Te veo...

CAPÍTULO 6: Recuerdos

Alana

Después del día en que le revelé a "amigo literario" mi nombre, no sé cómo se me ocurrió decírselo. A pesar de que fue él quien me lo preguntó, simplemente sentí que de cierta manera lo conozco. No podré saber cómo es físicamente y, tal vez, solo tenga una leve idea de su físico, pero es así. Me hace sentir bien.

Ahora, tengo mis dedos apoyados en las teclas de mi laptop, con la idea de una nueva historia por ser escrita, y aunque ya había repasado miles de veces cómo empezar, el cursor parpadeaba en la página de Word que seguía en blanco.

Lo único que había hecho era escribir y borrar cada palabra.

Por alguna extraña razón, mis pensamientos se dirigieron a Omar, al libro que me había envuelto todos estos días.

—¿Cómo es posible que hayamos empezado a comunicarnos? —mencionó en un suave susurro —¿Qué clase de conexión tenemos él y yo?

Me quedo mirando un punto fijo entre la pantalla de la laptop y la ventana; puedo ver cómo la lluvia de la mañana continúa y cómo algunas gotas caen quedándose sobre la ventana.

Sin darme cuenta, mis dedos comienzan a deslizarse por el teclado, escribiendo en la página en blanco, describiendo cómo mi personaje se encuentra observando la noche oscura, preguntándose si en algún momento podrá tener una nueva vida.

Después de un largo rato escribiendo y corrigiendo, por fin me siento satisfecha con lo que acabo de escribir. Es apenas un borrador, pero siento que es lo más genuino escrito hasta ahora.

Le envío el documento a Manuel mostrándole el avance de esta nueva historia. También le envío una copia a Joana. De todos modos, ella siempre ha sido una lectora fiel de cada historia; por lo tanto, aprecio mucho la opinión que ella pueda darme. Además, no me perdonaría jamás si no le llegó a enviar el adelanto.

No tardó casi nada en enviarme su opinión.

WhatsApp de Alana

Joana:

Amiga, ¡ya lo leí!

Y debo decirte que me encantó. Quiero leer más de esto.

Pero, amiga, ¿no te habrás basado en una experiencia personal?

Suspiro y casi puedo ver cómo sube y baja las cejas, giro los ojos y le contesto que no me basé en nada. Eso es verdad porque yo trato de no mezclar mi vida con los mundos que invento, aunque en este caso sea diferente.

Pasé un rato hablando con mi amiga sobre muchas cosas, pero sobre todo me preguntó por la situación del libro mágico y cómo había avanzado la trama.

No es que hubiera mucho que contar. Así que solo terminé la conversación.

Manuel, mi supervisor, me escribió un tiempo después y me felicitó por el nuevo avance. De todas formas, me dijo que debía avanzar rápido con esto. Él les iba a enviar el borrador a sus superiores hasta que yo terminara el capítulo 1, por lo menos. En estos casos solía estresarme un poco, así que decidí salir a correr un poco y respirar algo de aire.

Al estar afuera del apartamento, me coloqué mis audífonos y le di play a una lista en mi MP3, comenzando a correr por el mismo camino que siempre solía usar para ejercitarme.

Pasé por varias tiendas y restaurantes dando una vuelta por ese recorrido hasta que decidí detenerme para poder tomar un poco de agua. Entonces, escuché cómo alguien me llamaba a mi espalda.

Al girarme, veo cómo se acerca lentamente el Sr. López; él salía con mi madre hasta el día en que falleció; jamás la dejó sola y yo siempre estaré agradecida con él por eso. Le tengo mucho cariño.

—Hola, niña. —comenzó saludándome con una sonrisa cálida. —¿Cómo te ha ido últimamente?

—Am, todo ha ido bien… Algo atareada en el trabajo, pero bien.

Posó una mano en mi hombro y prosiguió.

—Me alegro, tú… tú escribes, ¿no es así? —preguntó, intrigado.

—Sí, acabo de terminar una saga que llevaba posponiéndola desde hace tiempo…

—Tu madre me contó sobre eso; es más, me hizo leerla.

Sonrió al decirlo, recordándola.

—¿De verdad? —pregunté sintiendo cómo se me quebraba la voz.

—De verdad —me dijo con suavidad—. Ella siempre me decía lo orgullosa que se encontraba de tus éxitos y que sabía que lograrías grandes cosas.

Me quedé viendo un momento ante ese comentario, es decir, sabía que mi mamá se sentía orgullosa y sí, sabía qué hacía ella con mis libros. Varias veces la oí hablando con los vecinos, regalándoles las copias de estos.

Hablar de mi madre se había vuelto algo doloroso para mí. Sentía mi corazón romperse más cada vez que la mencionaba o recordaba, y este momento no era excepción.

Solo podía ver cómo toda su vida había dado su esfuerzo para que no me faltara nada. Cuando era más joven, sentía que era injusta, pero llegué a admirarla cuando crecí y maduré. Ahora, lo único que quería era verla de nuevo, contándole todo lo que me pasaba recientemente.

—Así era ella… —dije en voz baja —, pero ella era más fuerte que yo.

El sr. López me abrazó lentamente.




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