CAPÍTULO 8 — MULTIVERSO 6
— Señor, ¿hacia dónde vamos?
— Vamos hacia otra dimensión paralela —respondió Texnolollir—. Vamos a ver qué podemos hacer. Si se dejan ayudar, los ayudaremos. A los que no se dejen... los borraremos.
— Pensábamos que usted era un ser lleno de bondad.
— Ahí es donde te equivocas —dijo Texnolollir con voz firme—. Yo solo busco mejorar todo, como debe ser. Aunque te sorprenda, hay muchos seres a los que no les gusta que todo salga bien. Un mundo sin conflictos, sin problemas, sin hambre... hay a quienes eso les molesta. Seres con ese tipo de caprichos no merecen estar con vida.
— No lo entiendo, señor... solo estaba preguntando.
— Sí, como sea. Estén atentos a mis órdenes. Voy a solicitarles que se muevan rápido. Espero que este multiverso acepte nuestra ayuda.
— Sí, señor.
En aquel lugar se encontraron con que múltiples razas dominaban y oprimían a las demás. Eso no le gustó nada. Vio abusos, esclavitud, falta de libertad. Entonces tomó una decisión: envió a una parte de su ejército, armado con tecnología propia, para destruir a los líderes que causaban todo el mal, mientras él mismo se encargaba del ejército que intentaba impedir que llegaran hasta los jefes. Lo que a él le habría tomado años, su ejército lo hizo en cuestión de días. El multiverso fue liberado, y las razas oprimidas le agradecieron profundamente.
Entonces les pidió que le mostraran todos los avances tecnológicos que tenían. Una raza le mostró algo extraordinario: una estrella que era en realidad un arma masiva, capaz de destruir y eliminar a cualquier ser, sin importar qué tan resistente fuera. Le entregaron los planos, y él, como siempre, los modificó y mejoró.
— Señor, ¿por qué quiere tantas armas? ¿No son suficientes las que tenemos?
— Claro que no —respondió Texnolollir—. Uno nunca sabe. Quizás algún día me tope con un enemigo al que no pueda hacerle frente. Déjame contarte algo: desde que viajo por realidades alternas, he sentido la presencia de un ser inmensamente poderoso. Detecté que está en una realidad muy lejana. Su poder y su presencia son algo que no había sentido antes. Prefiero ir paso a paso, armándome poco a poco, hasta que me lo encuentre.
— Pero señor... si ese ser es tan poderoso como cree, ¿no sería mejor evitarlo?
— No. Por nada del mundo. Quizás no llegue a conocerlo, o quizás tengamos que pelear. Según mis cálculos, está en el Multiverso 101. Todavía me falta mucho viaje para llegar hasta él.
— Como usted diga, señor. Usted sabrá lo que hace. De todos modos... tenga cuidado.
— Jajaja. Sí, sí, como digas. No hay mucho de qué preocuparse. No hay nada que yo no pueda hacer.
En ese momento se acercaron con más aparatos.
— Señor, le trajimos unos aparatos más.
— Muéstrenmela. Quiero ver esa tecnología.
El primer aparato era un arma capaz de apagar cualquier tipo de tecnología con solo apretar el gatillo. Pero la segunda creación era diferente: no era simplemente un objeto, creaba vida. Vida mecánica, mejorada. Y gracias a ese artefacto, creó a un ser al que llamó Perfección. Un ser tan poderoso que era capaz de destruir todas las realidades con tan solo pensarlo.