Tentación Irresistible

7|Confesiones.

Lotty

 

Lotty

Miento si digo que sus palabras no provocan un desastre en mi interior. En efecto lo hacen. Es inevitable. Pero, también sé que es su modo operandi. Una vez, hace muchísimos años, me prometí a mi misma nunca caer en las líricas de un jugador. Así que me obligo a sacar fuerzas de lo más profundo de mi cuerpo, y me fuerzo a sostenerle la mirada.

Nuestros ojos se sumen en una batalla. Parecen haberse declarado la guerra. Cabeza por cabeza. Corazón por corazón. El aire a nuestro alrededor se vuelve fuego para mis pulmones. Su contacto arde. Sus dedos siguen clavados sobre mi piel.

Pero alguien más brega por mí.

—¡Justin, si viniste! —Se trata de Chandler. Él empuja a Justin lejos de mi cuerpo, y me veo sorprendida cuando parte de mi cuerpo patalea ante su falta de contacto.

Justin le muestra una sonrisa.

—Sí, no podía perderme el encuentro. —Me mira de reojo, y rodea el hombro de Chandler con su brazo.

—Theresa casi enloquece —murmura el chico de Tik Tok.

—¿Por qué mierda lo haría?

—Porque no sabía si venías. —Chandler se encoge de hombros, y le da una mirada que no consigo interpretar.

Por un momento, me hallo preguntándome si siempre mantienen este trato. Porque no lucen muy a gusto que digamos. Casi puedo avistar la espinita enterrada en medio de los dos.

Me quedo parada mirándolos con el ceño fruncido cuando un par de personas se meten a nuestro pequeño triángulo. Hans arrastra a Fergus hasta nuestra posición, y va con el pelo pegado a la frente por el sudor.

—¡Justin! —Hans da un brinco, y se sube a la espalda de Justin.

Pero éste lo hace a un lado rápidamente.

Me entran ganas de reír, pero me aguanto el ligero cosquilleo que martillea la punta de mi lengua.

—¿Por qué no vamos al lago?

—¿A dónde? —pregunto, haciendo que los cuatro chicos frente a mí pasen a mirarme con atención.

—Al lago. Está justo por ahí. —Hans apunta una dirección, y Fergus lo hace girar, redireccionándole.

—Allí.

—Ya, perdón —rebuzna Hans—. Siempre me cuesta distinguir la derecha de la izquierda.

—Por eso meas fuera del retrete —Fergus se queja.

Escondo una risita bajo mi mano, y sacudo la cabeza.

Chandler se desliza hasta aterrizar a mi lado. Su hombro roza mi brazo, y me pregunto si solo lo ha hecho intencionalmente.

Justin cuadra el gesto.

—¿A qué vamos al lago?

—¿A mearnos en los patos? —Hans suelta un resoplido. Se pasa una mano por el cabello, y niega—. Tengo un par de estos. —Pronto, el pelirrojo saca del bolsillo de sus pantalones de cargo una botella color caramelo. Puedo ver su cara al otro lado.

Enseguida, Chandler le reprende con un gesto.

—No pueden verte eso aquí.

—Ay, ya. Nadie me va a echar de aquí —asegura Hans.

Fergus rueda los ojos, y Chandler alza el mentón.

—¿Por?

—David es como mi tío.

Chandler se echa a reír.

—Es capaz de echarme hasta a mí, que supuestamente, soy su jodido hijastro.

Hans hace una mueca de desinterés.

—Ya, pero es que a ti nadie te quiere.

Justin ladea una sonrisa. —Es cierto.

Chandler los mira con los ojos en par.

—Mira quienes lo dicen —les ruge.

—Yo me animo. —Fergus da un paso al frente.

Chandler me mira, y veo que busca algún tipo de aprobación con su mirada.

Pienso en el porqué me ha mirado a mí en lugar de a sus compañeros. E, inexorablemente, también me pongo a pensar qué más da si me agrada la idea o me cae como leche al colon irritable.

Antes hubiese dicho que no.

Rotundamente no.

Pero, durante gran parte de mi vida me he preguntado que se siente decir que sí. Machacar a la razón. Hacer trizas a la lógica. Volverse el más leal pupilo de la innovación.

Y sin darme cuenta, me hallo sonriéndoles.

—Claro, me suena la idea.

—¡Genial! ¿Te he dicho que te amo, Lot? —Hans me mira con una sonrisa gigantesca en los labios—. Si me gustasen las mujeres, seguramente me habría enamorado de ti.

—Oh. —Es lo único que sale de mi boca.

Digo... no sabía que a Hans no le gustaban las mujeres.

Aunque, por el modo en el que miraba a cada culo masculino de nuestra clase, tuve esa punzada acerca de sus intereses románticos.

Sin embargo, Justin no parece contento con nada de esto. Su cara grita toda su discrepancia en cuanto a ir al lago. O, ¿solo no quiere que yo vaya al lago?

—¿A dónde van, chicos? —Una voz femenina se cuela dentro de nuestra conversión. Se trata de Theresa.

Hans bufa.

—¿No te habías ido ya?

—No, estaba por irme pero...

—Bueno, ¿quién coños te detuvo? —declara Hans.

Theresa arruga la boca, y se dedica a ignorar por completo a Hans.

Sus ojos se clavan en Justin.

—¿A dónde van?

—Al lago. —Mi instinto de perrito detective nota cierto grado de incomodidad. Aunque, tal vez, esté atrofiado, y nada de lo que considero real es verdaderamente como sucede.

—¿Puedo ir con ustedes? —pide ella.

Hans fulmina a los demás con la mirada.

Fergus le sonríe con diplomacia.

Chandler arruga levemente la cara.

Y Justin... bueno, él solo traga con fuerza.

—Ajá —dice.

—¡No, coño, no! —Hans estalla.

Theresa coloca su mejor cara de victoria, y se suelta el cabello sudado que antes tenía atado en la coronilla de su cráneo.

Por su parte, Chandler se aclara la garganta.




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