Tentación Irresistible

32|Pasado Gris.

Justin

Justin

El atardecer nos acompaña cuando bajamos del tren y un señor regordete nos espera junto a la entrada de la estación con un enorme afiche que dice Sr y Sra. Janssen. Frunzo los labios y hundo un hombro. Tal parece que Maxine tiene sus contactos, pero no hay manera en la que yo pueda parecerme a Mickey Janssen en la vida.

Físicamente hablando, quiero decir.

Alzo el brazo en su dirección y lo veo re-acomodarse los anteojos para asegurarse de que no somos la pareja a la que espera.

—Sí... ellos no vendrán. Pero puedes cambiarlo por Sr y Sra. Brandon —bromeo. Noto a Lotty colorarse de arriba abajo por mi comentario. Esbozo una sonrisa de suficiencia y señalo hacia el estacionamiento—. ¿Nos vamos?

—Sí, claro.

Nos encaminamos por el estacionamiento hasta la camioneta. Lotty permanece demasiado silenciosa mientras caminamos. Parece nerviosa. Puedo darme cuenta por la forma en la que juguetea con sus dedos y un hilo invisible en su abrigo. También por el modo en el que arruga la nariz y la forma en la que se muerde los labios cuando piensa que nadie tiene sus ojos puestos sobre ella.

Pero yo siempre he tenido mis ojos puestos sobre ella. Incluso, cuando ella pensaba que era un fantasma y se ponía a leer una cantidad de libros en las gradas mientras el equipo de fútbol entrenaba.

Subimos al auto y enseguida nos encontramos recorriendo el bordillo de la montaña. La niebla se esparce en el ambiente, acobijándonos mientras transitamos por los túneles oscuros. Hay pequeños arbustos que se extienden en los costados de la montaña y el cielo se ve de un azul mezclado con varias líneas naranjas y rojas.

Observo a Lotty, recostada de la puerta con sus ojos azules clavados en el paisaje. Sus labios permanecen constantemente fruncidos y sus cejas imitan su semblante, frunciéndose a la par. Me da la impresión de que reconoce el lugar al que nos dirigimos. La camioneta acaba en un sendero boscoso donde dejamos atrás un pequeño arroyo rodeado de piedras y luego se detiene frente a un conjunto de pequeñas cabañas. Cada una alejada meticulosamente de la otra por un puente.

—Hemos llegado, Sr y Sra... —El chofer me mira por el espejo—, Brandon.

Le muestro una sonrisa y abro la puerta. Lotty se ve desorbitada cuando baja y sus ojos se pierden por los alrededores quisquillosamente.

—La cabaña de los Janssen —dice al cabo de varios segundos.

El chofer asoma la cabeza por la ventanilla y me grita:

—¡Las llaves están bajo la alfombra!

Asiento y le hago un ademán de agradecimiento antes de verlo desaparecer arrastrando una enorme capa de tierra. El frío ha comenzado a meterse por debajo de mi piel, así que no demoro en subir los peldaños que crujen cuando asiento mi peso sobre ellos y muevo la alfombra para buscar la llave.

—Debe ser un lugar seguro —murmuro tras abrir la puerta.

Lot se adentra primero en la cabaña y de inmediato el aroma amaderado y pino me espolea la nariz. El lugar está helado, casi como una casita de iglú en medio de un bosque. Me acerco al termostato y subo la temperatura antes de que acabemos con hipotermia.

—Solía venir aquí cuando era una niña. Los Janssen solían venir a pasar algunas vacaciones aquí —murmura Lotty, paseándose por el salón y admirando cada uno de los adornos. Hay una cabeza de un alcé entablada en la pared. Tiemblo al percibir sus ojos fijos sobre los míos.

Avanzo por el salón y una puerta me llama la atención al otro lado del corredor. Es una especie de balcón que colinda con un paisaje enmarcado por árboles frondosos y robustos junto con el hilillo del arroyo que vimos en la carretera de camino fluyendo por encima de las rocas.

Pronto, escucho un ruidito y corro de regreso al interior para asegurarme de que Lotty se encuentre bien. El corazón me late en los oídos mientras busco el lugar donde ha gritado. Entonces, la encuentro.

Con las manos en la boca mientras sus ojos se hallan abrumados por lo que la rodea; me fijo en la habitación que se extiende más allá de la puerta. Enorme, con una cama gigante bordeada por cuatro pilares y un velo demasiado cursi. Gruesas sabanas blancas recubren su superficie y hay un corazón formado a base de pétalos rojos sobre la alfombra.

Junto a la mesa, también vislumbro un par de velas y una canasta con tres diferentes marcas de vino.

—¿En qué demonios estabas pensando, Maxine? —Le oigo mascullar entre dientes a Lotty.

Una risita se me escapa mientras me acerco a la cama, rodeando la alfombra para no estropear toda la decoración.

—Parece que nos ha mandado de luna de miel —bromeo. Pero a Lotty no le causa gracia, porque su rostro se pone del mismo color que el verticilo de rosas rojas junto a la mesa de noche. Me parece adorable su reacción. Me recuerda la razón por la que me enamoré de ella.

Cuando conocí a Lotty no necesité muchos intercambio de palabras para darme cuenta de que era una chica diferente al resto. No babeaba por los chicos lindos del instituto. No era una aprovechada y su inocencia era tan dulce que me parecía demasiado adorable espiarla cuando no lo notaba.

Siempre pensó que era un jodido fantasma. Que nadie se daría cuenta de las veces que rociaba perfume dentro de su casillero. O las veces que le quitaba la cascara al maní durante el almuerzo o cuando mordía su lápiz hasta quebrarlo por la mitad.

Veo su labio apresado bajo sus dientes y me roba una sonrisa.

—¿Por qué me miras así? —pregunta a la defensiva.




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