Pov Enzo
Estamos en la sala del hospital esperando que lleguen los familiares de la señora Gilbert. La situación está más calmada, Noah está a mi lado viendo no sé qué cosa en mi celular y a su lado está Gabriela cargando a mi hija.
Poso mi mirada en ambas, mi pequeña descansa en sus brazos con total naturalidad, como si le pertenecieran, está jugando con uno de los risos color miel que se escapan de la melena de la mujer a mi lado.
Subo la mirada y me poso en su rostro, está totalmente limpio, sin el ligero maquillaje que usa para ir a trabajar, sus rizos están más alborotados que de costumbre, sus largas pestañas descansan sobre sus ojos cerrados y…
—¡Oh Enzo! ¡Dios te bendiga! Mi mamá está viva gracias a ti.
La voz de una mujer me desconecta totalmente de lo que estaba haciendo—¿Qué hacías Enzo? —Al ubicar a la mujer noto que es Emma la hija de la señora Gilbert, me coloco en pie y esta no duda en darme un abrazo.
—Está bien no es nada—doy palmaditas en el hombro de la mujer que suelta un ligero sollozo.
—Estaré toda la vida en deuda contigo—toma distancia para mirarme.
—Te lo agradezco, pero con quien tienes que estar en deuda es con mi vecina, Gabriela—abro paso para que vea a la joven a mi lado.
Gabriela se levanta con Sophia aun en brazos y alza una mano para saludar a la mujer.
—Un gusto, Gabriela, vivo en el mismo edificio.
—Los niños la buscaron y ella hizo los primeros auxilios, aparte de llamar a la ambulancia, así que con quien tienes que estar agradecida es ella, yo no hice nada.
—¡Oh Dios! ¡Gracias Querida! —ahora abraza a Gabriela, la cual hace una especie de mueca al intentar no incomodar a Sophia, me causa gracia.
—No es nada ¿Se encuentra bien la señora Gilbert?
—Ya se encuentra fuera de peligro, tengo que reunirme con el doctor para los detalles…
—¿Familiar de la señora Gilbert?
Todos miramos hacia donde la enfermera que llamaba.
—¡Soy yo! —responde y vuelve a mirarnos—Me tengo que retirar, pero enserio no tengo palabras para agradecerles, nos vemos luego.
Miro mi reloj.
Las 11:52 PM.
Demasiado tarde para los niños, Sophia está dormida y Noah apenas puede estar con los ojos abiertos. Me dirijo hacia donde él y le quito el celular que casi se cae de su mano y lo cargo, se aferra a mí de inmediato.
—Ya no hay necesidad de seguir aquí, nosotros vámonos—le indico a Gabriela.
Esta solo asiente y empezamos a andar hacia el vehículo. Mientras andamos me doy cuenta que no se encuentra a mi lado, miro hacia atrás y se encuentra apresurada tratando de alcanzarme, me detengo.
—¿Sucede algo?
—No sé si se ha dado cuenta señor Miller que casi me dobla la altura, un paso suyo son muchos míos y no quiero despertar a Sophia—el frio de la noche hace que sus mejillas y labios se sonrojen.
—Discúlpame…es la costumbre… —carraspeo y desvió rápidamente la vista
Enserio ¿Qué sucede contigo?
Tomando eso en cuenta empecé a andar más lento, a su ritmo y eso de alguna manera se sintió extraño. Todo lo que ha sucedido en pocas horas ha sido extraño. Subimos al auto y empecé a conducir.
En estos cuatro años no he dejado que nadie nuevo se introdujera en nuestras vidas, es cierto que me volví desconfiado, pero es por seguridad. Aferrarse a algo y luego perderlo no es algo a lo que estoy nuevamente dispuesto a pasar, y mis hijos me necesitan estable.
Así que eliminé distracciones. Problemas. Variables.
Control.
Y, sin embargo, en cuestión de semanas me encuentro comprando helado cada jueves, confiando a mis hijos a una desconocida… y preocupado al verla llorar.
Llegamos al departamento, donde horas antes me encontré con una ambulancia y el miedo de que algo malo les haya pasado a mis hijos, pero no fue así. Sí, estaban asustados pero seguros con ella.
Empezamos a subir las escaleras, yo con Noah en brazos y ella con mi pequeña Sophia, ahora andamos al mismo ritmo. Llegados a la puerta empiezo a buscar las llaves, está dentro de mi chaqueta y tener a Noah me dificulta el tomarlas.
—Déjeme ayudarle—con su mano libre busca las llaves en el interior de mi chaqueta, lo consigue y abre la casa.
Entramos, todo está muy oscuro, pero sin encender las luces nos dirigimos hacia las habitaciones. Los niños comparten habitación, aunque Sophia tiene la propia, no le gusta dormir sola. De forma totalmente coordinada nos adentramos a la recamara.
Coloco a Noah en la cama y empiezo a quitarle los zapatos.
Cuando levanto la vista, Gabriela ya está sacándole el jersey a Sophia.
—Princesa, sube los brazos —susurra dulcemente.
Sophia obedece medio dormida.
—¿Quieres ir al baño?
La niña asiente.
Editado: 11.03.2026