EL ERROR FUE QUE SÍ FUNCIONÁBAMOS
RACHEEL:
Me odio a mí misma por ser tan sumisa… por caer en las garras del lobo. Cay tan bajo y ahora... simplemente no quiero que nadie me salve de mi destino.
La noche nos cubre como un secreto. El bosque detrás de nosotros apenas se distingue; somos sombras consumidas entre el deseo y el odio. Ambos no hablamos, tan solo nos observamos en silencio.
Todo es opaco, azul oscuro, como si el mundo se hubiera apagado para dejarnos solos. Es como si hasta los animales del bosque callaran… dejando que ambos nos consumamos en el silencio.
Los tres únicos sonidos que detecto son las ramas secas que ya hacen ruido en el piso; el sonido del tallo del árbol, cortado por la mitad y rozándome la piel, dejando una leve picazón y un ardor en mis glúteos desnudos; y la entonación que ambos creamos al rozar nuestros cuerpos, como si fuéramos uno mismo.
Él está frente a mí, tan cerca que puedo sentir su respiración… sus gruñidos fundirse con mis gemidos desenfrenados.
Las estocadas simplemente son perfectas… llenan cada parte de mi centro, haciendo que, poco a poco, lo succionen más hacia mí. No dice nada… y yo tampoco…
No hace falta… Nuestros ojos hablan por nosotros… Nuestros gemidos y gruñidos son como un idioma que solo ambos entendemos… simplemente perfecto.
Cada segundo que pasa, el calor y el deseo de liberarme se intensifican.
Trato de soltar un quejido fuera de su rostro, perdiendo el contacto visual. El gruñido que sale de su garganta por mi indiferencia me hace tomar del rostro.
Su mano sostiene il mio rostro con firmezza, ma con una delicadezza che me desarma.
-Luxuria… mírame.
Trato de no perderlo de vista, pero es imposible. Mi visión se nubla al enterrar toda su polla de una sola estocada.
-Quiero que recuerdes esto cada vez que la luna ilumine… y el viento susurre tu nombre con tu cuerpo semidesnudo teniendo una promesa silenciosa.
Juro que, si yo no me suicido, él antes lo hará por mí con excitación.
Ingresa nuevamente… sin pudor alguno… sin anticipación…
Por mi parte no puedo ni siquiera recalcar las promesas que está remarcando en mi mente y cuerpo.
-… Quien te sostiene entre las sombras… - Tomo su cuello, beso, succiono y chupo sin pudor alguno. Jime con mis labios en su cuello—… Quien te mira como si fueras fuego curativo y destino al mismo tiempo… soy yo… quien te está follando en un bosque. En medio de la nada. Encima de un tronco…
Maldición, odio que recalque. Son recuerdos que claramente serán imposibles de olvidar y más cuando es tu primera vez siendo follada en un bosque.
Donde en cualquier momento alguien nos podría encontrar, no es como si estemos a kilómetros de distancia de su grupo de amigos.
-No soy cualquiera. Ten claro que “soy el que te llena de excitación en cuanto rozo tu cuerpo con mis dedos”
Deja de tomar mi rostro, poco a poco baja y toca todo a su vista.
-No soy un nombre que el viento pueda borrar o las estrellas puedan olvidar. Soy el que te encuentra en la oscuridad. El que promete que, bajo la luz de la luna, nadie, pero absolutamente nadie, ocupará mi lugar a tu lado.
Contengo mis chillidos en cuanto llega a mi zona sensible, haciendo círculos por todo mi clítoris.
Siento que, si sigue así, estallaré.
—Y no es una amenaza… “es una promesa” —recalca las tres últimas palabras cerca de mi oído. Terminamos ambos en cuanto concluye — porque cuando te miro así, frente a mí, lista para mí… sé que esto no es casualidad. No es elección. No es decisión… Es algo que no pienso soltar.
Ambos nos dejamos llevar por el clímax que produce el orgasmo, nos fundimos entre el silencio de las ramas y nuestras respiraciones agitadas.
Nos toma unos minutos volver a tener el control. Ambos nos separamos de nuestra cercanía, está a unos cuantos pasos míos mientras que yo arreglo un poco mi falta subida hasta la cintura, la blusa remangada y mis bragas que están a unos cuantos centímetros de mi vista.
—¿Lista, Reich? —Indaga al ver que me acerco a él.
Lo miro y me doy cuenta de que aquellos ojos grises que hace un momento se encontraban oscuros, ya no lo están, suelto un bufido silencioso al ver su rostro tan sereno.
Quien diría al verlo así que es un animal cuando de sexo se trata.
—Sí, mi demonio… —Exclamo en un suspiro inesperado. Sé que poder tiene esa voz sobre él y es que juro que no lo hice a propósito, solo salió y ya.
Lo dijo demonio porque eso es lo que veo en sus ojos que me abren a un infierno el cual no me detengo a ingresar y su cuerpo es como el de un ángel de luz caído “perfecto”, el cual con un solo rose en tu piel puede desvanecerte en mil pedazos convirtiéndote en tu sumisa.
Erick, que hace unos momentos se encontraba a pasos de mí, ahora se encuentra acribillándome contra un árbol enorme.
Sin darme tiempo a refutar, estampa sus labios contra los míos, me besa con devoción y desespero. Me cuenta acoplarme a sus movimientos, pero lo consigo.
Solo es cuestión de segundos para que la situación se ponga caliente, la ropa estorba y el contacto que antes era romántico se convierta en deseo de más.
Me separo de sus labios, tomando aire. Ambos estamos en llamas, pero no podemos desaparecer toda la noche, así como así, Kevin me mataría si lo hago.
Lo aparto un poco con mi mano en su pecho tratando de mantener el espacio que claramente no tengo.
—Erick, debemos volver —propongo aún ruborizada.
—Claro que sí, pero dime quién de los dos comenzó a calentar la situación— Habla con sarcasmo mirándome a los ojos, trato de no reírme ante su exclamación, pero es tan gracioso verlo molesto y más cuando todo el tiempo se comporta sereno.
-Fue sin querer… sí, me gusta decirte mi demonio, pero esta vez mi propio cuerpo me falló - Ahora es él quien ríe, tal vez es porque le di una explicación sin resumir.