Pov Enzo
Vengo de una familia de artistas. Mi padre es compositor y director de orquesta; mi madre, una pintora talentosa. Crecí entre partituras, lienzos y cambios impredecibles de humor creativo. Para muchos, vivir con ellos era un sueño; para mí, era un caos constante que nunca lograba anticipar. Supongo que por eso me aferré tan temprano al orden, al control, a los hechos medibles. La física no improvisa, la física responde. Y eso me tranquilizaba.
Especialmente me gusta la tercera ley de Newton ¨toda fuerza de acción tiene una fuerza de reacción, de igual magnitud, pero en sentido contrario¨, en la vida me enseño que todo lo que haga tiene un efecto que se me devuelve, es simple, pero funciona.
Luego llegó ella.
Con mi esposa el orden dejó de ser una necesidad defensiva y se convirtió en algo natural. No organizaba mi vida con rigidez; simplemente encajaba. Como si todas las variables hubieran encontrado por fin una constante estable. Durante años dejé de pensar en términos de control porque, por primera vez, confiaba en que el mundo no iba a desmoronarse si yo soltaba un poco las riendas.
Pero el mundo sí se desmoronó.
Y desde entonces, cada decisión que implique confiar en alguien más vuelve a sentirse como un experimento mal planteado: demasiadas variables externas, demasiado margen de error. Por eso debería resultarme absurdo estar aquí, colocando una taza de café frente a mi vecina, orientadora de mis hijos y ahora… ¿cuidadora?
Desde que nos subimos al coche y al llegar a casa no intercambiamos palabras, solo con Noah. Ella se la pasó apuntando cosas en su libreta hasta que ya nos encontramos frente a frente, y sinceramente no sé qué decir.
En qué estabas pensando Enzo
¿cómo se me ocurre pensar que puede llevar a mis hijos?
Una semana llevo interactuando con ella como para confiarle a mis hijos, pero un impulso desconocido me llevó a pensar que no era una mala idea. Durante este tiempo se ha quedado con ellos, aunque no tiene por qué, Noah no para de hablar en casa de lo divertido que es visitar su oficina y Sophia se muestra muy cómoda a su lado, crearon un vínculo absurdamente fuerte y me incomoda no saber por qué no me negué de inmediato.
¿Estás seguro?
Lo estoy.
—Señor Enzo—me llama.
—¿Si?
—Creo que deberíamos hablar detalladamente lo de hace un rato—se acomoda un mechón de pelo color miel detrás de su oreja—. Si me llevo a los niños ¿Dónde los dejaré? ¿Quiere que me quede con ellos en mi casa? —su tono es suave y por alguna razón me estresa en este momento.
—No, no tranquila, le pediré a la señora Gilbert del piso de abajo que se quede con ellos, los ha cuidado en otras ocaciones.
Me froto el puente de la nariz soltando un suspiro.
—Gabriela, esto es una estupidez—suelto al fin—Esto no debió suceder desde un inicio, te acabas de mudar y esto objetivamente no tiene sentido ni para ti ni para mí, olvidemos esto ¿Si?
La miro y sus ojos se expanden con sorpresa, pero su expresión no logró descifrarla del todo, no sé si es sorpresa o decepción. Dura unos segundos en silencio, puedo notar como intenta organizar todo en su pequeña cabeza.
—Tengo una pregunta ¿Puedo hacerla?
—¿Esa es la pregunta? —sonrío un poco a lo que ella hace lo mismo y rueda los ojos, asiento.
—¿Por qué ha estado llegando tan tarde estos días? Tuve curiosidad y le pregunté a la maestra Williams y dijo que no es algo habitual en usted.
Dice sus palabras con cautela como quien no quiere sonar irrespetuosa o que cruzó la línea, pero está en su derecho en averiguar eso como orientadora de los niños.
—Ha sido un mes inusual, no sé si sabes que soy docente e investigador en la universidad, solo tomaba algunas materias y la mayoría en línea. La universidad me consideró mucho cuando perdí a mi esposa…
Por un momento todos esos recuerdos se desbordan, mi pecho se calienta de una forma que duele como el primer día. Nunca hablo de mi esposa y aquí estoy hablando con una desconocida—ubico los ojos marrones que me miran con paciencia, sin pena, solo dándome tiempo.
Carraspeo para aligerar mi garganta.
—El punto es que retomé una carga completa y una investigación, no podía seguir aplazando mi reingreso—me siento en el sofá delante de ella—. Estamos en fecha límite para entregar los primeros resultados, fecha de evaluación de parciales, todo…todo se me fue un poco de las manos.
No dice nada, su expresión es neutral, amable pero no me deja saber nada más.
—Lo siento—me pongo de pie—no tienes que hacerte responsable por esto, te agradezco lo que hiciste esta semana, pero…
—¡Lo haré! —se levanta.
Corta mis palabras y me sorprendo por el repentino todo de voz. Enarco una ceja en su dirección ¿Qué quiere decir?
—Si usted lo permite puedo hacerme cargo de los niños, de traerlos y dejarlos con la señora ¿Gilbert era? —frota sus manos en sus pantalones.
No sé bien que decir.
Editado: 15.02.2026