Tentación Carnal

CAPÍTULO 11

ENTRE LA PAZ Y LA INCERTIDUMBRE

EXTRA

RACHEEL:

Hace unos minutos ya estábamos de regreso en casa. Nos habíamos despedido de Erick y Eloísa y retomamos camino a casa.

Me encontraba en un limbo, entre mis pensamientos y el presente. Me era imposible mantener la vista en la carretera.

Era tan doloroso tener como recuerdo un momento que una y otra vez lo viviría sin importar cuántas veces se repitiese.

Porque aquel momento, simplemente fue único…

Porque aquel momento, solo fue nuestro…

-Reich… ¿Qué sucede? Te estoy llamando desde hace unos segundos. La voz de Kevin hace que mi fatiga desaparezca, esfumándose con cada esperanza de un futuro feliz.

—Si te oía, tan solo quiero llegar rápido a casa. Por un punto era verdad, pero por otro estaba mintiendo.

El motivo era nulo, ya que Kevin estaba al tanto de nuestra relación (Ahora que lo pienso, ¿Qué somos?). Bueno, ahora no quiero pensar en ello, pero, en fin, sí, ya lo sabía porque se lo ocultaba.

—Ajá… —En su tono sarcástico pude captar que no se había creído ni una pisca de mi mentira— Reich, ahora que ambos estamos solos, ¡Me puedes explicar qué carajos estaban haciendo tú y Erick?

“¿Qué no hicimos es la pregunta?”

Se lo quería decir, pero él que tenía que ver con lo que hacía o no hacía en mi vida. Como siempre, saliendo mi lado sarcástico y obvio a la luz. Claramente, en estos momentos no lo necesitaba.

—¡Sabes lo que tuve que hacer para que Eloísa no vaya a buscarlos! — No necesitaba estar allí para suponer su expresión, pero por una parte le debía una disculpa a mi primo por cuidar mi espalda.

Pero… mi orgullo nunca me lo permitiría. Jamás me doblegaría por nada ni nadie y más por un hombre.

Bien sabemos que por ser de diferente género opuesto. Todos mienten; sea o no sea, tu sangre es hombre.

—Estamos a mano— se lo dije con una mezcla de sarcasmo en ellas, a lo que Kevin me soltó una mirada ofensiva y fulminante— Ya no te molestes, no es para tanto.

—Claro que lo es, Reich… Aquí entre dos, no me vas a engañar: cada día que pasa tu amor por Erick está creciendo —exclamo con su tono tétrico, que rara vez lo hace.

Como si de algo vergonzoso se tratase, me encontraba levemente ruborizada. La ansiedad me corría por todo el cuerpo; mis manos y demás extremidades hormigueaban como si una pulga tuviera en mí.

Se nota que ni para mentir sirvo. ¡Maldita sea Racheel!

—Tu silencio me sirve más que mil excusas— Había olvidado por completo que por algo existe la voz. Era como si el ratón se me comiera la lengua y yo no pudiera hacer nada más que afrontar la realidad.

—En algo sí tienes razón, Kevin. Me estoy enamorando de Erick, pero por otro lado no sé si debo hacerlo y es lo correcto. Sé que es difícil fiarse de Kevin, pero vamos, es mi primo, quien no lo hace.

-No puedo ser el mejor consejero y primo, pero de algo estoy seguro y que a pesar de no parecerte es la realidad… - Por primera vez, me aferraba a que la verdad se escondiera y la mentira resplandeciera- Terminarás rota… una parte tuya se irá con él…

Estaba al tanto de ello, pero era tan obvio que estaba aferrándome a esa burbuja que en algún momento explotaría.

—Está mal lo que diré, pero mientras tanto disfruta. Ya el futuro es futuro y el presente solo se vive una vez- Giré mi rostro a él, suyo porque estaba atónita de creer que él era el primero en apoyar esta relación bizarra.

Al mirar mi rostro estupefacto, soltó una carcajada sonora por todo el auto. —Deberías ver tu rostro, luces graciosas —reía y reía y yo no pude hacer más que soltarle un manotazo en su hombro.

—¡Tengo cara de payaso de circo o qué! —No estaba molesta, pero quería meter un poco de drama a nuestra trayectoria a casa.

—Off… alguien está molesta —hizo con un gesto de (ya te fregaste) en su mano—. Mejor cuéntame adónde fueron par de tortolitos.

Reí al escuchar el apodo que nos puso a ambos; de repente, todo me cayó como una cubeta con agua helada.

Al llegar a la atracción.

Al confiar en que nada pasaría a su lado.

Al dejar mi vértigo de segundo lado para mirar su rostro.

Al besar sus labios carnosos con deseo de nunca olvidar aquel momento.

Al momento de contemplar la ciudad, solo ambos.

Al momento de besar con más intensidad más partes de mi cuerpo...

Tampoco soy tan incoherente como para tener relaciones en un juego en el cual familias y niños suben todo el tiempo. Por lo que nuestra cercanía solo terminó en besos húmedos.

—Solo fuimos a la rueda moscovita— Kevin expresa rostro de duda al escuchar mi relato, por lo que cambio mis palabras a algo más conocido—Rueda de la fortuna…— Él asiente y mide que continúe— Estuvimos allí hablando de cosas triviales e íntimas. ¡Que a ti eso no te incumbe! Bajamos luego de unos minutos y junto a él regresamos. Claro que al llegar al lugar de comida nos separamos, ambos llegando por diferentes sitios y caminos.

—Lo tomaré como si me contases con detalle. ¿Hubo sexo de por medio?

- ¡KEVIN, QUÉ ASQUEROSO, ES UN PARQUE PARA NIÑOS, ¡NO UN BURDEL DONDE PUEDO DEJAR MI CALOR EN SITIOS DONDE ACOSTUMBRAN A IR FAMILIAS! - Al escuchar mi exaltación, ríe como si de un chiste de tratarse.

—Tienes razón…— Lo fulmino con mi mirada y, sin necesidad de preguntárselo, responde: —¡Que soy humano, también tengo sentimientos!

—Pero no para follarte a una chica en un juego de niños como si fuese un hotel— Creo que ya es su naturaleza lo que lo lleva a ser así.

Jamás estaría con un hombre que parece un perro en celo en cualquier sitio. Sea público o privado.

--------------

RACHEEL:

Los días ya habían pasado y consigo llegaba el fin de semana.

Anhelado para todos, pero para mí desesperante. Y es que amo tener mi agenda llena de horarios que, sí o sí, tengo que cumplir, a no tener nada que hacer.




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