Tenazas de Nantes.

Capítulo Único.

Relato corto e independiente.

"El Parte" - Radio Nacional
de
España

Fecha: Sábado, 3 de mayo de 1947
Lugar: Barcelona
(Receptor de válvulas; luz ámbar temblando en la penumbra del comedor. Olor a polvo caliente y madera encerada.)

(Sintonía marcial: cornetas y redobles de tambor. La música se desvanece lentamente. Crepitar de estática de onda media.)

LOCUTOR (voz grave, medida, impostada):

- Radio Nacional de España.
Estación Escuela de Radiodifusión.
¡Saludo a Franco! ¡Arriba España!

(Breve pausa solemne).

- Buenos días, españoles.
Les habla Fernando Fernández de Córdoba, desde nuestros estudios.

Continuamos informando sobre las inquietantes noticias que, desde hace semanas, nos llegan del litoral atlántico francés, concretamente del puerto de Nantes. Las autoridades marítimas de la vecina nación mantienen abiertas sus investigaciones tras la desaparición de diversas embarcaciones mercantes y pesqueras.

(Ligero crujido de estática.)

Los informes son escasos. Los datos, fragmentarios. El desconcierto, absoluto.

Según la Prefectura Marítima, los incidentes se producen en condiciones de mar aparentemente estable. No hay tormenta previa. No hay señales de abordaje. No hay restos flotando más allá de tablones dispersos y redes desgarradas como si hubieran sido arrancadas por una fuerza desmedida.

Los pocos supervivientes, hombres curtidos por el salitre y la fatiga de los años en cubierta, coinciden en un relato que desafía la razón y hiela la sangre.

Hablan de una irrupción súbita.
De un golpe seco bajo el casco.
De un estremecimiento que recorre la quilla como un latigazo invisible.

Y después...

(Pausa larga.)

...la visión.

Describen una masa colosal emergiendo entre espuma y sargazos. Una forma oscura, cubierta de algas y detritos marinos, que se alza por encima de la borda con violencia mecánica, casi industrial. Algunos mencionan apéndices gigantescos que se cierran con estrépito. Otros hablan de un caparazón rugoso que refleja la luz gris del amanecer como hierro mojado.

Ninguno logra ofrecer una imagen precisa.
Todos coinciden en el terror.

(Se escucha el roce leve de papeles.)

Las cancillerías de París y Londres observan la situación con creciente inquietud. La prensa internacional especula sin descanso: ¿se trata de una especie desconocida para la ciencia moderna? ¿Un animal abisal desplazado por corrientes o experimentos recientes? ¿O es, acaso, uno de esos misterios marinos que la razón humana prefiere no nombrar?

Permítaseme una licencia -apenas una sonrisa discreta en medio de tanta zozobra-: algunos columnistas británicos han llegado a sugerir que el célebre monstruo del Lago Ness habría abandonado las aguas escocesas en busca de horizontes más vastos.

(Risa breve, seca, contenida. Inmediatamente recupera la gravedad.)

Sea cual fuere la verdad, el Atlántico guarda silencio.

Mientras tanto, España permanece vigilante. Nuestros puertos continúan su actividad con normalidad y confianza, pero no se pierde de vista cuanto acontece más allá de nuestras fronteras. El mar, que tantas glorias y desventuras ha traído a nuestra historia, vuelve a recordarnos que bajo su superficie laten fuerzas que el hombre aún no domina.

Cuando la bruma se disipe y la verdad emerja -si es que emerge-, Radio Nacional de España se lo comunicará con la fidelidad y serenidad que nos caracteriza.

Permanezca en la escucha.

(Redoble de tambor suave. Regresa la sintonía marcial. La estática se impone lentamente.)

La radio fue apagada con un chasquido seco.

El zumbido residual de las válvulas murió lentamente, dejando en la habitación un silencio espeso. Afuera, Nantes respiraba un mediodía gris. La luz entraba oblicua por las ventanas altas del cuartel policial, filtrada por un cielo plomizo que parecía presagiar tormenta.

En el despacho principal, el jefe de policía Jean Dubois permanecía de pie junto al escritorio, la mandíbula tensa. Frente a él, sentado con impecable compostura británica, el oficial de enlace Hellen Wood sostenía una taza de té humeante, como si el mundo no estuviera perdiendo barcos.

El humo del tabaco flotaba en capas.

-¿Lo ha oído? -dijo Dubois, sin mirarlo aún-. España. Italia. Incluso Suiza se permite opinar. -Se giró finalmente-. ¿Qué sigue? ¿Los americanos enviando una flota para "investigar"?

Wood sopló el té antes de responder.

-La prensa exagera. Siempre lo hace.

-La prensa no inventa desaparecidos, Wood. -Golpeó con los dedos un informe sobre la mesa-. Cinco embarcaciones en tres semanas.

Wood dejó la taza en el platillo con un leve tintineo.

-Los supervivientes afirman que lo que los atacó tenía caparazón.

Dubois alzó una ceja.

-¿Caparazón?

-Sí. Rugoso. Segmentado. Algunos mencionan "tenazas".

Un silencio breve.

-¿Un cangrejo? -repitió Dubois, incrédulo.

Wood se encogió de hombros.

-Es lo que dicen.

Dubois soltó una risa áspera.

-Un cangrejo no puede partir un casco de roble reforzado. Ni aunque cien se pusieran de acuerdo y votaran democráticamente.

Wood esbozó una sonrisa lateral.

-Entonces proponga usted otra cosa.

Dubois empezó a revolver papeles con brusquedad. Fotografías borrosas. Declaraciones firmadas con manos temblorosas. Croquis apresurados.

-Eso intento -murmuró-. Pero ningún animal coincide con las descripciones.

-Ballenas.

-No.

-Cachalotes, entonces. Son territoriales. Pueden embestir.

Dubois negó con la cabeza, impaciente.

-Francia lleva décadas en la caza de ballenas. Nuestros marineros conocen su comportamiento. Una ballena no emerge envuelta en algas como una fortaleza flotante ni destroza cubierta y mástil con algo que suene... -buscó la palabra- ...a hierro chocando contra hierro.



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En el texto hay: corto, monstruos, aventura

Editado: 12.03.2026

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