Omar
“—Entonces… ¿No estoy loca?” —pregunta con cautela.
Pasé lo que quedaba de la tarde explicándole todo lo que entendía de la situación.
Bueno, tarde casi noche para mí y noche para ella.
“—Oye, sé que te dije que te iba a decir todo, pero me vas haciendo esa pregunta más de 5 veces.”
Ella resopló y entrelazó los dedos de sus manos.
“—Ya lo sé, pero te voy a decir que es la primera vez que me pasa y necesito asegurarme” —me dice poniendo sus manos en señal de espera.
“—Está bien, de acuerdo.”
Terminé aceptando; ahora la que le faltaba aceptar la situación era ella. Perdería mi paciencia, pero responder sus preguntas no es algo tan malo.
Seguimos hablando hasta que me tocó irme a trabajar. Son las 9 am, pero todavía estoy en mi habitación tirado en la cama. Por primera vez en mi existencia llegaré tarde. ¿esto afectará a la historia?
No creo, ya que el capítulo que transcurrirá ahora será puro relleno, me hubiera quedado en mi casa porque ella… Ahora que lo pienso, no le he preguntado su nombre a la chica ruidosa. No puedo estarle diciendo solo por ese apodo.
La próxima vez que hablemos, le preguntaré.
De todos modos, ella sabe mi nombre y yo no sé el de ella, así que es muy justo.
Bueno, está claro que este día será largo. Me gustaría no ser el único consciente de la realidad; así tendría con quien hablar en la habitación de espera.
Sueños, al fin.
Pasó un siglo antes de que la historia se pusiera en marcha otra vez. Cuando sonó la alerta, la vi abrir el libro y me preparé para dar inicio a todo. Me situé fuera del apartamento y comencé el transcurso a la oficina; vi de reojo a mi acompañante. Su cabello estaba recogido en una cola, tenía unos mechones sueltos y llevaba unos lentes de marco negros.
Debían ser de descanso, porque era la primera vez que los traía puestos o, al menos, no los usaba cuando leía.
“—Bonitos lentes. No sabía que usabas”, le dije.
Ella se llevó las manos a la cara y, cuando sintió que traía los lentes, se los quitó. Solté una risa.
“—Te quedan bien.”
Ella se detuvo un momento con los lentes en la mano; no dijo nada. Tiempo después, cuando le pregunté cómo había ido su día. Ella alzó los hombros con los ojos fijos hacia abajo.
“—Bueno, no tengo mucho que contar…” —no completó lo que iba a decir. De verdad, era muy difícil lograr que se abriera con uno.
“—Solo fui a acordar unos últimos detalles para la publicación de un proyecto mío…”
“—¿En qué estás trabajando?” —le pregunté completamente intrigado.
“—Am… un libro. Soy escritora…” —mencionó sin muchos detalles —. “De hecho, escribí una saga… y por fin la he terminado.”
Cuando dijo eso, pude ver un brillo de emoción en sus ojos; se notaba que había disfrutado mucho al escribir los libros. Podía entender el sentimiento al terminar y llegar al final de lo que llevabas realizando desde hacía tiempo.
“—Está genial.”
Hablamos de muchas cosas en todo el camino hasta llegar al edificio. Vi al de seguridad al frente de la puerta. Apoyé mi mano en ella, pero sin empujarla.
“—Oye… Antes de que vaya a entrar, me pude… —no pude terminar la frase al escuchar una voz detrás de mí; no sé cuánto tiempo estuve parado frente a la puerta, pero contesté de manera seca y entré al edificio.
Caminé por los pasillos de las oficinas con una mirada perdida y sin prestar atención a mis alrededores; entré a la mía y me senté en mi silla, volviendo a la realidad. Desperté del trance, poniéndome a trabajar.
Todo es felicidad y alegría hasta que convoqué a una reunión en la sala de juntas. El primero en llegar fue mi hermano; él es parte del comité.
—¡Hola, hermanito! —dijo con su característico entusiasmo mientras caminaba hacia mí —¿Cómo has estado?
“—Demasiado entusiasmo… creo que me hubiera gustado tener un hermano.” —la escuché con atención y giré los ojos.
Suspiré cuando me abrazó por los hombros.
“—Créeme, no quieres. Solo te enloquecerá.” —le contesté medio cansado y ella se rió.
—Óscar, hazme el favor de sentarte, por favor…
—Ay… qué amargado… —dijo sentándose a uno de mis costados.
Colocó sus codos encima de la mesa, cubriendo su rostro con las manos; luego de un rato, alzó poco a poco y me miró con mucha atención como si quisiera decirme algo.
Yo acerqué un poco mi rostro en su dirección, mi cara con una expresión de confusión.
—¿Qué? ¿Qué tienes?
—Nada —mostró una sonrisa inocente.
Agaché la cabeza y evité el impulso de volver a suspirar.
—Algo planeas, Óscar, y si eso me involucra… —lo señalé con dos dedos —. Debo decirte que te vayas quitando esa idea.
—¡Ay, vamos! Casi no sales, por no decir que nunca…