Té y Café

II: El comienzo de problemas

Elizabeth le había pasado una bolsa de papel a su mejor amiga, la cual estaba teniendo un ataque de pánico.

—Tenemos que tranquilizarlos, no puede ser tan malo.

—Tú no viste sus ojos mirándote fijamente.

—Fueron como cinco segundos, Danielle.

—¡Fue una eternidad!

—Estás loca.

Se encontraban en su apartamento, la rutina habitual de Danielle era comer algo ligero, hacer sus tareas, dormir sus buenas cinco horas y empezar de nuevo. Pero en ese plan perfecto no estaba una crisis nerviosa.

—Tu miedo irracional había mejorado en estos dos años, retrocedimos de nuevo, solo porque sientes que el chico te arrancara la cabeza. Tenemos que trabajar en tu paranoia —Elizabeth no solo estaba ansiosa por Danielle, también por sus propios problemas, recogiendo su cabello para poder pensar algo—. Programare una cita con el psicólogo —siendo detenida por Danielle.

—Puedo manejarlo, puedo hacerlo, si todo va a peor prometo ir antes al psicólogo, sabes que mis citas son mensuales y ahora no tenemos dinero extra.

Ese era un hecho, no había dinero, pero la poca determinación que le pudo ver la hizo ceder.

—Está bien, pero tu ansiedad sí que la trataremos, dos años echados a la basura. Ese estúpido debe ser un pie grande para que te tenga así.

—Mide un metro ochenta y algo, me lleva dos cabezas de altura, es corpulento y parece un punk, además de parecer violento, ¿Tú que crees? —Danielle por su parte hablaba con las manos, moviéndolas de un lado a otro.

~

Danielle no era la mejor persona para manejar situaciones de estrés, con su ansiedad era solo una bomba de inestabilidad. Tal vez buscar una solución externa no sería tan mala idea, por lo que empezó a idear algo sin que ella supiera.

Así fue como a la mañana siguiente y de una mala manera Eliza se dio cuenta que su roomie no pudo dormir nada en la noche.

—Danielle, querida, te juro que si no te arreglas para ir a la universidad voy a tomar algo y te golpeare, ¡Mucho!

Elizabeth no estaba de humor, esa noche solo había dormido una hora por todo lo que tenía que hacer; no estaba para aguantar a su amiga desde tan temprano.

—Entiendo, entiendo, pero no quiero ir, en serio no quiero salir hoy, me veo horrible.

—No me interesa si no te ves bien, tienes que ir a clase.

La riña siguió hasta que pudieron partir a la universidad, pero esa no era la mañana de Danielle, solo tuvo que quedarse dormida en clase para comprobarlo; cosa que no le agrado al profesor que se encargaba de su beca.

—Danielle, ¿Estuvo buena la siesta? —La voz de un castaño impertinente apareció—. Dormirte justamente en la clase del profesor que piensa que las mujeres no pueden ser informáticas, incluso me impresionaste —ella camino lo más rápido que pudo al baño de mujeres a esperar que se aburriera de hostigarla.

Edward era un chico sumamente insistente en su afán de fastidiar a Danielle, lo tomaba como deporte desde que ella inicio la universidad tres semestres atrás. Era un pequeño idiota que solo quería reírse de ella por su lugar de nacimiento, un pequeño pueblo alejado de la ciudad, su acento o su apariencia.

Al final del día lo único que le reconfortaba eran las horas que pasaba en la tienda de música; cosa que ya no le parecía tan tranquilizador.

—Oye Danielle, ¿Dónde están las cuerdas de violín? —gracias a ese chico su refugio se había convertido en la guarida de una bestia.

Aunque no había pasado nada interesante o trascendente con Jaden, Danielle no se sentía cómoda a su lado, su sola presencia la ponía alerta. Cuando se lo conto a Elizabeth esta solo le decía paranoica, pero incluso ella estaba cerca de decirse lo mismo. Ella tenía sus propios problemas relacionados con un chico rellenito, de pecas y cabello rojo.

Aun cuando Elizabeth trataba de no prestarle atención, el chico se mantenía en una de las mesas del lugar, ojeando algún que otro comic, aprovechando cada descuido de ella para observarla. Elizabeth notaba la mirada en su nuca cada vez que le daba la espalda, girando para confrontarlo cada cierto tiempo, pero este era más rápido para volver al comic que aún estaba en sus manos. En este preciso instante ella no sabía si ese sentimiento era producido por la falta de sueño.

Los días de Elizabeth en la facultad de medicina eran un dolor en el culo, daba gracias que le gustara la carrera, pero todo lo demás era simplemente tortura, solo de pensar que al siguiente año tendría que ir a consulta con doctores y pacientes reales, al siguiente empezar a hacer guardias largas y después guardias completas, no sabía muy bien cómo hacer para trabajar en ese momento; solo quería empezar a ganar algo de dinero enseguida y tener un colchón económico.

Por esas pocas e insignificantes cosas, el socializar quedo muy abajo en su lista de prioridades, aparte de que era socialmente torpe en eso. Desde que era una niña era un problema recurrente, pero en un principio Danielle se encargaba de eso. Después de ciertos acontecimientos Danielle se volvió tan cerrada como ella, rehuyendo de los desconocidos. Al recordar esas cosas suspiraba para sus adentros, deseando no notar las incesantes miradas hacia su persona.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.