Te veo...

CAPÍTULO 11: El cementerio

Alana

[…]

Estoy corriendo; no parezco tener un destino fijo, o eso parece, hasta que, a lo lejos, diviso la alta figura de una persona. Estiro mi brazo tratando de alcanzarlo y cada vez que creo que lo voy a agarrar, me doy cuenta de que está más lejos.

De repente, el escenario negro se va transformando en una gran pista de baile. Las luces amarillas son tenues; las mesas están decoradas con seda blanca, creando así una atmósfera bastante cálida.

Giro la cabeza mirando hacia los costados buscando algo que pueda reconocer. Nada. Me observo a mí; llevo un vestido azul oscuro largo y sin mangas.

Sigo buscando alguna pista del lugar; por alguna razón, lo siento muy familiar. Entonces, veo a lo lejos dos figuras; me voy acercando a ellas hasta que se van volviendo un poco más claras.

Logro reconocerlas; es una pareja. El chico tiene el cabello negro y lleva un esmoquin de tono gris. Se me hace tan familiar, pero todavía no puedo ver quién es.

A su lado, se encuentra una chica; lleva un vestido verde olivo. Su cabello es rubio. De repente, siento una punzada en el estómago sintiéndome algo incómoda con esa escena.

—¿Omar?… —susurro con suavidad mientras me acerco cada vez más a la pareja. Siento un nudo en la garganta.

Cuando ya me encuentro a una distancia prudente de ellos, estiro mi brazo para agarrar el brazo del chico, pero se desvanece junto con todo lo demás, provocando que me despierte.

[…]

Abro los ojos con lentitud, observo a mi alrededor con la cara pegada a la almohada. La habitación está completamente oscura. Con pereza, estiro mi brazo agarrando mi celular para ver la hora.

Son las 6:00 am.

Lo vuelvo a colocar en su sitio; me coloco boca arriba observando el techo. Me siento algo intranquila y no solo es por el sueño, que cubre un noventa por ciento del porcentaje restante, sino también por los últimos acontecimientos que involucran a Javier.

Me siento en el borde de la cama; me pongo a pensar en lo que me contó una semana atrás. Puedo entender por qué no se despidió, un poco, pero al menos debió contarme. Yo me hubiera emocionado mucho por él, pero eso ya pasó. Éramos adolescentes; cometimos errores.

Me levanté de la cama y me dispuse a buscar ropa cómoda para poder salir a caminar e ir a un lugar al que hace tiempo no iba.

Iré a visitar a mi mamá.

Después de cambiarme con una camiseta blanca y unos pantalones negros, tomé desayuno y salí de mi apartamento. Monté mi bicicleta y comencé el trayecto hacia el cementerio.

Era un día soleado, pero para nada hacía demasiado calor. Pasé por una hilera de casas de color crema, por el parque y una pequeña guardería hasta que llegué a mi destino.

Aseguró la bicicleta y me dirijo a la entrada, ingresando a dicho lugar. Camino entre cada lápida de tono grisáceo, mirando el nombre de cada una de ellas, pero quiero asegurarme. Soy medio desorientada en este tipo de lugares.

Cuando, por fin, me encuentro frente a la tumba de mi madre. Sonrío y la acaricio con una mano mientras dejo unas flores.

—Hola, mami… —le digo con suavidad antes de ponerme en cuclillas frente a ella.

Sonreí mientras quitaba unas cuantas hierbas y polvo del pavimento antes de volver a hablar.

—Ay, mamá, hace mucho que no venía a verte… —agaché la cabeza trazando un triángulo en el suelo —y hay muchas cosas que quiero contarte. Yo sé que me estás escuchando en donde quiera que estés…

Miro de vuelta donde se encuentra su nombre. Quiero contarle todo, todo lo que ha pasado últimamente.

No sé por dónde empezar, ¿Con Omar? Aunque puede sonar loco, no me importa.

—Oye, ma, he estado conociendo a alguien de… una forma muy especial —agacho la cabeza mientras que una sonrisa se forma en mi rostro —y sobre todo, él es especial.

En mi mente empiezan a aparecer todos los recuerdos que se han ido formando desde que conocí a Omar. Lo que me hace soltar una risa.

—Él, al principio, me hacía enojar bastante. Era bastante sarcástico, pero… Por otra parte, me siento cómoda con él.

>> Pero, últimamente, me he sentido algo confundida, no sé… No sé qué es lo que siento por él. Suelo sentirme incómoda cuando se encuentra con otra chica y… No creo que esté bien…

Desde hace tiempo, me puse a analizar esta situación. Me di cuenta de que es algo imposible y casi ilógico. ¿Cómo podría hacerse real esto?

Además, no creo que él sienta lo mismo; a él le gusta la protagonista, aunque la mayoría del tiempo siento que no le presta mucha atención. Excepto por los acontecimientos de la gala.

Alana, cálmate. Él es un personaje ficticio.

Para nuestra desgracia…

Me quedé un rato pensativa porque me afectaba tanto en tan solo pensar en lo que estaba destinado a pasar.

—¡Ah, mamá! ¿Adivina quién regresó? ­—le volviendo a la realidad, sacudiendo la cabeza —Javier.

>> No hace mucho que regreso porque, al parecer, la empresa donde trabajaba allá va a abrir una sucursal aquí en España.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.