Texnolollir

5/. Año 1922

CAPÍTULO 5 — AÑO 1922
En 1922, con tan solo dos años de edad, su coeficiente intelectual alcanzó los 5000. Su desarrollo cerebral había llegado a un nivel sin precedentes. Un niño tan pequeño, y sin embargo, gobernaba el mundo entero. La única ley que quedó en pie fue la que él estableció, dejando bien claro que el mundo tenía adelante a alguien capaz de controlarlo todo por sí solo, sin ayuda de nadie.
Con su tecnología, controló la economía y las leyes, concentrando todo el poder en una sola persona. Un ejército y hordas de máquinas vigilaban y sostenían el mundo entero. Nadie se atrevía a oponerse, pero no era por miedo al maltrato: él había sido muy claro. Nadie sufría hambre. Todos tenían lo necesario. La educación mejoró radicalmente: en las escuelas era obligatorio aprender finanzas, economía de primera clase, matemáticas, geometría, lectura y expresión correcta. El mundo entero estaba agradecido.
Sin embargo, había quienes querían deshacerse de él. No porque vivieran mal, sino porque no les gustaba que todo funcionara tan bien sin ellos. Pero ¿cómo destruir a alguien que poseía una tecnología fuera de la comprensión de cualquier ser humano? El mundo poco a poco se adaptó a su presencia.
Pasaron los años. Cuando cumplió veinte años, su inteligencia había alcanzado algo que nadie creía posible: un coeficiente intelectual infinito. Ya no se limitó a ayudar con el hambre o mejorar la vida cotidiana. Modificó completamente su propio cuerpo. Ya no era humano. Se había transformado en una forma de vida tecnológica diferente, una tecnología tan avanzada que podía convertirse en luz.
Pero no solo pensaba en poder y en grandeza. Pensaba también en su hija, a quien cuidaba y protegía con su propia vida, por encima de todo lo demás.
La gente hacía peticiones, algunos intentaron revocarlo y quitarle el mando. Pero el intento fue en vano: él había colocado un chip en cada ser humano, creado por su propia mano, y gracias a eso controlaba a todos. El mundo entero se transformó en una máquina. El planeta ya no era simplemente un planeta: se convirtió en una nave espacial.
Su inteligencia seguía mejorando sin descanso. Creaba más máquinas, rompía leyes que se creían inquebrantables. Y al romper esas leyes, algo sucedió: seres considerados divinos vinieron a buscarlo. Seres que vivían más allá del espacio y del tiempo, que le dijeron:
— Acabaste de romper las leyes del espacio y tiempo, y las leyes de la creación. Hemos venido a ponerte un freno. Entrégate por las buenas y nada te pasará.
Pero él no se entregó. Simplemente tomó todo su arsenal. Y comenzó la batalla. Desde el cielo llovían cuerpos de seres divinos. Hordas tras hordas descendieron para detenerlo, pero nada funcionó. El resultado fue que todos esos seres divinos se extinguieron. La batalla duró exactamente un año entero. Y mientras todo eso sucedía, el mundo, controlado por su tecnología, seguía funcionando... pero todos temían por sus vidas, sabiendo que quien los gobernaba acababa de destruir a dioses.




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