Te Quiero y me Duele

24

—Últimamente no sé que pasa con vos, Sofi. Faltaste a la escuela, nunca hiciste eso, ni siquiera cuando estaban tus padres.—Me mordí el labio y ella pone su mano en mi hombro—. Siempre fuiste responsable, toda la vida, y ahora faltás a la escuela, no entiendo qué te está pasando...

La abracé provocando que ella deje de hablar por el desconcierto.

—Prometeme, tía, prometeme que pase lo que pase vos siempre me vas a cuidar, nunca me vas a dejar sola.—Acaricia mi pelo.

—Jamás te dejaría sola. ¿Pasó algo?—No dejaba de acariciarme.

Negué sin dejar de abrazarla.

—Solamente cuidá de mí, no me dejes sola.

—No, amor. Nunca te dejaría sola. Confiá en mí.

Nos separamos y ella pone sus manos en mi cara aplastando mi pelo, besa mi frente y salimos de la habitación.

—Voy a cocinar, ¿querés ayudarme?—Sonreí.

—Primero quiero tomar un poco de aire y después te ayudo, ¿puedo? Necesito aire fresco.

—Sí, claro.—Dice confundida.

Salí de la casa y el aire fresco me golpeó como un balde de agua fría. Después de lo que había pasado, necesitaba este respiro para calmar mis pensamientos. Diez minutos pasaron sin grandes sobresaltos, solamente yo y mi intento fallido de ordenar mi cabeza.

Entonces, la vi.

Estaba justo por subir la vereda en la que estaba yo, para ir y tocar a la puerta de los Vannucci. Su pelo rubio brillaba bajo el sol de la tarde, como si estuviera hecha para ser el centro de atención. Claro que la recordaba, era la misma chica que había salido de casa esta mañana con Ryan. No sé qué me impulsó, pero mis pies empezaron a moverse hacia ella, y con cada paso sentía una mezcla de incomodidad y... ¿celos?

Cuando estuve lo suficientemente cerca, me esforcé por sonreír, aunque mi cara probablemente delataba lo contrario.

—Hola. —Mi tono era falso, tan falso como la sonrisa que forcé.

Ella giró hacia mí, y para mi sorpresa, me respondió con una sonrisa cálida y sincera, como si de verdad estuviera feliz de verme.

—Hola. —Su voz era tan suave como su apariencia, y eso solo empeoró las cosas.

No sé qué esperaba, pero las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas:

—¿Vos no sos la amante de Ryan que salió de su casa hoy?—Solté una risa seca, intentando sonar casual, aunque no era nada casual lo que estaba preguntando.

Ella arqueó una ceja, divertida, y después soltó una risa que me hizo querer desaparecer.

—No, linda. No soy su amante.

Sus palabras eran tranquilas, seguras, como si no tuviera nada que esconder. Pero yo no podía evitar sentir cómo mi estómago se retorcía. Levanté las cejas, incrédula.

—Qué raro, porque todas las noches él trae a alguien diferente.

Ella no parecía ofenderse por mi comentario, lo cual hizo que aumentara mi irritación. En cambio, inclinó la cabeza ligeramente y me miró con algo que parecía... ¿compasión?

—Pero no fue solo una noche la nuestra. Hace una semana que estamos juntos.—Sonrió de nuevo, esta vez con un toque de satisfacción—. Solamente que antes él iba a mi casa. Pero anoche quiso que conociera a su familia.

Sentí un golpe seco en el pecho. ¿Familia? ¿Ryan llevando a alguien a su casa para presentarla? Eso era... diferente.

Mis cejas prácticamente estaban en el suelo. Intenté no mostrar cuánto me afectaban sus palabras, pero mi respiración ya no era tan tranquila como antes.

—No me lo pidió todavía, pero seguramente en estos días lo hace y me pide que sea su novia.—Su tono era ligero, pero había un dejo de certeza en sus palabras—. Solamente le cuesta ser romántico. Sobre todo después de lo que le pasó a su última novia. Lydia.

Mi mente se congeló un momento al escuchar su nombre implícito, y mi corazón dio un vuelco. Si Ryan le había contado algo sobre Lydia, entonces esto iba en serio. Él no hablaba de esas cosas con cualquiera.

No podía explicarlo, pero algo dentro de mí se quebró. Era como si todas las emociones reprimidas estuvieran chocando unas con otras, tratando de abrirse paso. Mi garganta se cerró, y el peso en mi pecho aumentó.

La miré de arriba abajo, incapaz de evitarlo. Era hermosa. No solo hermosa, era perfecta. Pelo rubio brillante, piel impecable, un cuerpo que parecía esculpido por ángeles, y debía medir 1.70. Era alta, y sus piernas largas, y también usaba unos zapatos que le iban a favor. Todo en ella gritaba perfección, desde su forma de moverse hasta la seguridad con la que hablaba.

Y a él parecía encantarle.

No podía apartar la idea de mi mente, aunque intenté convencerme de que no me importaba.

No sos el centro del mundo, ciela. Eso repetí mentalmente para mantenerme a flote, pero no funcionaba.

De repente, sentí que el aire fresco ya no era suficiente para aliviar el nudo que tenía en el estómago.

Ella me miró con una expresión dulce, como si esperara mi aprobación o algo por el estilo.

—Bueno, fue un gusto hablar con vos.—Su voz era pura miel, pero para mí sonaba como un clavo raspando vidrio.

Yo apenas pude devolverle una sonrisa, si es que eso se podía llamar sonrisa.

El aire ya no me parecía tan fresco.

Abrí la boca para decirle algo, algo sarcástico probablemente, pero en ese momento lo vimos llegar a Ryan.




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