Martes, 20 de diciembre.
El día anterior Elizabeth había tomado un tren para ir a Lacock por las fiestas, regresaría antes del inicio de su tercer año de medicina, lo cual sería a principios de enero. Fue en la llegada de Elizabeth a casa de su madre que recibió una notificación en su celular, esta haría que llamara a Danielle.
—Hoy te toca la cita con la psicóloga.
Su madre quien estaba en la cocina, sujetando a uno de sus gatos, se burló.
—¿Aun Danielle necesita que le recuerdes esas cosas?
—Si no lo hago, huye.
—No hui, ya tenía una alarma, no confías en mi —Danielle estaba en la línea con una voz susurrante, se escuchaba ruido alrededor, por lo que Elizabeth supuso que estaba tomando el autobús.
—Hace años que no confió en ti para ciertas cosas, me comentas como te fue más tarde.
Después de recibir una respuesta positiva por parte de su ella, cuelga la llamada.
—Por supuesto que no confió en ti —mandando un par de mensajes.
—Termina con eso, debemos de ir preparando todo para navidad, tu tío dijo que traería algunas cosas de Escocia —Anna, la madre de Elizabeth, era una mujer de buena apariencia, al igual que su hija no era muy alta y Elizabeth había heredado el cabello rizado de ella.
—Espero que sea alcohol, el año pasado nos la jugo trayéndonos pescados locales, este año si no trae whisky todos acordamos lanzarle huevos.
—Entonces vayan preparando sus municiones.
Elizabeth bufo, su tío siempre les hacía bromas, pero él era tan alcohólico como el resto de su familia, solo debían de tener fe. Antes de ir con su madre a la cocina recibiría un mensaje, “Una preocupación menos” se dijo así misma antes de guardar su celular.
En Londres unas horas después.
Danielle salía del centro de salud en donde se estaba atendiendo, en sus manos veía el diario que le habían mandado a hacer en los últimos meses para poder apreciar mejor sus cambios.
Incluso su psicólogo le dijo que era mala idea iniciar una relación en ese momento, no era malo que le gustara alguien, pero no estaba para más estrés, por lo que le recomendó primero terminar de tratarse.
Suspiro antes de seguir adelante, había pedido un permiso en el trabajo, por lo que tenía el resto del día libre. Bajando las escaleras nota una figura conocida sentada frente al edificio.
—¿Qué haces aquí, Jaden?
Ella se acercaría hasta donde él estaba, se veía helado, aun con guantes y bufanda. Sus audífonos estaban un poco congelados por el frío.
—Elizabeth me dijo que estabas en una consulta con un doctor y me pidió que te recogiera, ¿Estas bien?
Danielle quería llorar, Elizabeth no confiaba en ella o quería que pasara vergüenza, sea cual sea el plan de su amiga, funciono.
—Sí, estoy bien, es solo unas cosas de rutina, ya sabes —dándose cuenta—. ¿Y la tienda?
—Alice me está cubriendo.
*Hay que recalcar que al ser casi navidad la tienda estaba al borde del colapso, por lo que Growney quería matar a Jaden, continuemos*
Después de esperar por una media hora a que Danielle saliera de su “revisión”, la verdad era que Elizabeth había sido muy ambigua, pero fue muy poco lo que necesito para que él se decidiera para ir por ella. Cuando la vio un poco decaída saliendo, su mente se quedó en blanco, tenía planeado invitarla a comer y que le contara como le había ido, pero todo estaba muy silencioso, incluso se sentía incómodo en esa situación.
—La verdad es que fui al psicólogo.
Jaden agradeció que ella hablara primero, pero se había quedado tan o más en blanco que antes.
—Lo cierto es que he estado yendo desde hace un tiempo, creo que desde que me mude a Londres —sonriéndole, para rápidamente apartar la mirada.
—Yo no…
—Tranquilo, te lo digo porque somos amigos y no hay nada de qué avergonzarse en cuanto a ir con un psicólogo —declaró aun dudosa de sí misma—. Aunque sigue siendo un poco raro decírselo a otra persona.
—Es normal, además deberías de estar tranquila, toda la gente que conozco en general necesita ir al psicólogo, principalmente mi hermano, pero su padecimiento es de psiquiatra —aquella afirmación tan segura hizo gracia a Danielle—. Por eso, tranquila, seguro lo estás haciendo bien.
Su mano casi por costumbre se fue a su cabeza, la movió un poco, Danielle deseaba que no tuviera los guantes puestos, pero así estaba bien.
—Si quieres vamos a comer, tengo hambre.
—Me leíste la mente.
Algo que Jaden había aprendido al pasar tiempo con ella es que comía por estrés, preocupación o para olvidarse de sus problemas. Si querías agradarle a Danielle, dale algo delicioso de comer.
Terminaron en un restaurante pequeño del centro, escondido entre tiendas más grandes, pasando desapercibido para la mayoría de turistas y locales. Ambos se quitaron los abrigos y pidieron sopa, pan, guarniciones, bebidas para entrar en calor y unos buñuelos de postre.
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Editado: 03.04.2026