Tejidos de gritos de silencio

capitulo 6 protegiendo lo que importa

Ares

Estoy sentado en mi habitación, frente a la mesa, con la mirada clavada en la pantalla del móvil. No se mueve. Yo tampoco.
El silencio pesa demasiado, como si aplastara el aire. No logra calmar nada; al contrario, deja que los pensamientos se amontonen sin orden en mi cabeza.
En Facebook sigue ahí el mensaje de Maeve. No necesito abrirlo para saber lo que dice. Su miedo. Su angustia. La forma en la que me escribió confiando en mí, aun sabiendo que ahora no puedo estar a su lado.
Lo leo una y otra vez. Y cada vez el nudo en el pecho se aprieta un poco más. Es frustración. Es rabia. Es esa sensación de impotencia que nunca había sentido tan fuerte como ahora, sabiendo que haría cualquier cosa por protegerla… y aun así no estar allí.
Aprieto los dientes. No puedo quedarme quieto.
No puedo permitir que piense que está sola.
Hago la videollamada.
Cuando aparece en la pantalla, lo noto al instante: sus manos tiemblan. Su voz vacila al principio, pero en su mirada hay algo firme, algo que intenta no romperse. Ahí entiendo de verdad cuánto está sufriendo.
—No estás sola —le digo—. Nunca lo has estado.
Y lo digo en serio. Necesito que lo sepa.
Justo cuando voy a añadir algo más, la pantalla se queda en negro. Maeve ha colgado. El pecho se me encoge por un segundo, aunque sé que no me ha apartado… solo necesita respirar.
Respiro yo también..

No puedo dejar que esto permanezca así y recojo todo lo que sé de ella: sus silencios ,su mirada que a veces se oculta del mundo,su sonrisa que intenta mantenerse firme ante todo .

Y ahora esto , me hiere como si fuera mío pero también sé algo que no está sola y nunca lo estuvo aunque no siempre lo note.

Recibo la notificación de Maeve y mi corazón late más rápido.

Un vídeo ella la ha publicado y sin pensarlo hago clic .

Veo su cara,su voz titubeando al principio pero firme y cada palabra me impacta.
A la vez siento una combinación de orgullo y enojo.
Orgullo porque se atreve a expresar su experiencia , enojo Porque alguien le ha hecho daño.
No puedo quedarme de brazos cruzados y sé que debo actuar, no solo como amigo sino también como alguien que la apoya y la protege .
Reviso cada comentario, cada perfil que aparece en la publicación.
No puedo permitir que esto quede sin consecuencias.
Cada detalle es importante: nombres, fotos, horarios de actividad .
Cualquier pista puede resultar útil .
Abro varias pestañas,comparo perfiles,busco conexiones y patrones.
Algunos comentarios son anónimos mientras que otros presentan cierta información .
Anoto mentalmente todo lo que pueda ser de ayuda y la rabia se combina con la concentración .
No se trata solo de un vídeo viral ,es alguien intentando hacerle daño a Maeve y no voy a quedarme de abrazos cruzados .
Cada pequeño descubrimiento me acerca un paso más a saber quién fue.
Busco coincidencias y al mismo tiempo analizo publicaciones .
La idea de que alguien se atreva a perturbar su paz me motiva a no rendirme .
Aunque no pueda estar físicamente a su lado en este momento,el saber en que puedo actuar y protegerla desde aquí.

No está sola y haré todo lo que esté a mi alcance para demostrarlo.

Oigo la voz de mi hermano llamándome desde la otra habitación .

Me levanto y salgo de habitación caminando hasta su habitación.

Entro y al verme, me dice con una sonrisa:

—Tengo hambre .

Le pregunto qué desea comer mientras reflexióno sobre cómo organizarme para seguir investigando y proteger a Maeve.

—Un sándwich estaría bien —Me responde moviendo la cabeza con firmeza.

Asiento con la cabeza y salgo de la habitación mientras camino hacia la cocina,no puedo dejar de pensar en el video de Maeve que circula en Facebook.

Cada detalle que recuerdo me da una idea de por dónde empezar a descubrir quién está detrás .

Al entrar me doy cuenta de que la despensa está casi vacía. Preparo un sándwich con lo poco que queda y se lo llevo a Leo lo llevo notando cómo su mirada sigue mis movimientos con interés .

—Gracias, hermano —Me dice mientras agarra el sándwich y comienza a comerlo poco a poco .

Me quedo con Leo hasta que termina y él me pregunta si puedo contar un cuento .

Le digo que si y a la vez me acomodo a su lado al mismo tiempo comienzo a contar con tranquilidad.

Había una vez un pequeño dragón que no podía volar como los demás.

Cada vez que lo intentaba caía al suelo y se sentía muy triste.

Pero un día decidió explorar el bosque cercano y descubrió que nadaba mejor que nadie.

Así se dio cuenta de que tenía un talento único que lo hacía especial.

Leo me escucha con atención, fascinado .

El dragón se sintió feliz porque comprendió que no siempre es necesario compararse con los demás.

Todos poseemos algo que nos hacen únicos, aunque sea distinto.

Al terminar el cuento sonrio al ver cómo los ojos de Leo brillan de emoción .

Leo guarda silencio durante unos segundos como si aún estuviera metiendo en el mundo del cuento.

Luego alza la mirada hacia mí y sonríe

—Ojala todas las personas recuerden que no están como el protagonista —Dice con naturalidad.

Sus palabras me sorprenden y no menciona nombres pero tengo claro que en mi mente esta Maeve y él

—Tú siempre ayudas a los demás ares —Añade.

—Yo confío en ti

No sé qué decir por un momento y solo le acaricio el pelo con cuidado y asiento con la cabeza.

No se imagina cuánto necesitaba oír precisamente eso.

Justo ahora mismo sigo tumbado al lado de Leo, mirando el techo desconchado de la habitación, contando mentalmente las grietas como si eso pudiera ordenar el caos que llevo dentro. Él duerme a ratos. Yo no puedo. Cada vez que cierro los ojos, la imagen vuelve: Maeve, su no, es uno que aprieta el pecho.
Mi móvil vibra sobre la mesa. El mensaje de Maeve sigue ahí, intacto, como una herida abierta. No necesito abrirlo para saber lo que dice; ya lo he leído demasiadas veces. No son solo palabras, es la confianza que ha puesto en mí, el vínculo que hemos construido sin promesas, sin etiquetas, solo estando.
Me incorporo despacio para no despertarlo y agarro el teléfono. El vídeo sigue circulando. Comentarios. Burlas. Gente que no sabe nada hablando como si tuviera derecho.
Aprieto la mandíbula.
No voy a quedarme quieto.
Me levanto con cuidado de no hacer ruido y me pongo la chaqueta. Antes de salir, miro un segundo hacia la habitación de Leo. Duerme tranquilo. Eso me da fuerzas.
Bajo un par de pisos y llamo a la puerta del vecino que entiende de informática. Siempre está rodeado de cables, pantallas viejas y olor a café recalentado. Tarda unos segundos en abrir.
—¿Qué pasa, chaval? —me pregunta, rascándose la barba.
—Necesito tu ayuda —le digo sin rodeos—. Es por… una amiga.
Me observa unos segundos, como midiendo mis palabras.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.