Te veo...

CAPÍTULO 19: Una sorpresa

Alana

Mi semana tiene un transcurso tranquilo; he logrado terminar, en tiempo récord, casi la mitad de mi nuevo libro. Manuel está super contento con este gran avance y me dice que este es el mejor que he escrito hasta ahora y no puedo estar más de acuerdo, porque, como he mencionado antes, a este libro lo considero un poco más mío y no es el hecho que yo lo haya escrito, sino que, es la primera vez que siento que los conozco más allá.

No los veo como solo personajes; casi puedo jurar que los siento aquí presentes. Dictándome su historia y cómo se sintieron al vivirla, además de que puedo ver un poco de mí en ellos.

Estar encerrada en una oficina no es algo que me agrade demasiado; por eso suelo escribir desde mi casa, pero también tengo días donde tengo que ir a la editorial y este es uno de esos. La verdad, quisiera quedarme en mi casa todo el día.

En este momento, mi escritorio está repleto de papeles con apuntes, bolígrafos, post-its y libros. Ya saben, lo típico que te puedes encontrar en un escritorio. Puede que esté algo… muy desordenado, pero yo misma entiendo mi desorden, además de que Omar también ha tenido algunas cosas que decir al respecto de eso.

Definitivamente, le gusta molestarme y, debo admitir que, a mí, también me gusta fastidiarlo de vez en cuando —por no decir siempre.

Es ahí cuando Manuel decide realizar su entrada.

—¡Hola! ¿Cómo se encuentra mi escritora estrella? —pregunta, ingresando con los brazos extendidos, sus ojos pardos expresaban una sonrisa al ingresar y acercarse al escritorio —Te veo mucho mejor.

—Sí, estoy avanzando muy bien. He logrado tener un gran avance en el libro.

Mi supervisor hace un gesto de victoria con sus puños para después señalarme con uno de sus dedos.

—Eso está bien; el director estará complacido, pero ¿cómo te sientes tú?

—Bien… Mi vida ha mejorado y me siento más… serena —miro sutilmente el libro de Omar que se encuentra abierto apoyado en vertical en una pila de libros —, pero acepto que mi estado emocional ha estado en una montaña rusa con el duelo por mi madre, mi duda al no saber si escribiría de nuevo, entre otras cosas que han sucedido.

Sonrío, notablemente, cuando recuerdo cuánto he cambiado desde que lo conocí. Ha sido una buena e increíble distracción para poder darme cuenta de que no podía quedarme estancada y sumida en el luto. Ver cómo Omar detesta sentirse atado al libro me enseñó que no todas las cosas nos dan un cambio positivo en nuestras vidas, pero… también aprendí que nosotros mismos podemos realizar un cambio.

Puede que no haya llegado de la manera más convencional, pero me gusta que lo haya hecho.

—Pero parece que ya lo tienes todo claro, ¿no? —Manuel preguntó enarcando una ceja.

—Sí, ahora veo todo con mucha mejor claridad…

Sonrío ampliamente mientras me sumo de nuevo en mi laptop para comenzar a escribir de nuevo.

Manuel me mira con ternura. Yo sé que él se ha preocupado por mí, más allá de nuestra relación laboral. Él siempre ha mostrado que se preocupa por mí y, de verdad, estoy muy agradecida con él por siempre haber tenido fe en mí y mi trabajo.

—Bueno, nos vemos en otro momento, Alana.

Empezó a caminar hacia la puerta con un paso lento; sus pasos se podían escuchar por el piso de madera hasta que llegó a la salida y abrió la puerta de vidrio.

—Y, Alana, ordena un poco tu espacio de trabajo; es mejor trabajar en un lugar ordenado.

—Está bien, lo intentaré… —mis palabras salieron en un susurro bien suave mientras seguía con la cabeza metida en la laptop.

Cuando el intenso salió de la oficina, me estiré en la silla tirando los brazos hacia arriba. Me levanté y comencé a caminar cerca del enorme librero que tenía en la oficina, observando el título de cada libro. Agarré un libro entre mis manos sobre política —sí, una se pone a averiguar cosas que jamás se imaginó, cuando se entra a este mundo —y fui a sentarme de nuevo.

Abrí el libro para empezar a leerlo y miré el libro abierto que tenía a mi costado.

“—Wow, en serio eres muy bueno manteniéndote en silencio, Omar” —le dije aun manteniendo mi mirada sobre el libro del estante.

“—No podría decir lo mismo de ti, ruidosa.”

Lo escuché decir entre risas, lo que hizo que volteara los ojos. Qué idiota era.

“—Cállate, yo puedo mantenerme callada…” —miré, por fin, el libro de mi costado como si tuviera a Omar a mi costado, “—Claro, sí quiero hacerlo…”

“—Exacto y tú… No quieres” —pude sentir cómo su voz grave lograba que me erizara y no fue hasta ahora que pude admitírmelo a mí misma“—Pero la situación acá, ruidosa, es que tampoco quiero que te mantengas en silencio.”

El calor que comencé a sentir se asentó sobre mis mejillas y odiaba eso porque era algo que no se podía ocultar. Sé que esto puede hacerme daño más adelante, pero solo quiero disfrutarlo hasta el día en que terminé. Hasta el día en que deba decirle “Adiós”.

“—¿Qué estás queriendo decir, Omar?” —muestro una sonrisa pícara para fastidiarlo un poco“—¿Acaso me extrañarías?”




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