POV Gabriela
—Mamá, por última vez, no me interesa el vecino.
No puedo creer que esté discutiendo esto un sábado a las 8:45 de la mañana.
—¡Claro que te interesa! —responde inmediatamente del otro lado del teléfono—. ¡Estás llamando para contarme de él!
Suspiro mientras me dejo caer en la silla de la cocina. Señor cólmame de paciencia, mi mayor paciente con TDAH es mi madre, lo juro. Antes de responder intento suavizar la voz.
—Estoy llamando para contarte que ayer casi se muere una señora y que tuve que hacer primeros auxilios mientras dos niños estaban llorando y un padre estaba entrando en pánico ¿entiendes?
Silencio.
—…¿Y es guapo?
—¡Mamá!—yo me rindo la verdad.
—Bueno, pregunto. Una madre tiene derecho a saber.
Me froto la frente.
—No estamos hablando de eso.
—Entonces hablemos de lo importante. ¿Es alto?
—Sí.
—¿Responsable?
—Sí.
—¿Viudo?
—Mamá, voy a colgar.
—Ay, Gabriela, solo digo que el universo a veces pone cosas en el camino…
—El universo puso a dos niños asustados delante de mí—la interrumpo—. Y un hombre que claramente no está durmiendo lo suficiente y necesita ayuda.
Mi madre guarda silencio unos segundos tras la línea.
—Entonces te importa.
—Me importan los niños—aclaro.
—Ajá.
—Mamá…
—Solo digo que si ese hombre empieza a mirarte raro…
—No me está mirando raro.
—Aún.
Cierro los ojos.
—En serio voy a colgar—empiezo a alejarme el celular de la oreja.
—¡Espera! ¿Cómo están los niños?
Eso me hace suspirar más suave.
—Están bien… solo fue un susto muy grande, hubieras visto a la pequeña Sophia, me partió el alma.
—Entonces haz algo bonito hoy para ellos —dice mi madre—. Después de un susto, la gente necesita recordar que el mundo no es solo miedo, tristeza, ambulancias.
Me quedo pensando unos segundos. La verdad es que es muy buena y me puede servir para hablar con el señor Miller.
—Eso… no es mala idea.
—Claro que no. Yo soy muy sabia—escucho como se ríe luego de decir eso.
—Adiós, mamá. Te quiero.
—¡Y si el vecino sonríe mucho me llamas!
Cuelgo antes de que pueda seguir.
Enserio que la amo, pero la vergüenza que me ha hecho pasar toda la vida por sus comentarios poco oportunos me pasaran facture a la presión arterial.
Dejo la taza de café en el fregadero y me dispongo a idear mi plan para el dia de hoy.
Media hora después me encuentro tocando la puerta del apartamento de los Miller.
No hay respuesta.
Vuelvo a tocar.
Nada, nadie responde. Tomo el pomo de la puerta y para mi sorpresa esta se encuentra sin seguro, qué extraño ¿Y si le pasó algo a los niños? No me detengo a pensarlo mucho.
Simplemente entro y la escena que encuentro una vez adentro es curiosamente normal.
Noah está sentado en la mesa con una taza de leche. Sophia tiene la cara ligeramente manchada de mermelada y está intentando untarla en un pedazo de pan con una concentración admirable.
Y señor Miller…
Él está de pie frente al café, con el cabello un poco desordenado y una expresión que solo puedo describir como la mirada de las mil yardas.
Los niños me ven primero.
—¡Gabriela! —grita Noah.
Sophia se levanta de la silla inmediatamente y corre hacia mí.
—¡Hola princesa! —la atrapo antes de que choque conmigo.
—Viniste —dice Noah, como si fuera una noticia increíble.
—Claro que vine mi caballero ¿me extrañaste? —Noah asiente súper feliz.
Levanto la vista hacia el padre que está totalmente desorientado ante la situación.
—Buenos días, señor Miller—sonrío levemente.
Él hace un gesto como de buscando una explicación.
—¿Buenos días?..
Su voz es tranquila, pero hay algo en su cara que no me gusta. Se ve agotado. Como si no hubiera dormido mucho.
Mis ojos recorren la cocina.
Dos tazas de café.
Una vacía.
Una a medio terminar.
Sí.
Definitivamente no durmió.
—Perdone por entrar así…la puerta se encontraba abierta—señalo hacia la puerta—. Pensé que había pasado algo…lo siento.
Editado: 11.03.2026