Territorios Z: Apocalíptico ll

33-Casete: Michael.

—No entiendo, ¿no son así en América? —preguntó Barón mediante su parlante. Estaban por llegar de nuevo con el general De Luque.

—Son muertos vivientes, comandante, ¿por qué mierda desarrollarían algún tipo de conciencia? En Estados Unidos todos los hijos de perra parecen animales sin cerebro y rabiosos. —Fue Jameson quien contestó, a pesar de que había sido Michael quien empezó la discusión—. No se detienen a contemplarnos, no nos acechan, no nos dejan ir cuando nos retiramos.

—Tampoco fue así los primeros días —dijo Barón—. Cuando los misiles llegaron todos parecían perros rabiosos, pero al pasar los días empezaron a ser menos salvajes, hasta que se convirtieron en lo que son ahora. Creí que así fue en América también.

—No me gustaría imaginar cómo se comportan en países como China o India. —Martin tenía la mirada perdida—. O África.

—Si en cada región la bacteria se desarrolló de manera diferente... —En Michael se clavó una duda que lo comenzó a taladrar— puede que la cura no sirva para todo el mundo...

—Una mierda, Mike. —Jameson lo miró con gesto de extrañeza—. Recuerda que la gente de Flamante es inmune a la transformación aquí y en China. A final de cuentas la bacteria principal es la Z, no importa si mutó a algo más después.

—Tendremos que ponerlo a prueba. —Si la cura sólo serviría para Estados Unidos estaban casi igual de jodidos. Por mucho que lograran salvar la nación no podrían hacer nada más que auto sustentarse para siempre. Los demás los verían como unos envidiosos arrogantes que no quisieron compartir la cura... pero ¿quiénes? Si en el mundo no quedaba nadie. Y al parecer los pocos que quedaban estaban bien aislados, como España.

—¿Bacteria? —El parlante de Barón lo regresó a la realidad—. Siempre creímos que era un tipo de virus.

«Cómo se nota que ni siquiera intentaron investigar nada», se dijo Michael mientras intercambiaba miradas con todo su escuadrón. ¿Cómo era posible que no supieran ni que se trataba de una bacteria? Estaban combatiendo a ciegas... o, mejor dicho, sobreviviendo a ciegas. No sabían inclusive a lo que se enfrentaban. «Pero Madrid está mucho mejor restaurado que todo mi país.»

—¿Un virus? —Martin fue quien se adelantó a hablar— ¿Qué carajo han estado haciendo todo este tiempo? —Incluso en su rostro se reflejó un atisbo de furia.

—Sobrevivir.

El camión se detuvo de manera brusca y todos en el interior se sacudieron. Las puertas traseras se abrieron y otro soldado con altavoz los hizo bajar casi de un salto. Se encontraban de nuevo en la base militar y todos a su al rededor se movían de un lado a otro, histéricos. Un altavoz a todo volumen daba ordenes entre gritos, pero ellos no lo entendían.

—¿Qué está pasando? —preguntó Jameson.

—Algo muy malo —respondió Barón, quien hizo señas con las manos y todo su escuadrón se movilizó también—. De Luque quiere verlos.

Los condujeron de nuevo hasta la habitación del general. Tenía el uniforme militar de España puesto y, colgado sobre su hombro, un fusil de asalto camuflado de rojo y amarillo que deslumbraba con cada movimiento con los últimos rayos del sol.

—¿Qué hicieron? —les dijo al verlos entrar—. Hay una movilización de muertos vivientes por toda la frontera de la zona segura. Llevaban casi cinco años sin moverse así, ¿qué hicieron? —repitió.

—Nosotros no hemos hecho nada —fue William quien habló—. ¿Qué está pasando aquí, general? Hay algo que no nos están contando.

—¿Con qué derecho vienen a mi país a interrogarme? —El general se apartó de la pared de cristales que daba a un patio gigante con una fuente en el centro—. Debería encerrarlos y... —Una explosión sacudió todo el lugar, interrumpiendo a De Luque—. ¡Puta madre! A todas las unidades; refuercen el perímetro y manténganme al tanto de la situación —dijo a por su radio.

—¿Ya nos va a contar qué está pasando? —Michael dio un paso al frente, retador.

—Voy a necesitar de su ayuda para defender este lugar. —El general oprimió un botón debajo de su escritorio y una pared a su derecha se abrió para dar paso a una sala iluminada llena de todo tipo de armamento; desde lanzamisiles hasta revólveres, desde granadas cegadoras hasta incendiarias y todo tipo de cuchillos y espadas.

—No nos moveremos hasta que nos diga qué está pasando aquí. —Michael tomó al general del brazo, impidiéndole entrar a su cuarto de armas.

—Podría hacer que le corten la mano por haberme tocado —le dijo como respuesta mientras intentaba zafarse.

—Inténtelo —dijo mientras apretaba con más fuerza. A sus espaldas Jameson, William y Martin ya apuntaban con sus armas. «Lo que ha durado la amistad con Europa», pensó.

—No hay tiempo —gruñó al momento en que daba un tironazo, logrando salir del agarre del sargento—. Les contaré mientras nos preparamos.

—No volveré a repetirlo. —Michael tenía su mano derecha en la empuñadora de su pistola.

—Fue al principio de la pandemia —comenzó a decir el general mientras entraba y comenzaba a tomar munición y armas. Desde su frente y por debajo de la gorra corrían chorros de sudor—. Intentamos crear una cura, algo rápido... algo que ya teníamos preparado desde hace mucho tiempo.

—¿De qué carajo está hablando? —Jameson se movió inquieto.




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