Te odio o... eso intento

capitulo 12

Yuta no volvió a la azotea.
No al día siguiente.
Ni al siguiente.
Caminaba por los pasillos con la misma elegancia de siempre, pero algo en él había cambiado.
Más silencioso.
Más frío.
El moretón en su costado dolía cada vez que respiraba profundo.
Pero no era eso lo que más pesaba.
Era la decepción.
Haru fue el primero en notarlo.
—¿Te pasó algo?
—No.
Respuesta corta. Cortante.
Kenzo entrecerró los ojos.
—Eso no parece “nada”.
Yuta cerró su cuaderno con suavidad.
—Solo estoy cansado.
Mentira.
Desde el otro lado del salón, Kaczi lo miraba.
No se habían dirigido la palabra desde esa noche.
Yuta evitaba su mirada.
Como si ya no existiera.
Eso dolía más que cualquier insulto.
En el descanso, Raiko tomó a Kaczi del brazo.
—¿Qué hiciste?
—Nada.
—No me mientas.
Kaczi apartó la mirada.
—Fue un accidente.
—¿Lo empujaste?
Silencio.
Eso fue respuesta suficiente.
Raiko apretó los dientes.
—Eres un imbécil.
—No fue así…
—Entonces ¿cómo fue?
Kaczi no sabía explicarlo.
No podía decir:
“Me duele verlo con otros.”
“No sé por qué me afecta tanto.”
“No sé qué siento.”
Solo sabía que cuando lo vio irse…
Sintió miedo.
Después de clases, Kaczi lo alcanzó en el pasillo.
—Yuta.
No respondió.
—Espera.
Yuta se detuvo, pero no volteó.
—¿Qué quieres?
Frío.
Distante.
Kaczi tragó saliva.
—Lo de ayer…
—No importa.
Eso fue peor que un reclamo.
—Sí importa.
Yuta finalmente lo miró.
Y sus ojos ya no estaban heridos.
Estaban cerrados.
—No vuelvas a tocarme.
Esa frase fue un muro.
Kaczi sintió el golpe.
—No fue mi intención lastimarte.
—Pero lo hiciste.
Silencio.
El pasillo estaba vacío.
El aire pesado.
—Pensé que eras diferente —murmuró Yuta—. Me equivoqué.
Y caminó.
Esta vez sin mirar atrás.
Esa noche, Yuta se miró el moretón frente al espejo.
Lo tocó con cuidado.
Dolía.
Pero no tanto como recordar la expresión de Kaczi antes del empujón.
Confusión.
Miedo.
Algo más.
Y por primera vez…
Yuta se permitió preguntarse:
¿Por qué me dolió tanto que fuera él?
Mientras tanto, en su habitación, Kaczi miraba sus manos.
Las mismas que lo empujaron.
Las mismas que ahora temblaban.
Y entendió algo demasiado tarde:
No estaba enojado con Yuta.
Estaba enojado consigo mismo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.