Tentación Carnal

CAPÍTULO 13

LA NOCHE NOS PERTENECE

RACHEEL:

—Cinco minutos más, Racheel, no más ni menos… —Vocifera, Kevin, desde el primer piso de la casa.

En tiempo como siempre no me da, ya que hace una hora llevo arreglándome para un lugar que no tengo ni idea, pero confío en que salir me servirá. Ojalá.

Me encuentro guardando cosas personales y de supervivencia (cosas de mujer), más vale prevenir que lamentar.

Al ya tener todo listo, sujeto la cartera en mi hombro yendo en busca de mis zapatos sneakers (en fin, solo será una salida en la noche, no es como si necesite estar súper lista o al menos eso creo).

Los tomo y me los pongo mientras camino entre zancadillas el espejo.

Necesito ver que todo combine conmigo y yo con el atuendo.

Me vestí de negro tratando de no verme ni muy formal ni tan informal. El suéter de cuello alto abraza mi piel y la falda cae firme, sencilla, abrasando mis caderas con la tela que se adhiere a mi piel.

Combina perfectamente con mi tono de piel, es como si contorneara la oscuridad con la luz.

Mi cabello cae largo y lacio sobre mis hombros, brillante, casi como tinta recién derramada, a simple vista no se ve en las pésimas condiciones en que ha estado estas últimas semanas.

Como de costumbre y debido al tiempo decidí dejarlo suelto.

El maquillaje se ve perfecto e impecable, amo cómo da un toque entre natural e irrealista. Me sirve que se vea así en vez de las ojeras enormes que me han salido.

Los accesorios no son casi notorios ya que los opacan el atuendo.

Aliso mi pelo con la mano encamiándome al primer piso.

Espero que no esté molesto porque vamos a llegar tarde al sitio. Sé que en parte es mi culpa, pero también la suya. Como se le ocurre, decírmelo una hora antes, con dos horas antes de anticipación era mejor.

—Por fin… camina, nos están esperando— Sus palabras me dejan claro que no estaremos solos por lo que ha hecho a andar.

- ¿Quiénes estarán allí, Kevin? - Pregunto a pasos tras de él.

-Dirás “quienes”- Recalca la última palabra como si fuera lo más normal del mundo.

Confío plenamente en mi primo, pero la posibilidad de que me lleve a un lugar donde trafican mujeres crece cada vez más y si llegara a ser esa posibilidad cierta, yo misma estoy yendo a la boca del lobo.

Tal vez te tenga una sorpresa- Asegura mi lado positivo- A lo mejor sí y yo ya estoy creando suposiciones que no son.

Kevin llega primero cediéndome la entrada al auto, giro los ojos como muestra de ironía (él no es el típico hombre que es caballeroso), sube luego de mí. Ambos no decimos ni una sola palabra durante unos minutos que son reconfortantes y no sofocantes hasta que una llamada entrante apaga todo el silencio que teníamos hace unos segundos atrás.

- ¿Te importa? - Pregunta antes de contestar a lo que yo sin decir nada accedo con la cabeza.

No es como si su conversación con quien sea que esté tras la llamada me interese.

Miro por la ventana y dejo que la ciudad me abrace con sus luces.

La noche está completamente oscura, pero las lámparas sobre la carretera dibujan destellos dorados que parecen estrellas más cercanas, más humanas, asegurándome de que estamos a salvo.

Los autos avanzan con calma frente a mí, sus luces rojas parpadeando suavemente.

No solo se encuentran autos por doquier, también hay edificios contorneando el lugar. Todo en sí transmite paz, silencio como si todos callaran dejándose llevar por los pequeños sonidos. Hay algo tranquilizador en el sonido constante del motor y en la forma en que las líneas blancas del asfalto se deslizan bajo nosotros, una tras otra, sin prisa.

Sería ese nuestro caso de no ser porque Kevin contesta desde la pantalla que tiene el auto.

—¿Kevin, en dónde rayos te metiste? —vocifera una voz, masculina molesta- No me digas que lo olvidaste o que ahora te estas liando con una zorra- Me rio desde mi puesto porque no soy la única que piensa eso cuando Kevin no contesta al teléfono o no se encuentra en casa.

-Tan necesitado me veo… Claro que no, estoy yendo para allá es solo que mi acompañante se tarda horas en arreglarse- Gira su otro hacia mí, respondiendo irónicamente.

Lo miro y en parte es mi culpa que estemos llegando tarde a donde sea que estemos yendo.

Apoyo la cabeza ligeramente contra el vidrio frío y observo los rascacielos que brillan tímidamente en la distancia. Todo parece moverse, pero al mismo tiempo siento que el tiempo se detiene.

Dejo que todos mis problemas y recaídas que he tenido estos últimos días divaguen; solo respiro, dejo que la ciudad pase frente a mis ojos y disfruto de esta calma silenciosa dentro de mí.

Me envuelve mientras seguimos avanzando por la carretera que poco a poco se van desvaneciendo edificios y autos.

—¿Quién es la golfa que traes como acompañante, Kevin? —Se une una voz femenina y chillona, molesta de solo escucharla.

Toda la paz que tenía dentro de mí hace unos momentos se pierde por cierta chica, la cual no tengo ni idea de quién se trata.

Y esta que… ¿Cómo se atreve a decirme golfa si no sabe ni quién soy?

Miro a mi primo esperando respuesta que claramente no llega.

-No tengo por qué darte explicaciones a ti Kristina, además si hablamos de vulgaridades el número uno eres tú con conmemoración en mano- Responde molesto.

—Óyeme bien pedazo de ignoran… —No termina de hablar al interrumpir la primera voz que se escuchaba al comienzo de toda esta barbaridad.

-Bueno, bajemos los sumos. Kristina, no eres ninguna golfa, Kevin solo está jugando y tú, Kevin, ven rápido que te estamos esperando- El amigo de mi primo es quien termina colgando la llamada.

-En serio me preocupa demasiado con quién te llegues a casar, tienes gustos exóticos y molestosos…

—De eso no te preocupes, Reich, que jamás me comprometeré con nadie; todas solo son diversión —responde sin dejar de ver la carretera desolada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.