Temu el comepiratas

Empiezo mi aventura...en un barril

Ahí estaba yo, encerrado en un barril sin rumbo alguno. Claramente ¿Quién estaría viajando a algún lugar en un barril? Pero esto no podía continuar.

Unos marinos pescaron, por así decirlo, mi hermoso barril. Cuando lo levantaron y lo pusieron en la cubierta, recién se dieron cuenta de que era muy pesado, y ahí empezaron las preguntas.

—Oye, Robert, ¿no te parece que este barril es demasiado pesado para estar a la deriva? —dijo uno a mi izquierda—. Solo espero que no sea una de esas criaturas raras que nos hizo tirar al agua el capitán. Vomitaría si vinieran por venganza.

—Eso es exagerado. Las acabamos de tirar hace una hora, es prácticamente imposible que ya hubieran vuelto de su “viaje” —respondió Robert.

—Bueno, ¿y si vemos qué hay dentro? —dijo el primero.

—Ahhh, claro, Julien —respondió con sarcasmo—. ¡Obvio que no! Si yo fuera el capitán, te tiraría solo por escuchar eso.

Ese Robert me caía mal. Yo odio el sarcasmo.

—Solo una ojeada —dijo Julien, levantando la tapa.

Sabía que mi identidad de barril solitario no iba a durar mucho. Me preparé para noquearlos. Además, después de tanto tiempo ahí dentro, ya me moría de ganas de estirar las piernas.

—No digas que no te avisé, Julien —dijo Robert.

En ese instante, salí disparado.

—¡ESOOOOOO! —grité con mis cinco pulmones a los cuatro vientos.
Mala idea, mala idea.

—¡AHHHHHH! —gritaron Julien y Robert, retrocediendo—. ¡AYUDA, UN MONSTRUO!

—¡QUIEN LO DICE, LO ES! —respondí, y usé la mínima cantidad de Flujo Vital para mandarlos a volar.

El alboroto llamó la atención. De repente, todos los marinos del barco estaban sobre mí. Me asusté, no por ellos, sino por la reprimenda que me llevaría al ser descubierto.

—¡ATRÁPALO! —gritó un tipo enorme, más musculoso y alto que los demás.

Sin pensarlo cinco veces (porque si lo pensaba cuatro, no lo hacía), lo golpeé y lo hice trizas. No lo maté, pero su ego quedó destruido.

Decidí huir, no porque no pudiera con ellos, sino porque no quería llamar demasiado la atención. Eso arruinaría el plan de ella. Y yo jamás pondría en riesgo mi libro.

—¡ADIOOOOOOS, AMIGOS! —les grité a mis nuevos compadres.

Salté del barco. Mala idea. Me reí. Mala idea.

Me hundí enseguida. Como tengo estos poderes, no puedo nadar. Empecé a gritar y a desesperarme, pero recordé lo que mi amiga me dijo: mantener la calma.

Mi “maldición” no era que no pudiera nadar, sino que, al entrar en pánico, olvidaba cómo hacerlo. Así que solo logré flotar.

Por suerte, ella me salvó de ser acorralado por los marinos. Honestamente, le debo mucho. Me esperaba en el muelle, con cara de poto más grande que una pelota de básquet.

Ella siempre me regaña cuando me descubren o golpeo gente sin motivo durante sus planes. Y, como era de esperar, me regañó.

—Ni yo puedo creerlo, Temu. ¿Qué hubiera pasado si te atrapaban?

—Tranquila, Sam, no es para tanto. Ni siquiera creo que alcanzaran a tomarme foto, así que no corremos peligro.

—¡Lo peor es que SE ME MOJÓ LA ROPA yendo a salvarte!

—¡Lo siento, Sam! —cuando grita es mucho más intimidante que yo.

Teniendo en cuenta que yo e intimidar no entramos en la misma oración.

—Bueno, vámonos a ese restaurante que mencionaste, para mejorar mi humor.

Cuando dijo “restaurante”, se le iluminó la cara.

Tras caminar 10 kilómetros, llegamos. Yo estaba normal, pero Sam sudaba a mares: odia caminar.

Ironía. La persona que odia caminar elige el restaurante más lejos posible.

¡Y qué sorpresa! Mi mala suerte nos llevó a toparnos con el gigantón que había gritado “¡ATRÁPALO!”.

—Tú, niño del sombrero —me señaló—. Estás arrestado.

—Ah… —me puse nervioso.---¿Qué sombrero?

—¿Qué tienes con Temu, gigante barrigón? —dijo Sam, interponiéndose.

Agradezcamos a Sam por su intervención.

—¡Fuera de mi camino! —le dijo, y la golpeó, dejándola en el suelo.

Eso me encendió.

Lo golpeé con tanta fuerza, sin calcular el Flujo Vital, que le rompí el cuello.

Mala idea, mala idea.

Me quedé paralizado.

Sam se levantó y al verme, gritó.
—¡TEMU! ¿Qué rayos hiciste?

—¡No pretendía matarlo! ¡Solo quería noquearlo! ¡No fue mi culpa!

—¡Está muerto! Se supone que íbamos a ser piratas pacíficos, pero tú… ¡LARGO, VETE DE AQUÍ!

No podía culparla.

Sam estaba enojada y asustada.

Y justo entonces apareció el vice capitán: Julien. Al ver el cadáver, gritó:
—¡CAPTURENLO!

Yo miré a Sam, esperando apoyo, pero ella desvió la mirada con lágrimas en los ojos. Eso fue la gota que derramó el vaso.



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En el texto hay: poderes, identidad, legado

Editado: 28.06.2026

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