Omar
Han pasado muchas cosas desde el capítulo anterior; no les contaré todas porque si no sería un capítulo bastante largo y tampoco quiero aburrirlos con tantos detalles. Solo empecemos que…
Por fin, publicamos el primer apartado de confesiones en nuestra revista.
He seguido el ritmo con la relación de Olive.
Óscar y yo pasamos cada vez más tiempo en la sala de espera, además de que se la pasa leyendo los cómics de la estantería. Dice que son interesantes y sí, admito que me ha dado curiosidad leerlos, pero mi hermano insiste en que yo no debería leerlos.
Eso me pone a pensar y cuestionar la clase de contenido de los cómics.
Ahora, con respecto a mi relación con Alana, sí ha habido un gran avance en ella. Lo que más disfruto de seguir viviendo esta historia es que puedo seguir hablando y escuchándola.
Me ha contado muchas cosas acerca de ella y yo también he llegado a saber algunas cosas con solo verla. Sé que suele ser un poco testaruda, impulsiva, ruidosa… muy ruidosa, pero también es buena, empática; le gusta ayudar a otras personas aunque ella no reciba nada a cambio.
También me ha hablado de su nuevo proyecto; al parecer, es una historia de romance que entra también en lo reflexivo. Alana realmente es una persona bastante talentosa y se nota que ama lo que hace. Me ha dicho que este libro le ha ayudado mucho a volver a escribir y, si soy sincero, nunca me había puesto a pensar en el impacto que podría tener mi historia en el lector.
Además, descubrí que cuando se pone nerviosa, se le pone roja la nariz. Me dio risa la primera vez que pasó. Parecía Rodolfo, el reno.
¿Nuevo apodo?
Nuevo apodo, sin duda.
Ahora que ya están, más o menos, enterados de todo. Pasaremos a acontecimientos recientes, como la gala que tendría en aproximadamente 5 días. Este es un evento muy importante para todos nosotros. A pesar de ser una empresa realmente conocida en New Jersey, con esta gala puede que lleguemos a otros lugares del país.
En estos momentos, me encuentro sentado en mi escritorio frente a la computadora; lo único que se escucha en la habitación es el “tiki tak, tiki tak” del teclado. Entonces llegó Olive para entregarme la edición que saldrá oficialmente en la revista de esta semana.
—Omar, aquí están listos estos artículos para su publicación —dijo mientras dejaba el sobre manila en el escritorio.
—De acuerdo, Olive, gracias.
Para este punto de la historia, ya nos llamábamos por nuestro nombre y digamos que también empezábamos a salir. Claro, ahora, ese no es el caso. Ahora, todo ha cambiado, pero debemos seguir el guion.
Observé a Olive un rato; se encontraba un tanto nerviosa. Lo sé porque, durante este tiempo, pude darme cuenta de que cuando ella se pone nerviosa, juguetea con sus dedos.
—Quería preguntarle algo… —comenzó a hablar lentamente —¿Tienes pareja para ir a la gala?
—Pues, iré solo.
—Bueno, entonces… —la vi dudar antes de hablar —¿Quería saber si podíamos ir juntos?
La quedé viendo un rato; en este momento, yo debo aceptar ir con ella y sí, acepté su invitación.
No hay problema.
—¿En serio? —pude percibir la emoción en su voz que después la simuló cuando se aclaró la garganta—. —Genial.
Después de eso, salió de la oficina sin decir nada, dejándome sumergido en el papeleo que se debe subir la siguiente semana. La verdad, yo solo iba a ir a la gala por el motivo laboral, pero ahora siento que puedo disfrutarlo un poco.
“—Tal vez sea porque Olive te acompañará…” —escuché decir a Alana.
Se oía un poco… rara.
“—No, o sea, puede que ir con una amiga lo haga más llevadero.” —le contesté, pendiente de los papeles que tenía encima del escritorio.
Se quedó callada por unos momentos antes de hablar; ahí alzó la vista en su dirección mientras me recostaba en el asiento. Jamás se había quedado tan callada. Así que le pregunté.
“—¿Estás bien?”
“—Si. Estoy perfectamente” —y mostró una sonrisa apretando los labios—, “—Seguiré leyendo…”
La miré una última vez antes de seguir con el trabajo; no podía entender ese cambio. Definitivamente, no lo hacía.
¿Habré hecho algo?
¿Por qué está tan rara?
Oye, tú, cuando quieres, eres muy idiota.
Puse mala cara y en eso entró mi hermano con una sonrisa, cargando dos carpetas en las manos. Cuando sentí su presencia, sin poder retenerlo, solté un suspiro porque, en este momento, no estaba de humor para sus bromas.
—Óscar, deja los papeles ahí y déjame trabajar… —dije secamente.
Óscar me miró con una expresión confusa, pero no se fue.
—¿Qué ocurre, hermanito? —introdujo mi hermano mientras se sentaba —¿Problemas en el paraíso, Alana?
—Shh, guarda silencio, Óscar. —dije señalándola con la mirada.