.
Otra vez solo.
Esa noche no cenó.
Se quedó sentado junto a la ventana, mirando las luces lejanas de la ciudad.
“Tal vez tienen razón…”
Tal vez él era el problema.
Tal vez siempre lo sería.
Se levantó y tomó su celular.
Abrió el chat del grupo.
Kenzo había enviado un meme.
Raiko había escrito algo tonto.
Elian preguntaba por la tarea.
Haru no había escrito nada.
Yuta escribió:
"¿Están ocupados mañana después de clases?"
Haru respondió casi de inmediato.
"Siempre."
Yuta sintió algo cálido en el pecho.
Y al mismo tiempo… miedo.
Al día siguiente, después de clases, los reunió en la azotea.
La misma azotea.
El viento soplaba fuerte.
Raiko fue el primero en notar su expresión.
—¿Qué pasa?
Yuta dudó.
Pero no podía guardarlo.
—Mis padres… quieren cambiarme de academia.
El silencio fue inmediato.
Kenzo dejó de sonreír.
Elian bajó la mirada.
Haru sintió que algo dentro de él se rompía.
—¿Es por lo de ayer? —preguntó Raiko.
Yuta asintió.
—Dicen que no quieren que vuelva a pasar por lo mismo.
Haru dio un paso al frente.
—¿Y tú qué quieres?
Esa pregunta lo desarmó.
—No lo sé.
Mentía.
Sí sabía.
No quería irse.
Pero tampoco quería causar más problemas.
Raiko fue quien se lo dijo.
No debería haberlo hecho.
Pero lo hizo.
Kaczi estaba en el patio cuando escuchó:
—Si Yuta se va… no será lo mismo.
Kaczi se quedó inmóvil.
—¿Irse? —preguntó sin mirarlo.
Raiko dudó.
—Sus padres quieren cambiarlo otra vez.
El aire se volvió denso.
Kaczi no dijo nada.
Solo apretó la mandíbula.
Y se fue.
Esa tarde, Yuta estaba solo en la azotea.
Otra vez.
Se estaba volviendo costumbre.
—Siempre huyes, ¿no?
La voz lo hizo tensarse.
Kaczi.
—No estoy huyendo —respondió sin girarse.
—Eso parece.
Yuta se dio la vuelta.
—¿Qué quieres que haga? ¿Quedarme y que todo empeore?
Kaczi se acercó.
—¿Y crees que irte lo va a arreglar?
—No lo sé —respondió Yuta con frustración—. Pero estoy cansado de que siempre sea lo mismo.
Kaczi lo miró.
De verdad lo miró.
—¿Y nosotros?
Yuta parpadeó.
—¿Qué?
—¿Y Raiko? ¿Y los demás?
Su voz era más baja de lo habitual.
Más honesta.
—No puedes decidir solo.
—No estoy decidiendo solo —respondió Yuta—. Mis padres…
—Siempre es alguien más.
Esa frase lo golpeó.
—¿Qué significa eso?
Kaczi apretó los puños.
Porque lo que quería decir era:
“Si te vas… me va a doler.”
Pero no sabía cómo decirlo.
No sabía cómo aceptar lo que estaba sintiendo.
Así que hizo lo que mejor sabía hacer.
—Haz lo que quieras.
Y se dio la vuelta.
Yuta sintió un vacío extraño.
Porque por primera vez…
No quería que Kaczi se fuera.
Desde la escalera, Haru había escuchado parte de la conversación.
Vio la expresión de Kaczi.
Vio la de Yuta.
Y entendió algo.
No estaba compitiendo solo.
Y si no hacía algo pronto…
Perdería antes de empezar.
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Editado: 20.04.2026