Te quiero, de Vuelta

Capítulo 1

Entrar a ese consultorio y verla después de tanto tiempo, me hizo sentir extraño, la extrañé, extrañé a mi amiga, a la niña bonita que con una sonrisa, iluminaba mi día. 

Me sorprendió la doctora, cuando dijo que había roto la fuente, por lo que veo el parto se adelantó. 

Las ocasiones anteriores en las que Tania, me avisaba de los controles de embarazo, intenté venir, pero al final una u otra cosa, impedía que lo hiciera.

 Siempre me llegaban en un chat las fotos de las ecografías y las novedades de cada consulta.

Tal vez en el fondo, tenía temor de pasar nuevamente por lo mismo y desilusionarme al darme cuenta, que el bebé no era mío, igual que pasó con el hijo de Sasha.

Los últimos meses no han sido fáciles, aunque no todo ha sido malo. Decidí darme una oportunidad, para una relación, después de asistir a terapia y entender que yo no era culpable de lo que pasó con Sam y que debía dejarla ir, de una vez por todas. 

Unos meses después conocí a Susana, es una mujer hermosa, inteligente, también es arquitecta así que tenemos gustos a fines. 

Ya hace un par de meses que estamos saliendo y hasta ahora todo parece marchar bien.  Tuve que contarle sobre Hanna, incluso vino conmigo hasta Londrés, es partidaria de que debo hacerle al bebé esa prueba de ADN y salir de la duda.

 Aunque sé que en el fondo, ella desea que el niño de Hanna, no sea mío y es comprensible, porque si lo es, será un vínculo que nos unirá para toda la vida. 

Le pedí que se quedara en el hotel, mientras yo venía a la cita de control de Hanna, no creí correcto hacerlas pasar a ambas, por un momento quizás algo incómodo. 

—Te llevaré a la sala de labor y parto, rompiste fuente pero has dilatado poco, Hanna—Tranquila tu presión arterial está bien y frijolito está perfecto, solo has bien tu parte, que cuando llegue el momento, tu bebé hará la de él. 

—¿Frijolito? —Pregunto intrigado.

—Si, así llamo yo al bebé, ¿Algún problema? —Dice la nana, en tono molesto.

—No, ninguno—Respondo. 

Sabía que no iba a ser recibido con bombos y platillos, pero tampoco esperé que la nana, me tratara así. 

—Doctora, él es Mario Vargas, es el padre de frijolito—Hago un gesto de incomodidad, frente a su afirmación, sin embargo no digo nada.

—Por favor, coordine con él, lo de la prueba de ADN, entre menos sepa yo del tema, mejor—Dice en tono bajo.

—Listo, Hanna. Yo coordino con el señor Vargas.

Justo en ese momento, llegan con una silla de ruedas, en donde colocan a Hanna, para llevarsela, un par de lágrimas corren por sus ojos y no sé la razón, pero mi corazón se encoge al verla así, la nana, sale detrás de ella, mientras la doctora se queda conmigo, para explicarme todo el procedimiento para la prueba de paternidad. Media hora después, luego de haber coordinado todo, la doctora y yo salimos del consultorio, rumbo al área de labor de parto, donde ya se encuentra Hanna. 

—¿Cuánto tiempo, cree que tarde en nacer el bebé? —Pregunto intrigado.

—Un par de horas, a lo sumo unas ocho o diez, si gusta puede retirarse y regresar— dice la mujer en tono amable. 

—No, yo prefiero quedarme—Respondo.

Tengo un conflicto de emociones pululando en mi interior, miedo, ansiedad, alegría, nerviosismo, son tantas cosas a la vez que me cuesta describirlas. 

Me siento en una silla, ubicada en una esquina, minutos después veo a la nana salir del lugar, me mira con enojo  y se sienta lo más lejos posible de mí. La veo tomar su teléfono y llamar a alguien.

—Hola mi niña, frijolito ya va a nacer—Vale te esperamos—Dice justo antes de cerrar la llamada. 

Tomo mi teléfono y le informo a Susana, lo que acaba de suceder por medio de un chat, no deseo  que esté preocupándose por mí. 

De inmediato su respuesta  llega, informándome, que viene para acá. No deseo que lo haga, pero tampoco quiero provocar un problema entre los dos, por cuenta de esto. 

Las horas pasan y no recibimos, ningún tipo de informe, lo que en el fondo creo que es bueno.

Desde hace un par de horas, Susana llegó. Lo que hizo que ambos nos ganaramos una mirada fulminante de la nana y de Walter, que también se encuentra aquí. 

Nueve horas ya han transcurrido y aún no sabemos nada, justo cuando Susana y yo decidimos ir por un café,  llegan Tania y mi amigo Dani, al lugar.

—¡Hola, hermano!—Dice Dani, estrechando mi mano, mientras que Tania, solo me saluda con un movimiento de cabeza. 

—No sabia que vendrías—Digo, mirando a Dani. 

—Ya teníamos esto cuadrado, no podíamos perdernos este momento tan importante—Contesta mi amigo. 

—¡Hola Susana!—Dice Dani, saludando a mi novia, quien esta de pie, junto a mí. 

—Bien ya es hora—Dice la ginecóloga, apareciendo por unas puertas dobles, que dan a un largo pasillo—¿Va a entrar al parto, señor Vargas?.

Su pregunta me deja en el aire, por lo que mi respuesta tarda más de lo esperado en llegar. 

—Doctora, mi amiga y yo acordamos que yo entraría, si el señor Vargas, no deseaba hacerlo—Dígame qué tengo que hacer—Dice Tania, acercándose a la doctora, que aún me mira esperando una respuesta. 

—Yo lo haré—Digo, logrando por fin, articular palabra.

—Amor…—Dice Susana, tomando mi brazo, para hacer que la mire—No es necesario, deja que lo haga su amiga. 

—Dije que yo lo haré—Contesto en tono imperativo, lo que hace que Susana me suelte de inmediato, sé que esto traerá una discusión, pero cuando sea el momento, veré como resolverlo.

—Perfecto, entonces sígame—Dice la doctora, con una sonrisa en su rostro. 

Solo miro a mi novia, antes de seguir a la doctora, por el mismo pasillo por el cuál llegó. 

Mi corazón late, rápidamente, tengo la boca seca, mis manos sudan y puedo sentir la adrenalina a mil, fluir por todo mi cuerpo. Sé que ya está experiencia ya la viví, solo que siento que en esta oportunidad, hay algo diferente, pero no logro identificar que es. 




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