Capítulo 1: De Gigantes a Influencers
Habían pasado tres meses desde que las luces de Pequeños Gigantes se apagaron. Para Kenneth, la vida después del programa fue un verdadero torbellino: entrevistas aquí, fotos allá, mensajes que no dejaban de llegar. En la calle lo reconocían, le pedían selfies, le gritaban "¡Canta algo!" desde el otro lado de la banqueta.
Su celular vibraba todo el día, como si no supiera estar en silencio y aun así... algo no estaba completo. Aquella tarde estaba sentado en la orilla de su cama, con el cuarto iluminado por la luz del atardecer que se colaba por la ventana; deslizaba el dedo por TikTok, leyendo comentarios que lo hacían sonreír sin darse cuenta.
"Kenneth, canta otraaaa." "Extrañamos a los Gigantes." "Eres increíble."
Dejó el celular sobre la almohada y soltó un suspiro largo, mirando al techo.
Kenneth: —¿Qué me falta? ¿Eh? —murmuró para sí mismo—. Sí, se supone que todo está bien. —Se quedó en silencio unos segundos; entonces, como si un foco se prendiera dentro de su cabeza, se incorporó de golpe. —¡Ya sé! —dijo, con una sonrisa que le iluminó la cara—. Un canal de YouTube... ¡Claro! Retos, canciones, gameplays, de todo. —Ya se estaba emocionando cuando la sonrisa se le aflojó un poquito, aunque sentía que aún le faltaba algo más para ello; entonces pensó. —Quizás un nombre artístico, uno por el que todo el mundo me conozca. —Luego de pensar en posibles ideas, finalmente se le ocurrió algo: "Kenneth Lavíll", suena sencillo pero genial... —Se rascó la nuca—. ¿Y si no es lo mismo hacerlo solo? —Sin querer, una imagen apareció en su mente: Cyrus, muerto de risa después de un ensayo, haciendo bromas, cantando a su lado como si todo fuera más fácil cuando estaban juntos. Kenneth tomó el celular sin pensarlo. —Pues obvio... —Sonrió—. ¿Con quién más si no? —Pulsó el botón de videollamada.
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En otra ciudad, Cyrus estaba recostado en el sillón, con el celular en la mano y la tele prendida sin volumen; había pasado la tarde hablando con Dilan por mensajes, recordando cosas del programa, riéndose... y extrañando. Cuando sonó la notificación, frunció el ceño, vio el nombre en la pantalla y el corazón le dio un brinco.
Cyrus: —¿Kenneth...? —susurró, sonriendo antes siquiera de contestar. La cámara se encendió y ahí estaba él, Kenneth, igual de expresivo, igual de vivo, como si el tiempo no hubiera pasado.
Kenneth: —¡Cy! —saludó Kenneth levantando la mano—. ¿Cómo andas, bro?
Cyrus: —¡No inventes! —rio—. Pensé que ya te habías olvidado de mí.
Kenneth: —¿Olvidarte? —abrió los ojos—. ¡No manches! Si eres mi hermano, eso no pasa. —Cyrus sintió ese calor familiar en el pecho.
Cyrus: —¿Qué onda? Te ves bien.
Kenneth: —Gracias... oye, te voy a decir algo, pero en serio, ¿va? —Cyrus se incorporó en el sillón.
Cyrus: —A ver, ya me asustaste. —Kenneth respiró hondo.
Kenneth: —Quiero abrir un canal de YouTube. Así bien hecho, retos, covers, videojuegos, lo que se nos ocurra... pero no quiero hacerlo solo. —Cyrus parpadeó.
Cyrus: —¿Cómo que no solo?
Kenneth: —Quiero hacerlo contigo, bro —dijo, directo—. Tú y yo siempre hacemos buen equipo. Imagínate: los dos, juntos, siendo nosotros. —El corazón de Cyrus empezó a latir más rápido.
Cyrus: —¿Conmigo... neta?
Kenneth: —Claro —respondió sin dudar—. ¿Con quién más? —Hubo un silencio corto.
Cyrus: —Pero... vivo lejos —dijo, bajando un poco la voz. Kenneth se encogió de hombros, confiado.
Kenneth: —Pues vente pa' acá. Convence a tu tía Lety, seguro te apoya; dile que yo te cuido. —Sonrió—. Además, esto apenas empieza. —Cyrus soltó una carcajada nerviosa.
Cyrus: —Estás loco... —dijo, pero no pudo evitar sonreír—. Pero lo voy a intentar.
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Esa noche, Cyrus habló con su tía. Ella escuchó con atención, vio la emoción en sus ojos y, después de pensarlo un poco, sonrió.
Tía Lety: —Está bien, mi niño —dijo—. Pero te portas bien. —Cyrus la abrazó con fuerza. Sentía que algo grande estaba por comenzar.
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Una semana después, un taxi se detuvo frente a una casa en una calle tranquila. Cyrus bajó con la mochila al hombro, mirando todo con curiosidad. Cuando levantó la vista, lo vio; Kenneth estaba ahí, parado frente a la puerta, sonriendo como si el mundo entero estuviera bien.
Kenneth: —¡Sí! —gritó, corriendo hacia él. Cyrus soltó la mochila y corrió también; se abrazaron fuerte, sin decir nada al principio, como si en ese gesto se resumiera todo el tiempo separados. —No sabes cuánto te extrañé —dijo, riendo bajito.
Cyrus: —Yo más... —respondió—. Esto se siente increíble. —Kenneth lo miró con esa complicidad que siempre había existido entre ellos. La tía Lety le hizo una señal a Kenneth de que cuide de Cyrus; luego de que Kenneth le dijo que todo estaría bien con alegría, la tía Lety volvió al auto, al departamento donde se iba a quedar cerca de aquí.