Te odio o... eso intento

capitulo 11

La azotea estaba vacía.

El viento movía el cabello de Yuta mientras miraba la ciudad en silencio.
Sentía algo raro en el pecho desde hacía días. Inquietud. Confusión.

Y pasos.

No necesitaba voltear para saber quién era.

—¿Ahora vienes aquí cada vez que algo no te sale bien? —la voz de Kaczi sonó fría.

Yuta apretó los labios.

—No vine por ti.

—Claro. Toda gira alrededor de ti, ¿no?

Yuta giró, molesto.

—¿Qué te pasa últimamente?

Kaczi estaba diferente. Tenso. Sus manos cerradas en puños. La mandíbula apretada.

—Nada.

—No sabes mentir.

Eso fue suficiente.

Kaczi dio un paso adelante.

—¿Y tú qué sabes? ¿Sabes lo que haces? ¿Sabes cómo afectas a los demás?

—¿A quién, Kaczi? ¡Dímelo!

Silencio.

El viento sopló más fuerte.

Los ojos de Kaczi temblaron un segundo… pero su orgullo fue más fuerte.

—Eres insoportable.

Eso dolió.

Yuta dio un paso atrás.

—Entonces deja de buscarme.

—¡No te busco!

—¡Siempre estás ahí!

Esa frase lo rompió.

Porque era verdad.

Porque siempre estaba ahí.

Kaczi perdió el control.

Lo tomó del uniforme con fuerza.

—¡Deja de actuar como si no supieras nada!

Yuta intentó soltarse.

—¡Suéltame!

El empujón fue rápido.

No planeado.

Pero fuerte.

Yuta perdió el equilibrio.

Su espalda golpeó contra el borde de una banca de concreto. El sonido seco resonó en la azotea.

Un segundo de silencio.

Luego el dolor.

Un gesto de dolor cruzó el rostro de Yuta mientras llevaba la mano a su costado. Su labio se había partido ligeramente al morderlo en la caída.

Kaczi se quedó inmóvil.

No esperaba eso.

—Yo no…

Pero Yuta ya se estaba levantando.

Sus ojos brillaban.

No de debilidad.

De algo peor.

De decepción.

—Eres un idiota.

No gritó.

No lloró.

Eso dolió más.

Se acomodó el uniforme con dignidad herida.

—Pensé que debajo de todo eso había algo diferente.

Kaczi sintió que algo se rompía dentro.

Pero no supo cómo detenerlo.

Yuta caminó hacia la puerta.

Se detuvo solo un segundo.

—Ya no me busques.

Y se fue.

El sonido de la puerta cerrándose fue más fuerte que cualquier golpe.

Kaczi quedó solo.

Con el viento.

Con sus manos temblando.

Con la culpa quemándole el pecho.

Y por primera vez…

Se dio cuenta de que podía perderlo de verdad.




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