25 de diciembre, Navidad.
Morgan Jackson era una mujer inteligente, ruda e intimidante en el mundo donde se movía. Era una abogada mercantil, encargada de multinacionales y negocios de alto calibre. Una estadounidense que se graduó con honores en la universidad de Chicago y haciendo una especialización en derecho mercantil en Inglaterra, trabajando en el bufete de abogados más grande de Reino Unido, era el terror de los juzgados de Londres y Chicago. Ella es la madre de Logan.
Se habían reunido para la cena navideña de ese año, ella estaba muy ocupada asistiendo a juntas de trabajo y en el manejo como la dueña de su despacho de abogados en Chicago.
Mientras que ella se encontraba leyendo unos documentos en el salón, Lui el gato pasaba por sus piernas, como si le resultaran conocidas. Logan estaba terminando de cocinar la cena, pavo relleno, papas asadas, además de diferentes salsas y acompañantes. Al servir la mesa Logan sacaría una botella de vino que había comprado especialmente para ese día.
—Todo se ve delicioso hijo —dándole un beso en la mejilla antes de sentarse en el comedor.
Morgan no era una mujer sentimental, pero ya estaba entrando en años, había tenido a su hijo a los 37 años como un embarazo de alto riesgo, ya con 60 años su imagen se había suavizado como para mostrarle su aprecio. Pero no pensaba retirarse aun de su profesión.
Logan se tomaría un momento antes de comer para ver a su madre, su maquillaje seguía pulcro como siempre, su cabellera pelirroja ahora tenía unas cuantas canas, su atuendo era el de una mujer profesional. Ella seguía siendo tan hermosa como siempre.
—Madre, ¿Cómo van las cosas en Chicago? ¿Los abuelos?
—Tu abuela está enferma, entendió porque no podías ir, le tuve que dar una foto tuya para que se alegrara. Tus tíos están igual de fastidiosos, tus primos muy grandes, todos quieren venir a tu graduación el siguiente año, y por favor no me hagas de hablar de trabajo —ya se había quitado los lentes para leer y ahora lentamente comía su cena.
—Puedo arreglar algunos asientos para que mis tíos y tu puedan asistir, ya en la reunión post graduación vería a todos los demás —propuso recibiendo una mirada satisfactoria de su madre.
—Hijo, ¿Tu padre va a ir?
Morgan miraría atenta los movimientos de su hijo, que lentamente se irían deteniendo. Él la miraría sin ánimos de hablar sobre ese tema.
—Él no me ha hablado.
—Eso no significa que tú no puedas ponerte en contacto, Logan, ya han pasado cuatro años de eso —su madre suavizo lo más que pudo su voz—. Entiendo tu postura, entiende la mía.
—Ese hombre no es mi padre… Sabes lo que me hizo.
Logan la miraría a los ojos, a esos ojos verdes que había heredado. Tenía ganas de mandar al diablo todo, pero tenía que comportarse con ella.
—Te recuerdo que yo también lo hice, lo consentí y lo permití, me culpo por todo lo que paso en ese tiempo —sin dejar de verlo suspira—. Tienes que hablar con él.
—Lo único bueno que hizo por mí es darme este lugar —apretando los cubiertos en sus manos.
—Entonces usa eso como excusa para verlo, él vive aquí en Londres, yo vengo dos o tres veces por año, debes tener mejor relación con ese cascarrabias —riéndose de su propio consejo—. Ahora debería de ser más fácil, se jubiló.
Logan parpadearía sorprendido. ¿Su padre jubilándose?
—Una verdadera sorpresa, al parecer su esposa lo obligo a hacerlo, ya tiene 64 años, es un anciano terco —sonriendo toma su copa de vino—. Este es tu momento para acercarte, aunque él no quiera, intenta con su esposa.
—Ella no querrá que el hijo de su antigua relación lo vaya a ver…
—Esa mujer es mejor que yo en ese sentido, así aprovechas y conoces a tus hermanos, tienes un hermano menor y un hermanastro, no debes estar solo, cariño eres tan bueno… Saliste demasiado bien para el desastre que fueron esos años —a Morgan le temblaría el labio inferior mientras decía la última parte.
De solo recordar su infancia a Logan le dolía el estómago y le quitaba el apetito, pero por su madre siguió comiendo poco a poco hasta terminar su cena.
~
Logan se mantenía despierto viendo algo en la TV, una película navideña común en la época, un clásico tal vez, solo que no le estaba prestando atención. Después de la cena, Morgan se retiraría a la habitación de invitados a descansar, pasaría dos días ahí antes de regresar a Chicago.
Pensar en su infancia era horrible, había lujos, una enorme casa, personas trabajando para ellos, había dinero. Pero no había nada más. Nació bajo el apellido Griffin, al tener problemas de acoso en un colegio privado tuvieron que cambiarlo al colegio donde conoció a Jaden; el acoso no disminuyo, pero al menos tenía un amigo.
No tenía juguetes, sufría de sobrepeso, aprendió francés y alemán a edad muy temprana, con eso clases especializadas, historia, matemática, cualquier clase extracurricular que hubiera, él la vería. Su único consuelo fueron las clases de arte. Luego con la adolescencia vino el divorcio de sus padres.
Sus padres no eran la pareja más amorosa, Logan lo sabía desde hace años; ellos se odiaban.
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Editado: 15.04.2026