Tevsil

Capítulo 2.

DESSIRÉE:

Convencerme de salir de mi habitación después del incidente de la paloma muerta no fue el problema. Ni siquiera el hecho de que decidí usar un short diminuto de mezclilla, una blusa negra con escote y que, además, estamos infringiendo la ley que el gobernador nos puso años atrás debido a los constantes asesinatos que ocurren en Tevsil.

La parte mala, aquella que me abrumó al grado de sentir jaqueca e hizo sentir automáticamente furiosa a nivel mil, era el hecho de ir al bar/karaoke de Frey donde tendría que enfrentar al idiota de ese chico famoso.

Arlette y Anjelique me observaron como si fuera algún mono de zoológico que usaba un sombrero hecho de bananas. Ambas tenían el ceño fruncido, lucían exasperadas y lo único que las diferenciaba era la pose que tenían. Mientras mi hermana tenía sus brazos cruzados bajo su diminuto pecho, su novia tenía ambas manos en sus caderas y hacía este sonido estresante con su chicle que cada rato inflaba y lo tronaba.

—Ya les dije. ¡Vayan adentro! Ahorita las alcanzo —dije por tercera vez, rogando al cielo que me dejaran sola para regresarme corriendo a mi casa pues, a diferencia de ellas, yo sí tenía mucho miedo. Pero me conocían, era tan transparente que podían adivinar mi siguiente movimiento y me odiaba por eso.

Estaba claro que el agua, los cristales y yo éramos mejores amigos. Después de todo las mentiras no se llevaban bien conmigo.

—En tus sueños, Ziggybú. —Su tono era meloso, pero demandante. Le regalé una sonrisa completa donde incluso le mostraba mis dientes, pero ella ni se inmutó. Suspiré en completa rendición—. Así me gusta, hermanis. ¡Ahora ven! Te prometo que la pasarás de lujo.

Oh claro que me la iba a pasar de lujo. Iba tener un maldito lujo catastrófico lleno de amargura. El hecho de que Eren hubiese actuado de manera tan grosera conmigo todavía me hormigueaba de mala manera la piel. Fue un accidente, nunca quise arruinar su ropa. Simplemente pisé por accidente el cordón de mi zapato y él resultó estar caminando por un lado con sus amigos en el momento exacto que sucedió el trastabillo. Si hubiera querido que fuera intencional simplemente me habría acercado a su pequeña y descarada persona y hubiese vertido toda la bebida en ese cabello de petróleo que posee.

¡Pero no! Fue un accidente, algo que no pude controlar.

Inhalé demasiado profundo y pude sentir mis pulmones expandirse más de lo normal. Después exhalé super fuerte que me fue inevitable no compararme con un globo siendo desinflado, como los de helio.

Mordí mi labio inferior, fruncí mi ceño y caminé tras ellas.

Me habían derrotado con demasiada facilidad.

«El problema es que te dejas someter con mucha facilidad, chica».

La voz intrusiva en mi cabeza tenía razón y eso me embravecía mucho.

El lugar estaba atascadísimo de humanos. A duras penas podía caminar al centro cuando un puñado de ellos interceptaron mi camino, bloqueándome por completo y alejándome de mi compañía. Anjelique y Arlette siguieron caminando sin mí sin siquiera notar que ya no las seguía y un dejo de burbujas de pánico revolotearon en mi pecho.

Estar en espacios abiertos, especialmente con mucha gente, me ponían nerviosa. Era más del tipo de personas aisladas, aquellas que les iba perfecto el “prefiero quedarme en casa” porque allí no tenía que preocuparme que me tocaran el trasero o que me robaran el teléfono. Además, en mi habitación no hacía un calor como aquí. O sea, en serio, ¿acaso el calentamiento global estaba golpeando ese lugar ipso facto? Era pleno octubre, bueno, siempre era octubre, un mes super frío aquí en Tevsil y hacia un calor de muerte. Me sentía derretir.

A como pude logré llegar a una pequeña barra donde vendían jugos exóticos. Y por exóticos me refería a los que tenían como ingrediente especial el licor. Como las piñas coladas, esa bebida mexicana que básicamente tenía jugo de piña con vodka. Aunque también vendían margaritas, cerveza, whiskey, ron, tequila, soda con tequila y otras que nunca había escuchado o conocido. Opté por comprarme una piña colada pues esa fruta era mi favorita.

El barman me entregó mi bebida, me dijo el precio y pagué con los billetes que papá me daba cuando visitaba la casa de tanto en tanto. Él era un hombre muy ocupado que a duras penas veía una vez por semana pues se dedicaba a la cacería fuera de la ciudad. ¿Cacería de qué exactamente? No lo sabía. Lo único que conocía de su trabajo, y eso porque muchas veces me había escabullido al sótano prohibido que teníamos en casa, era que trabajaba con muchas estacas con puntas filosas, cosas de plata pura y pistolas o rifles demasiado espantosos.

Mamá decía que eran para nuestra protección y de los ciudadanos, más sin embargo no entendía bien su significado. ¿Cómo era que artefactos de ese tipo nos iban a proteger? ¡Si en Tevsil cada noche morían personas! Ya era costumbre y ni la policía lograba hacer algo al respecto. Entonces, ¿por qué mi papá sí? ¿Qué tenía de especial mi padre? Esa era otra de las tantas cosas que eran un misterio para mí.

Odiaba sentirme ignorante, pero tampoco era como si pudiese hacer algo al respecto. Por más que preguntaba cosas nadie me respondía. Y el internet no era una fuente confiable. ¿La biblioteca de mi ciudad? No dejaban entrar a personas de dieciocho años como yo, solo adultos mayores de treinta. Dime tú si eso no resultaba suficientemente raro.




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