Revolvía el café con la mirada perdida, terminé de desayunar y fui a terminar de prepararme para ir a la escuela. Cuando volví al cuarto empezó la lucha de todos los días: ¿Qué me pongo?
Tiré dos o tres cosas a la cama y me puse a hurgar más en el placard. Después de buscar por diez minutos al fin me puse un jean color negro y una blusa blanca corta, mis zapatillas negras con plataforma de siempre y dejé mi pelo suelto. De maquillaje solo apliqué base a tono de piel y un poco de rímel.
Nacho no iba a clases hoy, así que al salir de la casa decidí tocar el timbre de al lado, esperando encontrar a Romeo. Pero antes de que pudiera si quiera tocarla, esta se abrió de golpe, dejándome con el brazo suspendido en el aire.
Ryan apareció en el marco, despeinado y, como era de costumbre, sin remera. A su lado, una chica rubia se arreglaba el pelo mientras intentaba no tropezarse con sus propios tacones al salir.
—Chau.—Dijo ella con una sonrisa coqueta antes de inclinarse y besarlo en los labios.
Ryan le sonrió apenas antes de devolver su atención a mí. Yo estaba cruzada de brazos, sintiendo como algo en mi interior se revolvía, mientras me esforzaba por mantenerme neutral, pero sobre todo, al margen.
—Romeo no está.—Dijo Ryan ignorando el ceño fruncido que yo intentaba disimular.
—¿Cómo que no está si tenemos que ir a la escuela?—Repliqué, apretando los labios mientras trataba de no mirar hacia donde la chica acababa de desaparecer.
—Fue a hacer unos trámites para mi mamá. Dijo que te mandó un mensaje avisándote.
Mi ceño se frunció todavía más. Busqué mi teléfono en el bolsillo y ahí estaba el mensaje de Romeo. Me mordí el labio al darme cuenta de que, efectivamente, no lo había leído. Guardé el teléfono sin decir nada, pero Ryan sonrió, satisfecho de haber tenido razón.
Di media vuelta para volver a casa, pero algo me quemaba la lengua, así que me giré de nuevo para enfrentarlo.
—Después de todo, sos un mentiroso.—Espeté, viéndolo fruncir el ceño ante mi acusación—. Decís que me amás, pero todas las noches estás con alguien diferente.
Ryan dejó escapar una risa sarcástica.
—Y vos hacés todo al revés. Decís que no me amás, pero cuando me acerco demostrás totalmente lo contrario.
Sentí cómo la sangre me subía a la cara.
—Idiota.
Intenté irme, pero Ryan me tomó de la muñeca con firmeza.
—Eso es lo que siempre hacés cuando te dejo callada con algo en lo que tengo razón: huís.
—No huyo.—Repliqué con dureza—, simplemente no tengo ganas de escuchar idioteces.
—¿Ah, no?—Se inclinó hacia mí, acortando la distancia entre los dos. Su tono era bajo, casi confidencial—. ¿Te pensás que no me di cuenta de que te morís por armarme una escena de celos?
Su comentario me desarmó por completo. Lo observé durante unos instantes, queriendo gritarle todo lo que pensaba, pero las palabras no salieron.
—¿Y qué?—Solté finalmente, sintiendo que mi voz temblaba un poco—. ¿La chica que acaba de salir la usás para sexo nada más? Como a todas.
Ryan ladeó la cabeza, pensativo, y sonrió como si mis palabras no fueran más que un desafío divertido.
—Puede ser. No lo sé.
—Seguramente me hacés el verso del amor para hacer lo mismo conmigo.—Disparé, más por impulso que por intención.
Sus ojos se entrecerraron, brillando con algo que no supe interpretar. Dio un paso hacia mí, y por un instante pensé que iba a decir algo hiriente, pero lo que salió de su boca me tomó completamente desprevenida.
—Yo con vos no tendría sexo. Con vos haría el amor.
Mis ojos se abrieron como plato, y sentí cómo mi respiración se aceleraba. Sus palabras resonaron en mi cabeza como un eco, y el calor que subió a mis cachetes me dejó completamente al descubierto.
—Es lo mismo.—Dije, tratando de sonar indiferente mientras desviaba la mirada.
—No, no lo es.—Respondió con firmeza.
Rodé los ojos, cansada de una conversación que no llevaba a ningún lado y que solamente lograba ponerme más nerviosa. Intenté dar por terminada la discusión, pero Ryan volvió a tomarme del brazo, esta vez con más suavidad.
—Vos sos la que empezó todo esto.—Dijo, su voz perdiendo un poco la dureza inicial—. Si no fuera por tus celos, los cuales negás a muerte, no estaríamos hablando de esto. Decime de una vez qué te pasa conmigo.
Sus palabras me dejaron sin aire. Quise responder, pero en ese momento Romeo apareció desde el otro lado de la calle. Me solté rápidamente del agarre de Ryan, carraspeando para despejar mi garganta.
—¿Pasa algo?—Preguntó Romeo, observándonos con curiosidad.
—No... No, todo está bien.—Respondí, intentando sonar casual. Me acerqué a Romeo y le di un beso rápido en la mejilla, rezando para que no notara nada extraño.
—Solo estábamos... hablando.—Dijo Ryan, rascándose la nuca con fingida despreocupación.
—Pensé que nos veríamos en la escuela.—Dije, intentando redirigir la atención de Romeo hacia mí.
—Así era, pero mi mamá se olvidó de darme unos papeles para ir al banco.
Asentí, aliviada de que no sospechara nada, y lo vi entrar a la casa. Una vez que Romeo desapareció, sentí la mirada de Ryan fija en mí. Nuestros ojos se encontraron por unos segundos, cargados de todo lo que ninguno de los dos decía.