Te odio o... eso intento

capitulo 7

Había pasado casi una semana desde la confesión de Haru.

El grupo intentaba volver a la normalidad.

Kenzo seguía haciendo bromas.
Raiko organizaba salidas después de clases.
Elian observaba cada pequeño cambio con atención silenciosa.

Haru sonreía como siempre.

Pero ahora había algo más contenido en él.

Yuta lo notaba.

Y esa culpa no se iba.

Ese día, en el comedor, todos estaban reunidos cuando Kenzo habló sin pensar:

—Oye Yuta, después de todo el drama… ¿alguna vez has tenido novia?

La pregunta fue ligera.

Pero el silencio que siguió no lo fue.

Haru dejó de mover la cuchara.

Kaczi levantó la mirada desde el otro extremo de la mesa.

Yuta dudó un segundo.

Luego habló.

—Sí.

Todos parpadearon.

—¿Eh? —dijo Raiko.

—Tengo novia.

El mundo se volvió demasiado quieto.

Kenzo abrió la boca.

Elian frunció ligeramente el ceño.

Haru sintió que el aire se volvía más pesado.

Kaczi no reaccionó… pero su mano se tensó sobre la mesa.

—¿Desde cuándo? —preguntó Raiko.

—Desde hace años —respondió Yuta con naturalidad—. Estábamos en la misma academia antes.

Haru bajó la mirada.

Así que… nunca tuvo oportunidad.

—¿Y cómo se llama? —preguntó Kenzo, intentando sonar casual.

Yuta sonrió.

Una sonrisa distinta.

Más suave.

—Miru.

Ese nombre cayó como una piedra en el pecho de alguien.

Kaczi no sabía por qué.

Pero no le gustó cómo sonó.

—De hecho… —continuó Yuta— hoy viene.

Todos lo miraron.

—¿Viene? —preguntó Raiko.

Como si el destino quisiera confirmar sus palabras, la puerta del comedor se abrió.

Una chica entró.

Cabello suelto que se movía con naturalidad.
Ojos brillantes.
Sonrisa segura.

Transmitía ligereza.

Alegría sin esfuerzo.

Se acercó directamente a la mesa.

—Yuta.

Su voz era cálida.

Yuta se levantó.

Por primera vez desde que llegó a Welders… parecía completamente relajado.

—Llegaste antes de lo que dijiste.

Ella sonrió y, sin dudar, tomó su mano.

—Te extrañé.

El contacto fue natural.

Familiar.

Como si no fuera la primera vez.

Como si no fuera nuevo.

Haru sintió un dolor que ya no podía ocultar.

Kaczi sintió algo más fuerte.

Algo que ardía.

—Chicos, ella es Miru —dijo Yuta con una tranquilidad que nadie esperaba.

Miru saludó con entusiasmo.

—Mucho gusto. He escuchado mucho sobre ustedes.

Kenzo fue el primero en reaccionar.

—Vaya… ahora todo tiene sentido.

Elian observó a Yuta con atención.

Raiko intentó mantener la energía positiva.

—¡Qué bien! Más gente en el grupo.

Haru solo sonrió.

—Encantado.

Pero su voz era más baja que de costumbre.

Durante el resto del día, Miru estuvo con ellos.

Era divertida.
Sociable.
Tranquila.

Se integraba con facilidad.

Reía con Kenzo.
Conversaba con Raiko.
Debatía con Elian.

Y se sentaba al lado de Yuta.

Siempre cerca.

Demasiado cerca.

Kaczi observaba en silencio.

Cuando Miru apoyó su cabeza en el hombro de Yuta mientras hablaban…

Kaczi apartó la mirada.

Apretó los dientes.

“Es su novia.”

La frase era lógica.

Normal.

Pero no calmaba lo que sentía.

Más tarde, cuando el grupo se dispersó un poco, Kaczi se cruzó con Yuta en el pasillo.

—Así que tienes novia.

Su tono era neutral.

Demasiado neutral.

Yuta asintió.

—Sí.

—Nunca lo mencionaste.

—Nunca preguntaste.

Eso lo hizo callar.

—¿Piensas irte con ella si te cambian de academia?

Yuta dudó.

—No lo sé.

Kaczi sintió algo retorcerse en su pecho.

No sabía qué le molestaba más.

Que tuviera novia.

O que pudiera irse con ella.

—Tienes suerte —murmuró finalmente—. Al menos alguien está seguro de quererte.

Y se fue antes de decir algo que no pudiera controlar.

Yuta se quedó inmóvil.

Porque esa frase…

No sonó como burla.

Sonó como algo más.

Esa noche, Haru caminó solo a casa.

No lloró.

No se quejó.

Solo pensó.

Había perdido antes de empezar.

Pero lo que más le dolía no era eso.

Era que, al verlo con Miru…

Yuta parecía feliz.

Y él nunca podría odiar eso.

La negación ya no funcionaba.

No era celos sin sentido.

No era orgullo herido.

Era miedo.

Porque ahora no solo competía con Haru.

Competía con alguien que ya tenía un lugar en la vida de Yuta.

Y eso…

Eso sí lo asustaba.




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