Tevsil

Capítulo 3.

DESSIRÉE:

—¡Oye! ¡¿Dónde piñas andabas! Estuvimos buscándote como locas por todo el lugar, Dess —reclamó Anjelique, asustándome. Jugueteé con el lóbulo de mi oreja, era una especie de tic nervioso que lograba distraerme y no caer en crisis.

—Yo… Eh… Las perdí de vista porque fui a comprar una piña colada.

Los ojos de mi hermana se abrieron en terror.

—Ay, por favor dime que no estás borracha. —Negué y ella resopló en alivio. Arlette, en cambio, se giró a otra dirección y carcajeó muy a mudas—. Mamá me fusilaría si se entera que su bebé está en licorlandia.

—Estoy bien, Anje. ¡Ni siquiera me lo terminé!

Anjelique continuó hablando, hablando y hablando tontería y media de la cual ni siquiera presté atención. Mis orejas y pensamientos estaban completamente en Escape The Dark, en la magia que hicieron al dar su mini concierto. Estaba mesmerizada por esa banda y ni siquiera era fan de ese género tan escandaloso. Aun así, algo muy dentro de mí me decía que sería mi favorito de aquí en adelante. Y no, no era porque estaban guapísimos, bueno, un poco por eso también. Pero ese no era el punto.

Ambas chicas me dijeron que me quedara en mi lugar y que no se me ocurriera moverme a ninguna parte. Pregunté las razones y ellas dijeron que andaban orinándose. Torcí los ojos, siseé un poco, pero les prometí quedarme pegada como una goma de chicle. Las vi, una vez más, perderse entre la multitud. Mi atención fue completamente al escenario para deleitarme la pupila con esos chicos, pero ya no los vi. Fruncí mi entrecejo. ¿Tan rápido habían terminado? ¡Pero si solo fue una canción! ¿Quién demonios solo toca una mísera canción?

Alguien pinchar mi espalda me hizo brincar y colocarme en pose de ninja. Eran ellos.

—¡Hey! Tú debes ser la chica que le arruinó la camisa a esta princesa gótica —dijo un chico con evidente sorna mientras apuntaba a Eren. Tenía el cabello al color de una avellana, sus ojos eran verdes, lucían amigables al igual que su sonrisa. Le regalé una tensa.

Un chico rubio detrás de él carcajeó fuerte.

—Es un poco nena con su ropa —agregó el dichoso rubio y tuve que morderme el labio inferior para no reír fuerte. Sin embargo, terminé haciéndolo al igual que el chico de cabello castaño. Eren solo gruñó como un perro y eso lo hizo aún más cómico.

—Puedo escucharlos, cabrones —escupió con evidente irritación. Sus ojos oscuros me acribillaron.

—Awwwww, ¡el princesito gótico se enojó!

El ultimo chico se mofó. Lo reconocí porque él estaba cantando con Eren en el escenario. Era el vocalista. Su cabello era de un azabache demasiado oscuro, más oscuro que del propio Eren y tenía ojos azules demasiado glaciales.

—Llámenme una vez más así y mi rodilla terminará en sus bolas.

—¡Oh! Princesa gótica odia que lo molesten, ¿eh?

Ahora fui yo la que soltó la broma. Sus ojos tormentosos me observaron con evidente cabreo. Una pizca de nervios subió desde mis deditos del pie hasta mi columna. Lo disimulé. Me los tragué.

Eren hizo un movimiento rápido que captó mi atención. Él sacó mi celular de su chamarra y toda burla se drenó de mi rostro. Gruñí.

—¿Decías, nenita torpe? —Una sonrisa vil apareció en sus labios—. Creo que no te escucho, bebé. Habla más fuerte.

—¡No me llames bebé! —gruñí. Los miembros de ETD soltaron la risota y corrieron lejos como unos cobardes, dejándome a solas con ese maniático guapo que ansiaba dejar sin boca ni ojos—. ¡Y dame mi celular maldito Swiper!

Bueno, tal vez compararlo con Swiper de Dora la Exploradora no era una idea tan brillante de mi parte, eso definitivamente pude notarlo en sus ojos y estos, para mi desgracia, se oscurecieron en rabia mostrando una fascie demasiado terrorífica, dominante. Tragué saliva.

Jé. ¡Hola, dios! Soy yo de nuevo. Mira, no sé si existas, pero ayúdame, ¿no? Como que no me apetece morir en manos de este loco.

—¿Swiper? ¿Es neta? Vaya, pensé que solo eras torpe y resulta que eres una freak que aun mira Nickelodeon. ¡Ja! Esto es tan refrescante —dijo, pero luego cayó en cuenta de lo que le había dicho. Sus mejillas tomaron un tinte rojizo, no de nerviosismo, sino de rabia. Pura y bonita rabia—. ¡Hey! ¡No soy un zorro ratero!

—Lo eres. ¡Zorro ratero! ¡Y loco! Dame mi teléfono, ¿quieres?

—No. —Volvió a meter mi celular en su chamarra—. Al menos que…

—Al menos que, ¿qué?

—Al menos que te quedes a jugar a la botella con nosotros.

Un tic apareció en mi ojo izquierdo. Eren debía estar bromeando.

—Y si no…

—Si no espero que tengas una buena excusa para contarle a tus padres sobre tu celular porque dudo que se tomen la molestia de comprarte otro.

Una cachetada imaginaria, eso sentí ante sus palabras.

—¡Eres un bruto!

Alcé la mano para cachetearlo, pero él la detuvo con demasiada fuerza. Una sobrenatural que casi me rompe los dedos. Él notó la fuerza que empleó y suavizó un poco su agarre, pero ni así me soltó.




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