Te veo...

CAPÍTULO 16: Dejar ir, es difícil

Alana

Javier se peleó con alguien por mí.

¡SE PELEÓ PARA DEFENDERME!

¡Aish, cálmate! Me dejas sorda.

Una disculpa, me exalté.

Cuando Javier me contó todo, no podía creerlo. La verdad, nunca nadie me había fastidiado por ese rumor, aunque debo admitir que sí podía sentir las miradas inquisitivas de cada alumno de nuestro año. Sí, funcionó que Javier los enfrentara, pero me siento mal porque por defenderme lo castigaron. Sus padres debieron molestarse mucho.

Me quedé mirando un punto fijo en la pared, recordando ese año, y me di cuenta de que poco tiempo después de eso Javier se fue. Ante el pensamiento me senté en la orilla de mi cama.

Podría ser, ¿no?

Aún podía recordar la conversación que tuvimos como si hubiera sido hace cinco minutos y no hace dos horas.

—Así que… ¿Por qué te peleaste? —le pregunté confundida y extrañada —No es algo que solieras hacer…

—Es que… —lo vi dudar un momento si decirme, pero ya no había vuelta atrás —Empezaron a decir cosas muy malas sobre ti, Lana, y yo…

Lo oí soltar un suspiro mientras se revolvía el cabello.

—No pude tolerarlo; se empezaron a burlar de ti, a insultarte… No entendía por qué hacían eso…

—¿Y tú…?

—Un día que estaba reunido con los chicos, Jeffrey y Ryan empezaron a hablar sobre ti. —noté cómo me miró de reojo para poder ver mi reacción; yo solo podía quedarme callada escuchándolo —No me gustó el tono en que lo hacían, mayormente Jeffrey; intenté ponerles un par de forma calmada, pero…

—¿No lo lograste?

Javier negó suavemente con la cabeza.

—No, se lo tomaron como juego. Sentí mucha ira en ese momento, Lana y… No sé qué me pasó, pero le pegué en la nariz a Jeffrey, obviamente, él me respondió y todo se fue al caño…

Nos quedamos en silencio, yo mirando mis rodillas con mis manos en puños y Javier viendo la mesa de centro.

—¿Tal vez debiste ignorarlos?… —dije sin pensar.

—Alana… Jamás podría dejar que alguien te lastimara o hablara mal de ti. No me lo perdonaría y más cuando…

—¿Cuándo?

En ese momento, Javier se levantó del asiento, comenzando a caminar por el apartamento. Lo miré fijamente cuando se detuvo y sus ojos se fijaron en los míos.

—Porque en ese entonces me gustabas, Lana.

Me quedé inmóvil en ese momento. ¿En serio había escuchado lo que escuché?

Javier estuvo enamorado de mí… Mi yo de bachillerato estaría saltando por toda la habitación al recibir esta noticia mientras cantaba a todo pulmón canciones románticas, pero ahora me encuentro sorprendida, sí, pero ya no es como antes. Javier es mi amigo y nada más. Además, ambos ya hemos superado lo que alguna vez sentimos.

Eso no quita que no pueda preguntarme que si… nos hubiéramos declarado, ¿Habría funcionado?

Ya no se sabe; cada uno eligió un camino para su vida y, en la mía, Omar es en lo que puedo pensar. Al igual que ahora me quiero concentrar en terminar de escribir este nuevo libro, realizar firmas en distintos países, salir con mis amigos y leer todo lo que pueda, sobre todo, el libro de… mi querido amargado.

Aunque ahora no sea posible.

No quiero pensar mucho en esto, así que me dispongo a agarrar mi laptop y ponerme a escribir para despejar mi mente de todos estos descubrimientos que he tenido hace poco. No me siento abrumada, pero, en serio, necesito escribir. Además, tengo muchas nuevas ideas y digamos que este es mi libro más personal.

Abro un documento y comienzo a plasmar todo lo que tengo acumulado en mi cabeza para desarrollar la historia.

Omar

Listo, ¿les digo algo? Estoy hasta acá, cansado de esta situación. Solo quiero que se ponga a leer el libro y lo termine. Prefiero quedarme mil veces estando atascado en esta historia a que ella se digne a aparecer.

O tal vez ha decidido dejar el libro sin terminar… Qué cruel.

Me encuentro sentado en uno de los puf azulados, parecidos a los que tiene mi hermano en su habitación y que ahora se han acoplado a la sala de espera en cortesía de él.

Me siento aburrido, cansado, con ganas de hablar con alguien, pero, literalmente, no se puede porque todos se encuentran jugando a las estatuas.

¡Hey! ¡Tienes sentido del humor!

Cállate, siempre lo he tenido.

Regreso el amargado.




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