CAPITULO 7
ERES MI OSCURIDAD FAVORITA…
ERICK:
Escuchar sus gemidos al son de mis jadeos es como música para mis oídos. Haciendo que mi polla se ponga más deseosa y sus paredes me atraigan más a ella.
Ver gotas de sudor en su frente, sus mejillas ruborizadas y su cuerpo diminuto removerse por más, me hace envestirla cada vez más duro.
-Maldición, Racheel te deseo tanto… - lamo y muerdo su busto, justo como a mí me gusta. Se lo advertí y ella acepto, ahora solo le queda afrontar las consecuencias de sus actos.
-Erick…- gamas me ha gustado tanto mi nombre, como ahora que de sus labios lo exclama y más en gemidos placenteros- esto duele… para…por favor- sus últimas dos palabras lo dice en un susurro que me hace dudar si debo parar, o tal vez no.
-Te lo dije Racheel, tu querías conocer al demonio hambriento… y apenas lo estas conociendo.
Las estocadas se vuelven más desenfrenadas. Ingreso en su cuerpo de una manera desesperada, sus paredes se contraen haciéndome entender que esta apunto de tener su veinteavo orgasmo en esta noche.
-Yo sé que puedes Luxuría, solo déjate llevar.
Uno nuestros labios desesperadamente, me abro paso por su lengua y al hacerlo me recibe con la misma manera que me recibió en su coño.
Mi mano baja por todo su cuerpo hasta llegar a su clítoris palpitante. Al tocarlo con mi pulgar, Racheel no para de gemir y maldecir.
-Te odio y te deseo demonio… maldita sea eres mi oscuridad favorita- sus dedos dejan de aruñar mi espalda y pasan a mis brazos tomándolos con desespero. El ardor se hace presente, pero mi mente nubla el dolor convirtiéndolo en lujuria pura.
Como si de una competencia se tratarse de la cual ganamos ambos, llega el orgasmo. Siento como de sus muslos se desborda nuestros jugos.
Emos estado follando toda la noche, que puedo ver como esos parpados se cierran poco a poco.
-Estas preparada para otro orgasmo…- la pregunta la hago con ironía porque se que sus fuerzas se han acabado. Al oír mi propuesta, suelta un manotazo en mi hombro, yo solo río ante tal acción.
-Ni en tus sueños pervertido.
Dejo mi rostro cerca de su oído y cuello, exactamente para que sienta mi calor.
-Y saber que este pervertido te llena de placer…
-Enserio te detesto- une nuestros labios tomando el control de la situación.
-No dices lo mismo cuando me tienes dentro de ti pequeña.
-Follame ya, Erick…
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RACHEEL:
Despierto de mi sueño placido al mover mi cuerpo de posición, pero lo hago porque el dolor en mis músculos es tan estúpidamente doloroso.
¡Maldito animal que solo piensa con la polla, que me hizo!
-Agh…- el dolor en mi vientre es tan fuerte que me obligo a pensar en otras cosas para dejar de sentir.
¿Acaso así duelen las contracciones?
NO. Me digo a mi misma, concentrándome en lo que sí importa.
Donde está mi demonio… dejo aquellos pensamientos al escuchar la puerta del baño abrirse.
-Así que ya despertó mi bella durmiente- juro que si no se calla de una puta vez me levantare con las fuerzas que no tengo y lo matare- ¿Cómo te sientes…?
Lo que faltaba, ahora quiere que le diga cómo me dejo. No le basta con verme, apenas dormí unos minutos antes de que amaneciera debido a que este demonio no dejaba de penetrarme una y otra vez.
Lo odio porque a pesar de sentir que me iba a morir en ese momento al sentir tanto dolor y excitación, me gusto. No quería que pare, hasta llegue a suplicar por más y él obviamente como el pervertido que es, no se contuvo.
Porque soy tan masoquista, no lo era, eso está demasiado claro, pero desde que Erick llego a mi vida a cambiado algunas cosas y apenas nos conocemos unos días.
Y ahora la que esta sufriendo las consecuencias de esa noche que tanto añoraba que suceda de nuevo, soy yo.
Giro mi rostro para verlo de frente, grabe error.
Se encuentra levemente recostado en el umbral de una puerta que no tengo idea a donde va. Lleva solo unos jeans amplios y desgastados, lo que le da una apariencia sencilla, casi despreocupada.
Se nota a leguas que trabaja mucho para el físico definido que tiene, sus músculos dan mucho de qué hablar sugiriendo que es activo sin necedad de buscar o llamar la atención.
La luz del sol que ya hace por la enorme ventana cae directamente sobre él.
Maldición se ve tan sexi, juraría que, si mi orgullo no me ganaría, suplicaría porque me folle ahora mismo.
Su expresión es seria y tentadora, su vista no deja de examinar todo mi rostro buscando algún rastro de emoción en el.
Nos encontramos en un juego de miradas, donde claramente él gana, pero como no lo haría si el sol resalta los rasgos de su rostro: mandíbula marcada, nariz perfecta y esos labios que con un simple rose en mi zona me hacen suplicar por más.
Su cabello se encuentra despeinado, como si no le preocupara demasiado mantenerlo en orden.
“Acaso es alguna prueba que me están mandando los dioses, porque si es así, ya caí rendida completamente.”
Trato de esconder mis emociones ante el demonio y procedo a hablar.
-No te vasta con verme- exclamo con repulsión, pero como lo haría de verdad si en este momento, mi cuerpo clama el suyo con desespero.
Sí no fuera porque mis piernas que están flácidas ya hubieran corrido a sus brazos tomándolo con mis piernas, aferrándome a sus caderas y enroscando mis brazos en su cuello, estampando mis labios en los suyos con deseo y hambre.
Con un solo paso firme se plantó frente a mí, acortando la distancia que rogaba lo hiciera hace unos minutos.
¡Racheel deja de pensar con las hormonas! ¡No vez como te dejo!
Me digo a mi misma al ver esos labios carnosos y rojos por la bella noche que pasamos juntos.