Inicios de Septiembre
La semana empezó como todas, aburrida, más para dos chicas del suburbio de Fitzrovia en Londres. Se habían pasado la noche en vela haciendo sus trabajos de la universidad, mientras que terminaban de reajustar sus facturas.
—No quiero ir —bostezo la chica de cabello azabache, se le notaban unas prominentes ojeras bajo sus lentes de pasta negra.
—Tus créditos no se reunirán solos Danielle, si no mantienes la beca te la quitaran y regresaras con tus padres —ante la respuesta de su amiga de largo cabello ondulado, Danielle hace un pequeño berrinche en su silla—. No te muevas así, la silla es barata y te recuerdo que no tenemos dinero —lanzándole una mirada aguda mientras guardaba sus lentes en un estuche.
—Elizabeth no comparemos, al menos tu estas estudiando algo en lo que te preparaste, si esos idiotas de la evaluación me hubiesen puesto en letras e idiomas y no en computación… —dejo salir un suspiró molesta por su situación y Elizabeth lo sabía, era un tema de nunca acabar.
—Bueno señorita drama, hay que ir a la universidad y para animarte iremos a preguntar si puedes cambiar de facultad —el estilo de vestir de Eliza era en su mayoría colores oscuros y botas militares, ese día no era la excepción.
Danielle solo bufo con su sugerencia, pero igual se levantó de mala gana. Por su lado, ella usualmente usaba un estilo de vestir semi formal, como chalecos tejidos y jeans holgados, algunas veces cambiaba las camisas abotonadas por sweters anchos, sin contar que a ella también le gustaba usar botines informales.
“Todo está bien, amas la universidad, la amas demasiado”, se repetía Danielle innumerables veces hasta que subieron al auto.
El camino a la universidad duraba solo diez minutos con algo de tráfico, pero ese día en especial llegaron rápido, como lo prometido era deuda, Eliza acompañó a su mejor amiga a la administración, solo para recibir un No en todo el rostro.
Danielle solo le da una pequeña sonrisa a Elizabeth antes de tomar caminos separados. La Universidad de Londres tenía varias carreras, entre ellas medicina y computación; cosa que alegraba a una y entristecía a la otra.
Después de clases, ambas se fueron al centro comercial Hay’s Galleria, en donde trabajaban. La primera en llegar a su trabajo fue Danielle.
—Buenas sr. Growney, Bennet reportándose para el deber —adquirió una postura militar tan pronto se encontró con su jefe, un hombre entrando a los cuarentas, de cabello un poco largo castaño y una barba descuidada y canosa, de ojos claros y un ceño lo bastante fruncido—. Hoy me encargaré de la caja registradora si no es mucha molestia.
—Ben te necesito para otra cosa —Danielle respondía al apodo deteniéndose en seco—. En realidad, contrate a una persona más y necesito que lo orientes, es un chico.
Danielle pestañeo un momento, y casi dejó caer su bolso de manera dramática, no se llevaba muy bien con los hombres, cosa que su jefe conocía. Al no escuchar respuesta, el sr. Growney le da un toque en el hombro.
—Te lo estoy pidiendo a ti ya que eres mi mano derecha, y en lo que es la tienda eres la que sabe todo además de mí, aparte no se ve mal chico, un poco punk, pero no son los noventas como para odiarle —su comentario la hizo reír—. ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
—Por eso te aprecio niña, se llama Jaden Evans y llegará en un rato, hasta entonces ponte a trabajar —Danielle volvió a tomar postura y pose militar antes de ir a colocarse el uniforme, en el camino saludo a Bobby un adolescente que tenía el mismo turno que ella en las tardes, era un moreno de cabello afro algo reducido (por normas en su colegio) y en la habitación de empleados se encontró con Alice, una chica rubia unos años mayor que ella, siempre la rodeaba un aire relajado y nunca faltaba su peinado noventero.
—¿Ya te vas? —preguntaba Danielle, al ver como esta iba recogiendo sus cosas.
—Empezaré algunas clases de arte en las noches, ahora trabajaré solo en las mañanas, aprovechando que Bobby empezó la preparatoria y cambió al turno de la tarde —su voz era apacible y dulce, nadie sospecharía que estaba muy cerca de los treinta—. Pero al menos podremos charlar un poco, me iré cuando tu llegues, bye Dani, suerte con el nuevo —ella lo sabía. Cuando Alice desapareció a través de la puerta, Danielle suspiró por millonésima vez ese día.
—Danielle el sr. Growney te necesita —la voz de Bobby la devolvió a la realidad y con prisa salió de la habitación, repitiéndose que todo saldría bien.
Al momento de alzar la mirada noto una espalda ancha con una chaqueta negra y unos pantalones rotos, de espaldas se notaba que era de cabello oscuro un poco largo, pero al tener un gorro de lana gris no pudo notarlo por completo, fue al momento de girar sobre sus talones que ella se congeló al observarlo de frente.
—¿Eres Danielle? Soy Jaden, un gusto —ahí estaba el chico de ojos ámbar, sonrisa ladina y vestimenta punk.
“¿Que tan maldita tiene que ser mi suerte como para que este sea el chico que casi atropellamos?” pensó antes de estrechar la mano del intimidante chico alto.
En otra parte del centro comercial estaba Elizabeth, empleada en la pequeña librería “Liberti”, lo único especial era la ubicación, ya que al frente se encontraba la mejor cafetería del lugar. Los niños buscando cuentos, adolescentes buscando novelas de vampiros, ancianas y bohemios buscando poemarios, todos los días veía algo nuevo. La sección de cómics era la más deprimente, era pequeña y solo tenían historias regionales, nada de Estados Unidos, pero eso no les impidió a los niños preguntar por el Capitán América o Batman.
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Editado: 10.02.2026