-Entonces Sr. Miller, eso fue lo que pasó con los niños –La señora regordeta sentada detrás del escritorio, con su bufanda impecable y un broche que no hacia juego con la misma, tenía como veinte minutos explicando como un niño de seis años mordió tanto a otro que creen que tendrán que cocerle unas puntadas. El padre que está escuchando esto trata de entender con la mirada perdida, cómo un niño tranquilo hasta el momento, tuvo la fuerza para hacer algo así –¿Sr. Miller, me está escuchando? –Enuncia la directora en tono cansado.
-¡Si! Disculpe, es que estaba internalizando la información, como sabrá Noah nunca ha mostrado una conducta agresiva y estoy un poco sorprendido la verdad ¿les dijo por qué lo hizo?
-Tratamos de hablar con él y la psicóloga también, pero no quiere compartir con nosotros nada, esperábamos que usted en casa pudiera investigar, pero en vista de los daños creemos que es necesario una medida disciplinaria…
-No, digo –Se aclara la garganta –No hay ningún problema, lo entiendo ¿cómo está el otro niño, sus papás?
-No se preocupe, el niño se encuentra un poco asustado obviamente, en cuanto a los padres por conocerlo a usted no decidieron tomar medidas en el asunto… en fin Sr. Miller si necesita nuestra ayuda con esto, podemos brindarle nuestros servicios…
El hombre de gran altura se levanta de su asiento rápidamente, se seca las manos con sus pantalones, aunque estas no estaban sudadas y en forma de despedida estrecha la mano de la directora.
-Lo agradezco, pero yo me encargo, cualquier cosa les hago saber y gracias por informarme.
Sale de la oficina administrativa y se encuentra con esos ojos verdosos tan parecidos a los suyos. Su hijo no era un niño violento, tanto por su temperamento como porque no lo ha criado así. Aun no entendía por qué hizo eso, pero una vez más se daba cuenta que este iba cambiando y él tenía que enfrentarse a nuevos retos. –En silencio hacia el auto, hablamos en casa –Toma la mochila del infante y este solo asiente y se dirige con pasos desganados hacia el auto de su padre.
Mientras iban avanzado escuchó como una voz femenina lo llamaba desde lejos. Ambos se giran para ver quien llamaba al mayor. Viene corriendo detrás de ellos la orientadora del centro, una mujer de treinta y tantos, con el pelo trenzado al lado, unas gafas de pasta gruesa, una falda larga de flores con una camisa blanca, un estilo un tanto desaliñado para alguien que corrige la uniformidad de los estudiantes.
- ¡Sr. Miller espere! –Se ajusta sus gafas cuando llega delante de él – ¿Puedo comentarle algo, a solas?
El pequeño Noah no esperó que le indicaran nada, él entendía cómo debía actuar a su corta edad y se dirigió al auto mientras su padre se quedaba a escuchar a la psicóloga. Por esta misma forma de ser es que a su padre le sorprendía su forma de actuar hoy.
-Si dígame.
-Verá, he estado trabajando el caso de su hijo –Fue interrumpida.
- ¿Disculpe? ¿Qué caso? La escuela no me ha notificado ningún inconveniente con Noah, si había un problema por qué no se me notificó…
La mujer empieza a agitar sus brazos en negación, frenando el enojo del hombre que tenia de frente. Enzo Miller era una persona tranquila, calculadora y organizada, pero es cierto que no le gustaba no tener información de las cosas. La sensación de incertidumbre que ocasiona el no saber la respuesta de algo es una situación que no tolera.
-Disculpe si no me expresé bien, no ha ocurrido nada es solo… --Coloca un tono de duda en si decir lo que está a punto de decir, el Sr. Miller solo le sostiene la mirada incitándola a hablar –Me refiero que he observado a su hijo y solo es mi conjetura, pero en esta etapa es muy importante la presencia de una …pues…figura materna.
- ¿Perdón? –Acaso está escuchando lo que cree que está escuchando, esta mujer se atreve a sacar este tema así casual.
-No me malinterprete Sr. Miller, entiendo sus circunstancias, solo quiero hacerle saber, que los niños mientras van creciendo buscan mucho una figura materna y como usted es pues… viudo, es probable que los cambios en su conducta se deban a la falta de una madre, yo estaría dispuesta a ayudarle si usted…
-Señorita Copper, gracias por la información, pero no le permitiré que siga opinando sobre este tema. –Señor no era mi intención. –Lo sé, usted solo hace su trabajo, pero conozco a mis hijos y sé cómo son, llevo cuatros años criándolos yo y nunca le ha faltado nada, ahora no será la excepción, que pasé feliz día.
Con pasos pesados y acelerados el Sr. Miller sale hacia su auto, en donde su hijo ve la escena sin imaginar de qué hablan los adultos. Entra al auto y, con ambas manos en el volante, intenta calmar el nudo que le oprime la garganta. En silencio se dirige hacia su hogar, se siente cansado ¿qué necesitan una madre? Acaso cree que no lo sabe, pero con qué derecho lo dice ¿Acaso es su culpa haber perdido el amor de su vida? Aún recuerdo como el tercer día más feliz de su vida, el nacimiento de su hija, también se convirtió en el más infeliz. Como las enfermeras corrían y me sacaban a empujones de la sala mientras ella perdía su aliento. Desde ese entonces Enzo Miller se centró de lleno en la crianza de sus hijos, su trabajo y actividades las organiza para encajar con el horario de sus hijos o la mayoría de su trabajo de investigación, asesoramiento y clases lo hacía desde su casa, ya que es maestro e investigador de física; no fue hasta los últimos meses donde decidió volver a impartir clases de forma presencial en la universidad ya que los niños pasaban gran parte del día en la escuela.
Editado: 06.02.2026