Maeve
Aún siento las manos de Ares sobre mis lágrimas sin decir nada, pero su silencio pesa más que cualquier palabra de consuelo que haya escuchado antes. Permanezco apoyada en la pared, tratando de recomponerme mientras mi corazón sigue latiendo con fuerza. Nunca había sentido que alguien se preocupara por mí de esa manera. Y aunque no comprendo del todo la razón de su preocupación, algo en su mirada me transmite que no estoy sola. Por primera vez en mi vida puedo respirar con un poco más de tranquilidad. El aula, las risas y los comentarios hirientes todavía siguen en mi mente, pero ahora hay algo que me sostiene: la certeza de que alguien ve lo que otros pasan por alto.
Me doy cuenta de que siempre he vivido un poco ajena a todo, como si me hubiera faltado un manual básico para aprender a quererme.
Nadie me enseñó cosas tan sencillas como mirarme sin desprecio o pensar que merezco ocupar espacio, en ocasiones me he llegado a sentir transparente. Mi madre siempre estaba cansada, siempre trabajando, siempre con prisa
No era mala, pero tampoco estaba en los momentos más básicos de mi vida. Donde cada etapa de ella, mi madre se la ha perdido y aunque trato de esforzarme por comprenderla, no consigo salvo enfadarme y guardar silencio porque nada de lo que le diga hará que cambie de opinión.
Aprendí pronto que era mejor no molestar, no pedir, no necesitar demasiado.
Con el tiempo empecé a hacerlo todo sola.
A vestirme sin llamar la atención, a hablar poco, a encogerme cuando alguien levantaba la voz.
Me convencí de que ser independiente significaba no ser una carga.
Que si no pedía cariño, me dolería menos no recibirlo. Las palabras hirientes de otros solo confirmaban lo que llevaba años pensando: que había algo mal en mí.
Por eso la torpeza me acompaña siempre, como una sombra. No sé cómo moverme, cómo defenderme, cómo ser yo sin pedir perdón por existir. Y sin embargo, ahora, apoyada contra esta pared fría, con Ares cerca, siento algo distinto. No es valentía todavía, pero sí una pequeña grieta en el miedo. Una sensación nueva que me dice que quizá no soy invisible. Que quizá no estoy rota.
No hablamos. No hace falta. Su presencia es suficiente para que el peso en mi pecho afloje un poco. Y por primera vez, aunque sea solo por un instante, dejo de sentir que estoy sola en el mundo.
De repente mis ojos se posan en una chica negra que camina con una gran confianza .
Su afro adornado con mechas rubias , resalta su belleza y la hace destacar entre la multitud.
A su paso roba la atención de todos a su alrededor,sin embargo todos la miran con admiración.
Algunos la observan con desdén y odio, pero ella parece ajena a esas miradas de rechazo y continúa su camino con la elegancia y seguridad de una modelo .
En ese momento Ares se vuelve hacia a mí y me cuenta que la chica ha sufrido mucho bullying a lo largo de cuatro años principalmente debido a su color de piel y su pelo que ha sido objeto de burlas.
A pesar de eso , ella ha aprendido a no dejarse afectar por esos comentarios y protegerse .
Ares me lanza una mirada que dice mucho como sí quisiera que entendiera la fortaleza que hay en ella.
—Necesitas escuchar tu voz para ser fuerte alzar la voz y convertirte en alguien como ella. Sé que tienes miedo de pedir justicia pero no puedes quedar en silencio, también sé que el director no va a hacer nada sin embargo podemos subir a las redes sociales contando bullying que estas sufriendo.—Me quedo callada pero de repente el profesor Rivas se acerca a nosotros y nos pregunta qué ha pasado esta vez .
Ares le explica al profesor Rivas los detalles sobre cómo me humillaron llamándome negra con una mensaje en la pizarra deseándome la muerte como si mi existencia fuera un error.
El profesor aprieta los labios y baja la mirada por un momento.
No dice nada de inmediato pero en su silencio se perciben la rabia y la vergüenza ajena y nos dice:
—Quiero que sepan que estoy con ustedes pero no puedo intervenir de forma pública.
Necesito conservar mi trabajo.
Lo observamos comprendiendo la situación y Ares me lanza una mirada que más de lo que las palabras podrían.
Yo asiento comprendiendo que no hace falta hablar más, sé que aunque no se pueda hacer nada ahora no estoy sola.
El profesor Rivas se despide de nosotros y se aleja por el pasillo.
Quedamos solos con todo lo que no se ha expresado flotando entre nosotros.
Apoyo la cabeza un instante cerrando los ojos.
—¿Qué ocurre —Pregunta en voz baja .
—Tengo educación física —Respondo sin mirarlo .
Solo mencionarlo me tensa los hombros, sé lo que implica esa clase.
Miradas ,risas , cuerpos que juzgan sin permiso y Ares no dice nada pero permanece a mí lado un segundo más como si pudiera ofrecerme algo de fortaleza .
Me mira y dice:
—Te acompaño a la educación física.—Su voz es serena pero decidida y siento cómo un poco de peso se descarga de mis hombros .
Así que caminamos juntos hacia la educación física ,al llegar me dice .
—Estaré aquí cuando salgas— su presencia me brinda un poco más de tranquilidad mientras entro al aula con la certeza de que no estoy completamente sola.
Algunos compañeros emiten risitas bajitas , otros murmuran entre sí mientras dejo mi mochila en una esquina , cerca de la pared.
Mis compañeros ya están repartidos , algunos calentando, otros están hablando en grupo.
Siento sus miradas incluso antes de que alguien hable y aprieto los labios , recordando días pasados llenos de burlas.
Después me coloco al grupo y el profesor comienza los ejercicios de calentamiento .
Mis piernas se mueven de manera mecánica mientras mis ojos buscan un punto fijo para no sentir tantas miradas sobre mí.
Al darme la vuelta para seguir los movimientos de la profesora ,me doy cuenta de que alguien en la clase me mira con curiosidad.