Te odio o... eso intento

capitulo 8

La llegada de Miru cambió el ritmo del grupo.

No fue algo brusco.

Fue sutil.

Natural.

Como si ella encajara demasiado bien.

Miru era divertida sin exagerar, sociable sin ser invasiva, tranquila sin parecer distante. Sabía cuándo bromear y cuándo escuchar.

Pero lo que más llamó la atención fue cómo miraba a Yuta.

No con curiosidad.
No con sorpresa.

Con conocimiento.

Como si supiera cosas que los demás no.

Y eso… era cierto.

Una tarde, mientras estaban sentados bajo el árbol del patio, Miru comenzó a hablar.

—Yuta siempre fue el mejor en clase —dijo sonriendo—.

Pero también el más problemático.

Kenzo levantó una ceja.

—¿Problemático?

Yuta suspiró.

—Miru…

—No, está bien —respondió ella con calma—. No lo digo para dejarte mal.

Miró al grupo.

—En la academia anterior todos lo conocían como Jakiro.

El nombre cayó pesado.

Haru lo escuchó con atención.

Raiko parpadeó.

Elian se mantuvo en silencio.

Kaczi, desde más atrás, no apartó la mirada.

—Siempre se metía en peleas —continuó Miru—. Pero no porque quisiera. Era más bien… porque no sabía cómo detenerse.

Yuta apretó ligeramente la mandíbula.

—Ya no soy así.

Miru lo miró con dulzura.

—Lo sé.

Pero su mirada cambió un segundo.

Un segundo muy pequeño.

Como si estuviera midiendo algo.

Más tarde, cuando el grupo se dispersó, Miru caminó junto a Elian.

Ella había notado algo.

No era tonta.

—Oye —dijo suavemente—, ¿siempre se llevan así?

Elian la miró de reojo.

—¿Así cómo?

—Yuta y el hermano de Raiko.

Elian no respondió de inmediato.

—No exactamente.

Miru bajó la mirada un segundo.

—Kaczi lo mira como si estuviera enojado… pero no parece

solo enojo.

Elian guardó silencio.

Miru continuó:

—Yuta no lo nota.

—Yuta no nota muchas cosas —respondió Elian con calma.

Miru lo miró con más atención.

—Tú sí.

Elian sonrió levemente.

—Yo observo.

Miru suspiró.

—No quiero que vuelva a meterse en algo que lo lastime.

Elian entendió.

Ella no estaba celosa.

Estaba alerta.

Al día siguiente, Elian llegó acompañado.

Una chica de cabello claro, expresión suave y pasos

tranquilos caminaba a su lado.

—Chicos —dijo Elian—, quiero presentarles a alguien.

Ella inclinó ligeramente la cabeza.

—Soy Ania.

Su voz era baja.

Dulce.

Amable.

No parecía alguien que buscara atención.

Pero cuando sonrió, el ambiente se suavizó.

Kenzo fue el primero en reaccionar.

—¡Vaya! El estratega tenía novia y no dijo nada.

Elian suspiró.

—No era necesario anunciarlo.

Ania se colocó discretamente a su lado.

No hablaba mucho.

Pero cuando lo hacía, todos escuchaban.

Miru la miró con interés.

Eran diferentes.

Pero ambas parecían comprender más de lo que decían.

Ese día, mientras caminaban juntos hacia la salida, Miru tomó la mano de Yuta sin pensarlo.

Fue natural.

Pero no pasó desapercibido.

Kaczi se detuvo.

Haru bajó la mirada.

Elian lo notó.

Ania también.

Miru sintió la tensión.

Y entonces entendió algo.

No era solo imaginación.

Había algo en el aire.

Algo no dicho.

Algo que no tenía nombre… todavía.

Esa tarde, Miru habló a solas con Yuta.

Estaban en el mismo lugar donde él había hablado con Haru

días antes.

—¿Estás feliz aquí?

La pregunta fue simple.

Pero profunda.

Yuta dudó.

—Sí.

Miru lo miró con suavidad.

—¿Seguro?

Él desvió la mirada.

—Es diferente.

—¿Diferente bueno o diferente complicado?

Silencio.

Miru dio un paso más cerca.

—Conozco tu mirada cuando algo te mueve por dentro.

Yuta sintió el corazón acelerarse.

—No es nada.

Miru lo estudió unos segundos.

—No quiero que te pierdas otra vez.

La frase quedó suspendida.

Porque Miru sabía algo que los demás no.

Yuta no huía de las peleas.

Huía de lo que sentía cuando las cosas se volvían intensas.

Kaczi había visto parte de la escena.

No escuchó nada.

Pero vio la cercanía.

Vio la forma en que Miru lo miraba.

Y por primera vez…

Sintió miedo real.

No podía competir contra alguien que conocía el pasado de Yuta.

No podía luchar contra años de historia.

Y eso lo enfurecía.

No con Miru.

Con él mismo.

Haru miraba desde el otro lado del patio.

Ya no esperaba nada.

Ya no soñaba con posibilidades.

Pero aun así…

Cuando veía a Yuta reír con ella…

Sentía un vacío que no sabía cómo llenar.

Y aun así…

Sonreía.

Porque prefería estar cerca que desaparecer.




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