CAFÉ, RISAS Y SECRETOS
RACHEEL
El tatami todavía me da vueltas un poco. No debí haber salido anoche… mi cabeza late y el olor del dojo parece más fuerte de lo normal. Intento concentrarme mientras el Sensei me explica otra vez el movimiento de Judo.
Concéntrate… solo es práctica.
Me encuentro en el sitio donde ordinariamente entreno, pero pareciera nuevo ya que algunas cosas me dan vueltas (en serio debí hacerle caso a nana cuando me dijo que tomara reposo). No sé cómo Kevin convenció a nana de que no les dijese a mis padres, pero en serio se lo agradezco, iba a decírselo esta mañana, pero me dijeron que salió más temprano que yo.
Hoy decidí posponer las clases de judo más temprano, ya que, gracias al imbécil de Kevin, no fui a clase. Bueno en parte la culpa también la tengo yo, pero en mi defensa al que le pedí que me avisara cuando ya fuera la media noche es a él, pero a mi querido primito se le olvido ya que toda la maldita madrugada estuvo atrás de golfas baratas que nada más le ponían los pechos en la cara y él ya parecía perro en celos.
Los recuerdos son nulos de lo que pasó ayer… algunos borrosos debido a la resaca que tengo esta mañana. No tengo idea de cómo desperté en mi habitación y con el pijama (seguramente Nana lo hizo, pero qué vergüenza. Si mal no recuerdo, luego de tener sexo con Erick se rompieron, por lo que no me vi en la necesidad de buscarlas).
Mis mejillas se me ruborizan al traer a la memoria un recuerdo de ayer. Tomo mis mejillas calientes y no puedo hacer más que palidecer…
- ¡KEVIN!... ¡KEVIN! Porque no me respondes maldita sea.
-JAJA Racheel es peor que yo al tomar alcohol- Estepan exclama riendo mientras no deja de empeñarse la botella como si fuera agua- No soportas ni una cariño…- Toma mi barbilla entre su mano y antes de que Erick haga algo me libero de su agarre con una maniobra que mi Sensei me enseñó clases atrás.
Bajo ligeramente la barbilla hacia el pecho, justo como me enseñaron. Odio que alguien me tome sin mi permiso y más si es un borracho que solo piensa molestar mi espacio. Mi mano se mueve instintivamente hacia su muñeca.
Primero rompe su equilibrio…-Recuerdo cada oración, posición que ejerció el Sensei- Aprieta su muñeca y gira tu cuerpo un poco hacia un lado – Exactamente así es como me enseñó. Por fin lo pondré en práctica- No necesitas fuerza, solo el momento correcto. Recuérdalo — Eso es… ahora.
Su mano ya no tiene el mismo control, en su rostro puedo notar el temor, seguramente soy la primera chica que toca y le responde con movimientos precipitados (iluso), sonrío ante mi logro.
El principio es simple: desequilibrarlo, a lo que en el judo se le llama Kuzushi- Recuerdo otro dato al verlo tirado en el piso.
Me observa como si fuera un bicho raro… parece un bicho que se arrastra en el piso ante mis pies listo para asesinarlo.
—Calma que no estamos en un rin…— Vocifera. Sé que todos en este lugar estamos pasados de copas, después de la carrera todos volvieron a sus grupos y después de ello no han hecho más que beber y beber (incluyéndome).
Las emociones me desestabilizan haciendo que, al intentar girar el cuerpo para hacer el movimiento, mi brazo se mueve más rápido de lo que necesito.
Concéntrate —dice esa voz en mi cabeza molesta. Lastimosamente reacciono muy tarde. Mi mente está en otra parte.
—¡Ah!
Mi mano choca contra su pecho con un golpe seco (maldición, hasta a mí me dolió).
—No era parte de la técnica— Susurro al no saber qué decir o hacer. Me quedo congelada un segundo hasta que mi cuerpo se mueve rápidamente a ayudarlo.
Genial… justo al Sensei. No podías pegarlo más duro, Racheel- Me regaño a mí misma.
Levanto la mirada, avergonzada, y bajo un poco la cabeza al tenerlo de pie adelante mío. Su expresión es serena, pero no quita que es persona y también siente.
—Lo siento, Sensei… —murmuró, llevándome una mano a la frente tratando de aliviar la vergüenza que siento en este momento— Creo que todavía estoy pagando las decisiones de anoche, en serio, discúlpeme, no era mi intención solo que…
Él me mira en silencio unos segundos… y luego suspira con una pequeña sonrisa cansada (solo eso, para este punto ya estaría regañando a la persona que lo hizo).
—Entonces hoy entrenaremos también tu concentración.
Asiento rápidamente, intentando no parecer tan desastrosa como me siento.
De verdad necesito café después de esto.
-Ya tranquila, no es para tanto- Acaricia mi hombro con una delicadeza. Desde que lo conozco, me cae demasiado bien, sus arrugas son prominentes por los tantos años que lleva encima. Aunque no quita el hecho de que se mantiene bien refiriéndose a su cuerpo. Lo escogí porque es muy reconocido además de que todos aseguran que es muy paciente (y vaya que lo es… hoy lo puse a prueba) - ¿Qué te parece si culminamos aquí las clases, se nota que no estás aquí?
—Tiene razón, Sensei, dejémoslo aquí—Asiento y concluimos la clase— Arigatō gozaimashita… —Se lo dijo como finalización a nuestro entrenamiento. En fin, algo matutino.
Mientras me inclino, no puedo evitar pensar en el momento de antes, cuando por despistada le proporcione un golpe a mi entrenador. Olvidé por completo que me encontraba en mis clases y simplemente raciociné por inercia.
Cuando nos levantamos, el ambiente se relaja un poco, suelto un suspiro y paso una mano por mi cabello (necesito descansar).
Voy hacia los vestidores y tomo mi mochila con mis cosas en el casillero. Me visto rápidamente.
Mientras lo hago, no puedo dejar de pensar en ¿Qué pasó ayer…?
Digo si hice eso de seguro hice más estupideces (necesito hablar con Kevin de urgencia) aunque ahora que lo pienso ni él ni nadie deben recordar lo que pasó ayer ya que estuvimos tan ebrios que los recuerdos son nulos (pero igual ¿no pierdo nada en hacerlo?).