CAPÍTULO 7 — MUNDOS PARALELOS
Realidad Paralela N.º 4
Llegó a un multiverso que estaba completamente destruido. Analizó cada rincón, cada estrella, cada planeta, y descubrió algo aterrador: apenas quedaba el 0,1% de vida inteligente. El propio multiverso había cobrado conciencia propia y, por razones que nadie entendía, había borrado toda la vida existente, excepto un solo lugar. En un pequeño planeta, unas pocas razas habían logrado evolucionar de tal manera que se volvieron indestructibles, capaces de subsistir incluso en aquel vacío desolado.
Él se acercó y les ofreció su ayuda. Ellos lo escucharon, pero no aceptaron de inmediato. No desconfiaban, simplemente querían comprobar si su intención era sincera. Entonces él les demostró de qué era capaz. Trabajó con ellos, restauró lo que había sido perdido, y hizo que aquel multiverso volviera a ser completamente normal. Y así se ganó no solo la gratitud, sino la amistad de un ejército entero, un grupo de seres leales que lo seguirían hasta los confines del mundo. Gracias a él, pudieron prosperar; sin su ayuda, habrían muerto de hambre y desaparecido para siempre.
Realidad Paralela N.º 5
En esta realidad, lo más cercano a seres inteligentes eran seres extraordinarios: estaban acostumbrados a romper la realidad a su antojo, sin esfuerzo, sin límites. Antes de atacarlos, él hizo algo que nadie habría esperado: se hizo invisible a sus ojos. Se quedó observándolos, estudiándolos, y durante un año entero aprendió de ellos. Al final, cuando decidió revelarse y atacar, lo hizo con una comprensión que nadie igualaba: sabía cómo manipular la realidad misma.
Sin embargo, esta vez no todo salió bien. No pudo arreglar aquel multiverso. La corrupción era demasiado profunda. Nadie quería su salvación, y los pocos que sí la querían estaban siendo controlados por los demás. Así que no le quedó otra opción más que destruirlo todo. Solo pudo rescatar y ayudar a un grupo muy pequeño de seres que aún conservaban su libertad.