CAPÍTULO 2 — 1921
Un año después, en 1921, el niño dio un paso más allá. Rompió todos sus juguetes, no por destrucción, sino porque vio en ellos materiales, piezas y mecanismos que podían servir para algo mucho más grande. Con todo lo que recuperó, construyó un artefacto que nadie habría podido imaginar: un dispositivo capaz de controlar los electrones que flotan en el aire. Con él, podía levantar objetos de cualquier peso y tamaño con absoluta facilidad, sin tocarlos, sin esfuerzo, simplemente usando la energía que estaba presente en todo lo que los rodeaba.
Las pruebas que se le realizaron esta vez arrojaron algo que dejó a todos asombrados: su coeficiente intelectual había alcanzado los 2000. Su mente avanzaba a una velocidad que no tenía comparación, aprendiendo, comprendiendo y creciendo cada día más rápido que el anterior.
El mundo se dividió frente a él. Algunos sentían miedo: veían ese poder y esa inteligencia sin precedentes y temían lo que podría llegar a hacer. ¿Qué pasaría si alguien tan poderoso decidiera usar su fuerza para dañar? Pero otros, en cambio, miraban con esperanza. Veían en él algo que el mundo necesitaba desesperadamente. Para unos era una amenaza; para otros, la salvación. Y nadie sabía todavía quién tenía razón.