Teorema de lo absurdo

Apéndice 3A El trono perdido (Final alternativo) by Minna.

Hola, navegantes.
Hoy traigo una entrada especial. Me lo han pedido tantas veces que ya no tengo escapatoria. Y sí, lo admito: soy más de leer que de estar frente a una pantalla, pero hay historias que merecen contarse, aunque su origen sean píxeles 2D.
El videojuego que revisaremos hoy se llama “El Trono Perdido”. Su sinopsis, tal como la encuentran en la tienda, dice así:
“Eres el heredero ilegítimo del rey de Gaia, un reino de Ea. Sumérgete en esta aventura llena de artes marciales y guía al protagonista hasta el trono, derrocando a tu padre y eliminando a cada uno de tus hermanos.”
No sé ustedes, pero a mí me suena... genérico. El clásico molde de un protagonista víctima del destino que, por alguna razón que el guión justifica, merece la gloria.
Lo siento chicos, pero no es para mi.
Yo conozco una versión mejor. Una que nunca fue lanzada oficialmente. Una donde la historia da un giro inesperado, porque alguien más toma el papel protagónico.
Acomódense, porque esto va para largo.
Y esta vez, no jugaremos.
Les contaré el desarrollo de los eventos.
---
Mi nombre es Nora Vitae.
Hasta hace no mucho, era diseñadora gráfica. Treinta y dos años, apartamento pequeño, demasiado café al día.
Luego un accidente —que aún no comprendo del todo— me lanzó dentro de este mundo. Me desperté en un palacio gigantesco, rodeada de sirvientes, tapices dorados y un extraño sistema que parecia llevarse mal conmigo.
— Princesa, deprisa. Pronto será anunciado quién heredará el trono. —

Sí. Reencarné en la princesa del Reino de Gaia.
Y, a pesar de lo que pueda parecer, eso no es tan genial como suena.
Durante los primeros meses intenté escapar de este lugar, volver a casa, al mundo que había dejado. Falle y mori novecientas noventa y nueve veces.
Cada muerte fue distinta pero cada regreso fue igual.
El sistema simplemente me regeneraba, como si nada hubiese ocurrido. Mi cuerpo —el cuerpo de esta princesa— tenía una extraña habilidad de regeneración automática. Dolía, pero no era insoportable.

Moría. Y volvía. Moría. Y volvía. Una y otra vez.
Para el intento número trescientos, la gente ya se había acostumbrado. Pasaban de largo mientras yo agonizaba en el suelo.
— ¡Dile a la bibliotecaria que si no me concede una audiencia, quemaré este lugar! —
Pero el sistema era claro.

[Mensaje del sistema]
Lo sentimos. Usted necesita despejar su escenario para poder solicitar una audiencia con la bibliotecaria.

No importaba cuántas veces muriera. No podía irme hasta cumplir el rol que se me había asignado.
Así que acepté. No porque quisiera, sino porque entendí que no tenía otra opción.
Y eso nos lleva al presente.
Hoy es el día en que el rey anunciará a su heredero.
Y si alguno de ustedes ha jugado “El Trono Perdido”, sabrá que este era el momento exacto en que el protagonista irrumpía en la ceremonia y tomaba por la fuerza lo que, según él, le correspondía.
Pero en esta versión eso no ocurrió.
Porque lo detuve hace un año.
Ese protagonista del que tanto se habla... nunca fue un héroe. Solo era un tipo con el guión de su lado.

Hoy elegí el atuendo ceremonial más cómodo que encontré. Debería verme majestuosa, porque lo que viene es importante. Y necesito moverme con estilo.

[Mensaje del sistema]

Misión:
Evita la ruina de la familia real.
La desgracia se cierne sobre el palacio. Encuentra la manera de salvar el reino y cambia su destino.

A pesar de haber vencido al protagonista, el sistema insiste en que el escenario no ha terminado.
Y lo entiendo. Porque, en el juego original, la princesa era poco más que una figura decorativa.
Sobrevivía gracias a su belleza.
Pero después era capturada. Torturada.
Y su habilidad le era robada en un experimento espantoso que culminaba con su muerte.
Yo, por fortuna, me libré de todo eso.
Pero el sistema aún no me deja ir.

— Larga vida a Su Majestad. Padre, ¿Dónde se encuentra mi segundo hermano? — pregunté al llegar a la sala del trono.
Mi padre, el rey, es un hombre de mirada firme y barba plateada. Aunque ronda los cincuenta, su rostro apenas ha envejecido.
¿Será parte de este mundo? ¿Una función estética del sistema?
— Roan, hija, creí que no te vería hasta el anuncio — dijo con una voz tan ronca como cálida.
— Hoy es un día importante, padre. Hay preparativos que necesito hacer.
— Tienes razón. Tu hermano... Él debería estar en la entrada sur, recibiendo a los nobles.
Salí hacia el pasillo y crucé por la plaza. Las miradas me acompañaron, pero no con respeto.
— Es la loca del palacio — susurraban algunos.

[Mensaje del sistema]
La fábula “Las mil patas del milpiés” ha dejado de hacer efecto.
Aviso: La última pata del milpiés está actualmente en uso.

¿Eh? ¿Qué fue eso? Sistema, ¿que quisiste decir?

— ¡Roan! — gritó mi hermano mayor desde lo lejos.
Tiene toda la pinta de antagonista de drama chino: ojos delgados que emanan malicia, cabello oscuro como la tinta y una sonrisa demasiado perfecta.
— ¡Espero que no hagas ninguna de tus locuras hoy!

Aunque en la historia original nos llevábamos mal (la anterior usuaria de este cuerpo tenía una fijación absurda con el protagonista), en estos tres años nuestra relación mejoró. Bastante.

— Hermano… ¿recuerdas el cuento de “Las mil patas del milpiés”?
— ¿Ese? ¿El que mamá nos contaba de pequeños? Que cada pata representaba una vida, y cuando perdía la última, moría de verdad. La moraleja era algo sobre como apreciar la vida.

Y entonces lo comprendí.
Recordé el día que llegué.
Las veces que el sistema me devolvió.
Las notificaciones que siempre ignoré por lo ridículas que sonaban.



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En el texto hay: referencias, magia, ficcion

Editado: 30.08.2025

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