POV Gabriela
Los lunes deberían venir con un botón de reinicio o al menos con cinco minutos extra, no sé si es porque sigo cansada de todo lo que corrí el sábado y luego de limpiar el departamento ayer, pero estoy agotadísima y nada lo encuentro ahora que tengo prisa.
—¡Llegaré tarde! —murmuro mientras busco mis llaves por tercera vez en la misma mesa.
Las encuentro justo cuando el reloj decide recordarme que el autobús no tiene paciencia para maestras desorganizadas, bueno las psicólogas ¿por qué no hay un diminutivo para referirse a las psicólogas? Siempre es maestra o doctora, pero nunca…
¡Gabriela enfócate!
Me doy dos palmadas en mi rostro y tomo mi bolso, abro la puerta del apartamento y salgo casi trotando por el pasillo.
Y entonces me detengo.
Enzo Miller está cerrando la puerta de su apartamento mientras Noah intenta ponerse la mochila correctamente y Sophia sostiene un pequeño peluche con cara de sueño.
Nos miramos.
—Buenos días —dice él.
—Buenos días —respondo, acomodándome el cabello con torpeza.
Los niños me ven y la reacción es inmediata.
—¡Gabriela! —dice Noah con entusiasmo.
Sophia levanta la mano y dice su pequeño saludo:
—Hola.
Mi corazón se derrite un poquito al escucharla, poco a poco me empieza a comunicar más cosas.
—Buenos días, caballeros —sonrío—. Princesa.
Bajamos juntos las escaleras del edificio, hasta ahora todo es cordial, tranquilo… normal. Hasta que salimos al estacionamiento ¡Llegó tarde! Empiezo a encaminarme a la salida para ver si alcanzo el bus.
—¿Vas al colegio? —pregunta Enzo.
Cierra los ojos unos segundos, tal vez al reaccionar a la obviedad que acaba de preguntar, me da un poco de gracia,
—Sí… voy a tomar el bus—acomodo mi bulto en el hombro.
Él abre la puerta del auto.
—Puedo llevarte.
Parpadeo, admito que no me esperaba escuchar eso, pero no quisiera traer mal entendidos y aunque otros maestros ya veo que lo hacen, soy nueva y no deseo rumores en el plantel, pues es el padre de dos de mis estudiantes.
—Oh… no, no hace falta…
—Vamos al mismo lugar —dice con calma—. No lo pienses tanto.
Hay algo en la forma en que lo dice. No es insistente, ni incómodo.
Solo… lógico.
Veo mi reloj y estoy totalmente segura que ya perdí el autobús así que deberé tomar un taxi, alzo la vista y me espera, está tranquilo haciéndome notar que la situación no es tan grave a como la pone mi mente.
Noah ya está en el asiento trasero y lo escucho decir.
—¡Sí! ¡Así vamos todos juntos! Es aburrido viajar con papi—una sonrisa cubre su rostro.
Sophia aplaude.
Suspiro, esto fue todo para mandar toda duda a volar, soy débil ante la felicidad de estos niños.
—Está bien—me acerco al auto.
Los niños celebran como si hubiera aceptado una aventura épica, y sin más nos ponemos en marcha. El camino al colegio es sorprendentemente tranquilo, ninguno habla. Noah se queja del tamaño de su mochila, Sophia tararea algo que no logro entender y Enzo conduce con una calma casi sospechosa, veo mi reloj y ambos vamos a llegar tarde, pero parece que eso no le preocupa.
Cuando el colegio aparece frente a nosotros, mi estómago se tensa un poco, porque claro, ocurre un pequeño detalle y es que los profesores están por todas partes. Y yo estoy bajando del auto del señor Miller, un padre.
Maravilloso.
Pero justo cuando estoy pensando en cómo escapar discretamente del vehículo, Noah empieza a protestar.
—¡Papá! ¡La mochila pesa mucho! ¡No creceré de esta manera! —protesta el niño.
Eso me hace reír. Instantáneamente toda mi tensión se rompe.
Enzo mira por el retrovisor.
—Ayuda a tu hermana a bajar primero.
—Sí, rey tirano—pronuncia entre dientes.
—Te escuché—advierte su papá.
Los niños bajan del auto.
Yo también voy a abrir la puerta cuando una mano toma la mía. Alzo la vista y el señor Miller se encuentra tan sorprendido como yo. Me quedo congelada.
Él parece darse cuenta al mismo tiempo y como si evitara una corriente eléctrica suelta inmediatamente mi mano.
Carraspea.
—Cualquier cosa… escríbeme—coloca su mano detrás de su nuca.
Se aclara la garganta.
—Me refiero por los niños—aclara—. Tendré el celular pendiente.
Asiento un poco aturdida.
—Está bien—murmuro.
Bajo del auto y cierro la puerta. El coche se queda unos segundos más… y luego se va.
Editado: 11.03.2026